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Voto masivo pese a la desesperanza

La barriada sevillana de Murillo, una de las más pobres de España, es la que más ha votado al PSOE

Un mural homenajea a Camarón en la barriada sevillana de Murillo.
Un mural homenajea a Camarón en la barriada sevillana de Murillo.

Un 50% de paro; un 16,7% de tasa de analfabetismo; un 18,5% de viviendas en mal estado; un 7,4% de población inmigrante y una renta media de 13.180 euros. Estos datos ilustran la situación sociolaboral de la sevillana barriada de Murillo, el corazón de las 3.000 viviendas, en el Polígono Sur, el segundo barrio más pobre de España, por detrás de Los Pajaritos, otro núcleo de la capital andaluza. Este es también el lugar donde más votos cosechó el PSOE en las elecciones generales, concentrando el 75,3% de los apoyos, pese a que acudió a las urnas solo un 30% del electorado.

Voto masivo pese a la desesperanza

“Yo he votado al de la rosa”, explica José Torres, afilador de 67 años y que lleva viviendo en el barrio desde mucho antes de que se construyeran los bloques en H de las 3.000 viviendas, en 1976. Enjuto, arrugado por el sol y desdentado, Torres sale del portal de la casa de su hermana Luisa —que también votó al PSOE— para sentarse junto a otros vecinos en unas sillas de plástico apostadas en la acera. Aparta una botella que va a parar junto a otra pila de latas de refrescos, bolsas de comida y litronas, desperdigadas a lo largo y ancho de la calle. “Siempre he votado socialista, soy tan socialista como sevillista. Es el partido que defiende a los trabajadores”, explica, ilustrando una tendencia en toda la barriada. "No creo en los políticos, aquí nos tienen olvidados, pero tampoco pierdo la esperanza", dice. “En las elecciones de 2012 y 2015, el PSOE obtuvo el 75%, porcentaje idéntico al alcanzado en estas generales”, recuerda Joaquín Castillo, concejal socialista y delegado responsable del distrito Sur en el Ayuntamiento.

Las 3.000 viviendas lleva años a la cabeza de las zonas más depauperadas de España, una situación que la crisis y el recorte en ayudas y recursos sociales agravaron, recrudeciendo el clima de pobreza y marginalidad. “Aquí hay muchas familias que han vivido en una situación de exclusión casi permanente, la coordinación entre todas las entidades y las administraciones debe ser aún mayor”, sostiene Javier Cuenca, responsable de Save the Children en Andalucía. En la zona trabajan casi medio centenar de asociaciones y ONG.

En 2006 se puso en marcha el plan integral del Polígono Sur, un proyecto para mejorar la vida en la zona coordinado por el Gobierno central, el autonómico y el Ayuntamiento. A lo largo de este tiempo se ha ido actualizando y complementando con distintas iniciativas municipales y autonómicas. “Para el PSOE barrios como Murillo son fundamentales y prioritarios. Son zonas que requieren más de una intervención desde lo público en materia social, de empleo o inversiones. Cuando los socialistas gobiernan son áreas en las que se consiguen avances para lograr ese objetivo básico que es la igualdad. Y eso lo valoran los votantes”, afirma Castillo.

Las actuaciones han logrado frenar el analfabetismo y la tasa de abandono escolar, pero los logros son insuficientes habida cuenta de la enorme inversión desarrollada, muy superior a la de otros barrios sevillanos, pero que sus vecinos no perciben. “En lugar de meter tanto dinero en el centro o en barrios de renombre como Triana o los Remedios, deberían preocuparse por este”, dice Loles, de 48 años que regenta desde hace 28 la churrería Los Marrones. Su local, un bajo desencalado y con rejas grises, está a rebosar de clientes. “Yo voté al PSOE para contrarrestar: a la derecha solo veía Ciudadanos o Vox, al PP no iba a votarle, y a la izquierda Podemos, y con esos ni loca”, explica.

“La lacra de este barrio es el paro y la dejadez de los políticos, por aquí solo vienen cuando hay elecciones”, asegura Leonardo, de 33 años, desempleado y que sobrevive con los trabajos que realiza cuando se marcha al Norte de España. Las 3.000 viviendas es, tras los Pajaritos, la zona con más paro de Sevilla, una situación endémica y que parece imposible de revertir. Las barreras físicas que rodean a las 3.000 viviendas, cercada por la SE-30, la vía del tren y naves industriales, han ido aislando a la barriada geográfica y socialmente, convirtiéndola en un polo de atracción para la delincuencia y el tráfico de droga. “Aquí hay mucha gente que vende lo que no debería vender, pero también muchos trabajadores”, asegura José Antonio Quintero, jubilado y votante socialista desde hace 40 años. “No espero nada para el barrio, pero siempre me han gustado y son los más serios”, sostiene. Los enfrentamientos violentos entre los clanes que se han pasado al negocio del cannabis se ha consolidado como uno de los principales problemas, junto con la okupación de viviendas y el chaboilismo vertical, problemas, con los que los vecinos conviven con cierta resignación.

Leonardo se cruza en la puerta del centro cívico El Esqueleto con Reyes Noguera, de 59 años, antigua activista de la zona antes de que mudaran al barrio a la población procedente de la inmigración rural, los afectados por las riadas del 61 y el terremoto del 69 y a las familias obreras procedentes de asentamientos precarios. “Cuando vino la gente de fuera, esto empezó a decaer. Noguera fue votante socialista, pero los años la han desencantado de la política. “El problema aquí es que la gente no sabe convivir”.

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