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Vox gusta en los cuarteles

La extrema derecha cosecha buenos resultados en los distritos electorales de bases militares y casas cuartel de la Guardia Civil

Colonia de el Goloso, en Madrid, donde se ha votado mayoritariamente a Vox
Colonia de el Goloso, en Madrid, donde se ha votado mayoritariamente a Vox

José Enrique Reyes, un cuarentón de gafas, pantalón de camuflaje y una pulsera con la bandera de España en la muñeca, sufrió una de las mayores humillaciones de su vida en el INEM. Una orientadora laboral le recomendó borrar del currículo un empleo que desempeñó como personal administrativo en la Guardia Civil. "Me dijo que me iba a perjudicar. Los que pensamos como yo estamos estigmatizados. Como no le hice caso y no lo quité, aquí me tienes, sin curro", dice Reyes, hijo de un militar retirado.

La colonia militar de El Goloso es un conjunto de casas bajas con aire a pueblito andaluz frente a la base militar del mismo nombre, en Madrid. La cal blanquea las fachadas. Aquí no hay lugar al equívoco, esto es España, y para quien lo dude o sufra amnesia ahí tiene una rojigualda ondeando en cada puerta. Los números de las viviendas lucen en placas con forma de tanque. El partido ultraderechista Vox fue el más votado aquí en las generales, cosechando un resultado espectacular: un 41% de los que fueron a votar en esta sección (248 personas) los apoyó, frente al 20% de Ciudadanos y el 18% del PP.

El fenómeno de bases militares y casas cuarteles de la Guardia Civil que apoya mayoritariamente al partido de Santiago Abascal se repite en otros puntos del país. En el campo militar San Gregorio, en Zaragoza, uno de cada cuatro, el 25%, también votó al partido que reclutó a generales retirados para encabezar algunas de sus listas. En Sevilla, en una zona en la que coinciden una comandancia y el área militar de Alfonso XIII, Vox se disparó al 30%. En Castrillo de Val, un municipio de la provincia de Burgos, donde se encuentra la base militar Cid Campeador, ídem. Lo mismo ocurre en los distritos electorales de Alcalá de Henares en los que hay una colonia militar o en la manzana de la dirección General de la Guardia Civil, en el centro de Madrid. Vox triunfó donde amanece a toque de corneta.

El orgullo herido de José Enrique Reyes, costalero de dos hermandades, también se ha visto golpeado, además de por una funcionaria del instituto estatal de empleo, por el procés catalán y la ley de "desmemoria" histórica, según dice. Abascal, que propuso recuperar el servicio militar obligatorio, ha venido a poner orden en todo esto y a recuperar valores perdidos en el camino como "el trabajo, la honradez, la familia, la disciplina...". Continúa: "Y aborda problemas que otros evitan. La inmigración, por ejemplo. No digo que no vengan, pero que vengan a trabajar y no a delinquir. Aquí tenemos ya delincuentes de sobra".

'El Orfanato'

La colonia, propiedad del Instituto de Vivienda del Ministerio de Defensa, tiene aroma a pueblo fantasma en algunas de sus calles. Las casas de militares fallecidos cuyos herederos se han ido a vivir a otro lado permanecen tapiadas con ladrillos. Sobre una loma, los niños juegan en columpios y toboganes oxidados. El techo del club de jóvenes y el de la capilla, donde se grabó la película de miedo El Orfanato, se derrumbaron y desde entonces se cerraron sus locales a cal y canto. Los vecinos, resignados, creen que el plan consiste en dejar que el barrio languidezca y entonces devolverle este pedazo de tierra al Ducado del Infantado, que fue quien lo donó al Ejército.

Otra vista de la colonia de el Goloso, en Madrid.
Otra vista de la colonia de el Goloso, en Madrid.

En el jardín de Montse, una monitora de niños de 61 años, no hay símbolos de exaltación patriótica a la vista. Tampoco en el interior de la casa. Dice que ella no es patriota, sino más bien "normalita". "Aquí la gente es muy de derechas", añade, "más que nada por Cataluña". Su marido, teniente coronel, votaba a Izquierda Unida, pero ahora está "cabreado como una mona" y se ha echado en brazos de Vox. Álvaro, de 30 años, que vive a un par de casas, formó parte de la mesa electoral. Vio desfilar durante todo el día militares y monjas de un convento cercano. A la hora del recuento, asegura, no se llevó ninguna sorpresa.

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