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El funambulismo de gobernar con 84 diputados

La negociación sobre RTVE ilustra las dificultadaes que tendrá Sánchez para sacar adelante sus iniciativas

Pablo Iglesias saluda a Pedro Sánchez durante la moción de censura.
Pablo Iglesias saluda a Pedro Sánchez durante la moción de censura.

Solo unos pocos estaban pendientes, pero durante algunos minutos, el martes pasado, el poder de Pedro Sánchez colgó de un hilo muy fino que terminaba en el diccionario de la RAE. Para ser precisos, de la primera acepción de la palabra “cortapisa”: “Condición o restricción con que se concede o se posee algo”. Esas nueve letras salvaron a Sánchez de su primera gran derrota parlamentaria con el decreto de RTVE, pero a la vez pusieron en evidencia la enorme dificultad que tendrá para aprobar casi cualquier cosa. La próxima prueba de fuego será el techo de gasto, punto clave de la legislatura, que marca toda la política social. Los socialistas, que aún están celebrando los 177 votos que lograron con mucho sudor para RTVE, no quieren ni pensar en la próxima. Pero vendrá pronto.

“Cortapisa” abrió la puerta del éxito. Pero no fue fácil. Joan Tardá, portavoz de ERC, había hablado con la vicepresidenta Carmen Calvo el lunes, el día anterior a su comparecencia en el Congreso, y le explicó la situación. El independentista catalán y la socialista andaluza están en posiciones muy alejadas, pero son dos viejos conocidos de la política. Negociaron y salvaron juntos la ley del aborto de Zapatero, en 2009, cuando el PNV apretaba para matizarla. Y también acordaron en 2006 el traslado de los papeles de Salamanca cuando ella era ministra de Cultura.

Calvo y Tardá hablaron con mucha franqueza. Él necesitaba que ella le prometiera públicamente un diálogo sobre Cataluña “sin condiciones”. Si no, ERC votaría en contra de los nombres para dirigir RTVE que el PSOE había pactado con Podemos y el PNV.

Sin ERC, imprescindible para llegar a la mayoría absoluta, el Gobierno perdía su primera gran votación, y toda la compleja red de acuerdos montada alrededor de la moción de censura se venía abajo. Si no podía aprobar esto, ¿cómo iba a sacar adelante leyes y decisiones económicas mucho más ambiciosas? La imagen de debilidad del Gobierno reavivaría a la oposición e inquietaría a los mercados. Nadie quería ese escenario.

Calvo, que habla con frecuencia con el vicepresidente Pere Aragonés mientras la ministra Meritxell Batet lo hace con Elsa Artadi, fue directa. “Joan, seamos inteligentes, intentemos no frustrar este espacio nuevo por un debate de palabras. Cada uno tenemos nuestros límites, pero tenemos que reconstruir la política en Cataluña, nosotros no somos la derecha”, le dijo. Al día siguiente, ya con el acuerdo casi cerrado, pronunció la palabra mágica: “diálogo abierto, sin cortapisas”. No era exactamente lo hablado, sin condiciones, pero se le parecía mucho. Tardá pidió a su equipo que miraran la RAE. Le mandaron esa primera acepción por whatsapp, y se quedó satisfecho.

Aún insistió un poco, aunque ya estaba decidido: “¿Usted me está diciendo que sin cortapisas es sinónimo de sin condiciones? Yo puedo entender que sí, pero necesito que lo diga usted. Yo sé que usted no quiere engañar a los suyos, estoy convencido, pero entienda que yo tampoco quiera engañar a los míos". Más claro imposible: busquemos un punto que nos valga a los dos. Lo encontraron.

Pero el de ERC era solo uno de los múltiples encajes de bolillos que el Grupo Socialista, dirigido por Adriana Lastra, tuvo que hacer en esos días. Lastra y Rafael Simancas, su mano derecha, apenas durmieron durante toda la semana. La crisis fue de tal calibre que intervino varias veces Pedro Sánchez y envió a su jefe de gabinete, Iván Redondo. No empezó a resolverse hasta que el periodista Andrés Gil, propuesto por la formación de Pablo Iglesias, decidió renunciar ante las críticas sobre todo dentro de RTVE.

