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OPINIÓN i

El nuevo ciudadano crítico

En los últimos años está irrumpiendo otro protagonista en la sociedad: un individuo descontento con el funcionamiento del sistema, pero, al mismo tiempo, más activo y comprometido con la política

Manifestación por la subida de las pensiones en Bilbao.
Manifestación por la subida de las pensiones en Bilbao. efe

En los últimos años se ha extendido la sensación de que, con el paso de la crisis económica, los gobernantes han dado la espalda a los ciudadanos. Y así lo muestran los datos de la encuesta de 40dB. para EL PAÍS. Según estos, la mayoría de los españoles, al margen de sus afinidades ideológicas, consideran que los políticos están poniendo por delante los intereses del mercado a los de la gente. La crisis económica parece haber impulsado, pues, una crisis política marcada por la creencia de que se está deteriorando uno de los principios más básicos de nuestra democracia: el de representación. La promesa democrática de que las elecciones permiten a los votantes elegir Gobiernos representativos que atiendan a sus preferencias parece desvanecerse a ojos de mucha gente.

A priori, cabría esperar que esta sensación de una democracia menos porosa y sensible a las demandas de la sociedad iría acompañada de un creciente desafecto y alejamiento de la política por parte de los ciudadanos. Sin embargo, la encuesta de 40dB. parece mostrar lo contrario. Los españoles consideran que la gente es hoy más participativa. Se trata de un cambio importante, pues tradicionalmente nos habíamos caracterizado por unos niveles de interés por la política excepcionalmente bajos.

En comparación con nuestro entorno, los españoles destacábamos por un particular desapego por las cuestiones políticas y por una elevada desconfianza hacía nuestros representantes. Sin embargo, la crisis parece estar provocando cambios en cómo muchos españoles entienden la política. En los últimos años está irrumpiendo un nuevo protagonista: el ciudadano crítico, un individuo descontento con cómo está funcionando el sistema, pero, al mismo tiempo, con un mayor activismo y compromiso con la política.

Este ciudadano crítico surgido de la crisis económica no parece por el momento mostrar actitudes antisistema. Al contrario, la salud de nuestra democracia se mantiene aún fuerte y goza de un elevado apoyo de los españoles. Sin embargo, sería imprudente instalarse en la autocomplacencia. El apoyo a la democracia difícilmente puede salir indemne indefinidamente si se ignora esta creciente sensación de que nuestros gobernantes son cada vez menos capaces de representar los intereses de la sociedad. Así pues, uno de los retos más urgentes de nuestras democracias es el de demostrar de nuevo que el sistema es permeable y sensible a las demandas de la gente.

Se trata de un reto tan importante como difícil de alcanzar pues si algo ha demostrado la crisis es que los Gobiernos están maniatados y con una capacidad de decisión menguante. Este es el dilema al que se enfrentan nuestras democracias: demostrar que son capaces de generar Gobiernos representativos a pesar de que sus márgenes de maniobra son cada vez más estrechos.

 

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