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Mensajes de hospitalidad contra la intolerancia

Bajo la puerta del centro para menores migrantes en Sevilla al que se oponen los vecinos ha aparecido una nota de bienvenida que desafía su hostilidad

Mensaje que ha aparecido en el interior de un futuro centro para menores migrantes en Sevilla.
Mensaje que ha aparecido en el interior de un futuro centro para menores migrantes en Sevilla.

“No escuches más las voces del odio. Niños migrantes BIENVENIDOS a Sevilla”. Es el mensaje que alguien coló bajo la puerta de la casa número 8 de la calle Los Polancos, en el centro de Sevilla, que en pocos días acogerá un centro para menores migrantes no acompañados de la Junta de Andalucía. Un anónimo lleno de esperanza para aplacar las voces contrarias a su apertura que esta semana han levantado los vecinos de varias asociaciones del distrito Macarena, a las que se ha sumado Vox.

La vivienda, un chalé adosado de dos plantas y garaje recién reformado, va a recibir en pocos días a un total de 25 jóvenes de entre 16 y 17 años que tienen un proyecto laboral o de estudios para poder integrarse cuando cumplan la mayoría de edad, explican desde la Consejería de Igualdad. El centro estará gestionado por la Fundación SAMU a través de una subcontrata de la Junta.

Los vecinos no se fían y están convencidos de que su estancia atraerá más delincuencia al barrio. Las distintas asociaciones se quejan de que en el distrito se concentran la mayoría de centros asistenciales de la ciudad y reclaman una mayor dispersión. “¿Por qué no se los llevan a los Remedios?”, se quejaba el lunes una residente, refiriéndose a uno de los barrios más adinerados de Sevilla. En sus argumentos se mezclan conceptos como la inseguridad y la migración, generando un caldo de cultivo perfecto para abonar el rechazo a los centros de menores.

Las asociaciones de vecinos Miraflores-Trinidad, de comerciantes de La Macarena, San Luis-Pumarejo, San Marcos y Moravia-San Julián han convocado para el próximo lunes una manifestación desde la calle Los Polancos hasta el Parlamento de Andalucía (no muy lejos de allí) en protesta por la concentración de centros asistenciales en la zona. “Ante las acusaciones de grupos extremistas, de racismo, xenofobia y aporofobia, queremos hacer constar que La Macarena no puede con más Centros Sociales en su entorno, sean del tipo que sean, pues provocan el ya acuciado efecto llamada, lo que está llevando a que no se esté atendiendo bien, debido a la masificación, a estas personas, tengan la patología que tengan y sean o no menores.”, dicen en su comunicado. Aseguran que su rechazo no va contra “estas personas”, sino contras las instituciones públicas “que están permitiendo la degradación de las personas y el barrio, creando situaciones de inestabilidad vecinal”.

“Las movilizaciones vecinales serán continuas, hasta que no obtengamos una respuesta satisfactoria a nuestras legítimas pretensiones”. Así termina su nota. Un ultimátum que contrasta con la nota de bienvenida que otro residente anónimo, menos beligerante, ha colado bajo la puerta del futuro centro para menores migrantes. La calle Los Polancos está vacía con el sol del mediodía dando de pleno. Los pocos viandantes que se refugian en las zonas de sombra desconocen el destino del chalé encalado y de aspecto moderno, que contrasta con los clásicos edificios de albero que lo circundan. Muchos también ignoran la animadversión de algunos de sus convecinos. “No creo que sea para tanto, no se puede generalizar y, en todo caso, habrá que darles el beneficio de la duda”, dice Laura González mientras sujeta la correa de su perro.

Las asociaciones que protestan ya lograron paralizar en septiembre la apertura por parte de Cruz Roja de otro centro de inmigrantes a pocos metros de donde se va a instalar el de los menores. Entonces, también apelaron a la inseguridad, la insalubridad y a la aglomeración de comedores y centros de día en la zona. Entonces el Ayuntamiento intercedió y logró suspender la inauguración, apelando a la alarma social. Hoy esperan tener la misma capacidad de presión. La Junta está decidida a abrirlo. La hospitalidad de los mensajes anónimos puede ayudar a decantar el pulso contra el miedo y la hostilidad.

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