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La distensión con Madrid abre fisuras en el independentismo

Los partidos independentistas cada vez comparten menos objetivos, plazos o métodos para lograr sus reivindicaciones

El presidente Quim Torra, durante la ofrenda floral a la tumba de Josep Irla. En vídeo: El deshielo entre Pedro Sánchez y Quim Torra.

El recibimiento ofrecido el pasado miércoles a los políticos independentistas presos, a su llegada a la prisión de Lledoners (Barcelona) procedentes de Estremera (Madrid), no fue el que se esperaba. Apenas un millar de personas se concentraron ante el centro penitenciario y la representante de Esquerra Republicana tuvo que soportar los abucheos de los manifestantes. Los gritos de “¡Unidad!” dirigidos a la correligionaria de Oriol Junqueras dejaron en evidencia las tensiones en el seno del bloque secesionista, al que solo el poder de la Generalitat y la solidaridad con los presos parecen ya unir.

La tan invocada unidad de acción de los últimos años lleva tiempo hecha añicos y la etapa de distensión que ha abierto la llegada al Gobierno de Pedro Sánchez parece haber acabado de finiquitarla. Los independentistas no han dejado de serlo de la noche a la mañana, pero cada vez tienen menos objetivos compartidos, más allá de reivindicar un Estado propio para Cataluña en un plazo no definido. Y si los plazos para hacer realidad esa reivindicación no son compartidos, menos lo son los métodos para lograrlo.

En privado las diferencias son abismales, incluso dentro del Gobierno de Quim Torra. Y en el discurso público empiezan a asomar las estrategias discrepantes. Por un lado, está el discurso duro del president Torra, el expresident Carles Puigdemont y la docena de diputados más afines a ellos dentro del grupo Junts per Catalunya, que van en línea con lo que defienden los anticapitalistas de la CUP y el gran motor del independentismo civil, hoy diezmado, que es la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

Torra espera de Sánchez “talante negociador”

A dos días de la reunión entre el presidente de la Generalitat y el presidente del Gobierno, Torra ha cuestionado este sábado la voluntad de diálogo de Sánchez, y le ha pedido un “talante negociador”. El presidente de la Generalitat ha tachado de “mala noticia” el anuncio del Gobierno de que impugnará en el Tribunal Constitucional la moción aprobada el pasado jueves por el Parlament para ratificarse en los objetivos de la resolución independentista del 9 de noviembre de 2015, que ya fue suspendida. “¿Ante qué Pedro Sánchez nos encontraremos el lunes? ¿Es realmente el señor Pedro Sánchez que quiere iniciar un diálogo y negociación con el Govern de Catalunya o estamos aún con el PSOE que aprobó el 155?”, ha dicho en un acto, en el que ha asegurado que durante la reunión tratarán sobre “el derecho a la autodeterminación”.

Por el contrario, ERC, el PDeCAT y la otra gran asociación independentista, Òmnium Cultural, se han instalado en un creciente pragmatismo. Las tensiones entre ambos bloques son constantes, si bien el encarcelamiento de nueve de sus líderes mantiene a raya el nivel de enfrentamiento.

Pese al nuevo marco político, algunos discursos continúan inamovibles. "Sin reconocimiento del derecho de Cataluña a la autodeterminación no se podrá arreglar nada", sostiene la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, que solo aprecia "maquillaje y cambio de talante" en el nuevo Gobierno central. "Nuestro proyecto sigue siendo trabajar por la independencia y que no se den pasos en falso", sostiene.

Este discurso contrasta especialmente con el de Esquerra, cuya dirección es radicalmente contraria a continuar por la vía unilateral si no tiene efectos reales. El problema de ERC en estos momentos es que buena parte de sus bases no entiende un giro estratégico tan brusco y evita que la dirección se pueda desmarcar claramente de sus actuaciones pasadas. Se vio en la conferencia política del pasado fin de semana, cuando los militantes impidieron abandonar claramente la vía unilateral, y se ha vuelto a ver esta semana en el Parlament, con la polémica votación de una moción de la CUP que reclamaba mantener los "objetivos políticos" de la pseudoconsulta del 9-N de 2014.

Inicialmente ERC no iba a votar tal resolución, pero se acabó sumando. La votación terminará, otra vez, en el Tribunal Constitucional por el recurso que el Gobierno ha acordado presentar.

El debate de la moción estuvo plagado de reproches soterrados por más que todo el independentismo se sumara a la iniciativa de la CUP. El diputado republicano Sergi Sabrià recriminó a los anticapitalistas que el texto sonaba a "algo muy antiguo, que no permite avanzar", un discurso que contrastó con el de Junts per Catalunya. El diputado Josep Costa, del núcleo de confianza del expresidente Puigdemont, dejó claro a Pedro Sánchez que no tienen ninguna intención de "pasar página".

La CUP, contra la reunión con el presidente español

Vidal Aragonés, diputado de la CUP, exige que el Parlament no olvide el esfuerzo de los últimos cinco años. Con la moción votada el pasado jueves, la CUP buscó remarcar la soberanía del Parlament frente al Tribunal Constitucional y pide que en 90 días sean aplicadas, sin diálogo previo con el Gobierno central, las leyes suspendidas y en seis meses activadas las ya anuladas a través de iniciativas legislativas o decretos. La CUP considera que es la única fuerza fiel al 1 de octubre y que sigue en esa vía porque no ve “otra alternativa posible”. “No pedimos que mañana se inicie un proceso constituyente, pero sí recuperar las leyes sociales”, afirma Aragonés. La CUP no espera nada de la reunión Sánchez-Torra: “No reconocerá a los presos políticos ni el derecho de autodeterminación. Con lo cual, no hace falta ni ir. Es perder el tiempo”.
Ante discursos tan dispares en el bloque independentista, afloran las voces que reclaman cierta unidad de acción, y más mientras haya políticos encarcelados. Òmnium Cultural, desmarcada de la estrategia más frentista de la ANC, encabeza esta vía. “No tenemos una hoja de ruta política, pero pedimos a los partidos que eviten una batalla que no lleva a ninguna parte. Necesitamos estrategias compartidas y es evidente que no las hay”, lamenta el portavoz de la entidad, Marcel Mauri.

El calendario electoral también envenena la relación en el independentismo. La cercanía de las elecciones municipales y europeas ha avivado la petición de un sector del separatismo que pide celebrar unas primarias entre todas las formaciones para que haya "candidaturas republicanas" en todos los municipios de Cataluña. El caso más flagrante es el de Barcelona, en el que el filósofo y tertuliano Jordi Graupera abandera la propuesta que, sin embargo, no ha terminado de cuajar, sobre todo por la negativa de ERC. Entidades como la ANC ya han comenzado a presionar para que se hagan estas listas conjuntas, algo que incomoda mucho a Esquerra.

Gesticulación del Govern

Así las cosas, las voces que piden volver a la senda del diálogo en el que se puedan abordar las discrepancias por cauces políticos quedan permanentemente eclipsadas por la gesticulación del Ejecutivo de Quim Torra. Marta Pascal, que está intentando reconstruir un espacio político independentista dentro de la legalidad entorno al partido que dirige, el PDeCAT, es el principal exponente de esta situación. Los diputados de este partido dentro de la coalición Junts per Catalunya votaron igualmente la controvertida resolución, pero Pascal pone énfasis en otro punto. "También votamos una resolución con los socialistas y los comunes que pedía diálogo; estamos en un juego de equilibrios que tenemos que ir construyendo".

Pero el PDeCAT también vive su propia lucha interna. El próximo día 21 afronta una asamblea que, en teoría, debería ser ideológica pero que seguramente terminará convirtiéndose en un congreso en toda regla. Pascal decidió abrir la posibilidad de cambiar y ampliar la cúpula para intentar plantar cara e incluir a los críticos a su gestión, que se han congregado entorno a la figura de Puigdemont. Fía así a las bases la última decisión sobre su futuro y la opción del partido entre la "vía posibilista" y la que representa el expresidente.