A partir de ahí Lastra llevó todo el peso para buscar los 176 votos imprescindibles para aprobar la lista con el nuevo presidente, Tomás Fernando Flores, un hombre elegido por La Moncloa para que no tuviera críticas internas y pudiera ser votado por el PP, porque fue nombrado por ellos como director de Radio 3. Pero los populares, después de una durísima negociación, decidieron quedarse fuera. Querían cinco de los 10 consejeros, y Lastra se negó a ofrecerles más de cuatro. “No tenéis el 50% del Congreso”, le dijo a Rafa Hernando, el portavoz popular, que apelaba a la mayoría clara que tiene el PP si se suman las dos cámaras. “Si no tienes capacidad de negociar eso no sigamos hablando”, le contestó él.

Sin el PP y con ERC dudando hasta el último minuto -Tardá dijo que su voto aún dependía de la comparecencia de la ministra Batet el miércoles, horas antes de la votación- Lastra encontró ayuda en Carles Campuzano, portavoz de PDeCAT, hombre clave para el éxito de la moción de censura. Lastra y Simancas necesitaban que cuatro grupos firmaran la lista para RTVE. Con PSOE, Podemos y PNV no bastaba. Campuzano, que forma parte del grupo de dirigentes catalanes que ha tomado la decisión estratégica de apoyar a Sánchez para buscar con él en La Moncloa una salida a la situación catalana, aceptó. Pero aún quedaba un grave problema: PDeCAT está en el Grupo Mixto. Y cualquiera de sus 19 miembros, con partidos que van desde Bildu a Unión del Pueblo Navarro, podía vetar el deseo de los catalanes de avalar la lista.

Casi todos, desde Bildu a Foro Asturias, aceptaron no vetar. Pero se encontró una resistencia inesperada: Coalición Canaria y Nueva Canaria. Ambos amenazaban con bloquearlo todo. Lastra y Simancas estaban encima, pero la cuestión se resolvió entre gobiernos. El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, había provocado una fuerte polémica en Canarias al decir que la bonificación del 75% del coste de los vuelos, tema clave en las islas, un compromiso que había alcanzado con los partidos de esta comunidad, tendría que esperar unos seis meses. La necesidad de aprobar el decreto de RTVE aceleró los tiempos.

El martes, un día antes de la votación, Ábalos compareció con el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, y la de Baleares, Francina Armengol, y prometió que la bonificación del 75% de los billetes —ahora es el del 50%— a todos los habitantes de las islas y de Ceuta y Melilla estará en vigor antes del 28 de julio. Eso desbloqueó el voto canario.

Clavijo llamó a Ana Oramas, de Coalición Canaria (CC), y la diputada retiró ese veto para que el Grupo Mixto avalara la lista. Pedro Quevedo, de Nueva Canaria, muy enfrentado a CC, fue cortejado primero por Lastra y Simancas y después por el propio ministro Ábalos, que lo llamó para reconocerle que su presión había sido fundamental para lograr el adelanto de las bonificaciones.

Aún quedaban sorpresas. Los votos estaban muy justos. Si la moción de censura salió con 180, esta vez se caía Bildu, con sus dos diputados. Además Aitor Esteban, portavoz del PNV, estaba fuera de España y sin acceso al voto telemático. Cada escaño era clave. Tanto que Pablo Iglesias e Irene Montero votaron de forma telemática desde el hospital donde cuidan a sus gemelos prematuros. Lastra y Simancas hablaron con UPN, que no votó la censura, para buscar algún diputado más.

Pero ni siquiera los grupos son compactos. Cada escaño es una historia. La diputada de Podemos, Marta Sibina, no quería votar como presidente de RTVE al director de Radio 3 porque fue él quien eliminó de la parrilla el combativo programa Carne Cruda, de Javier Gallego. Noelia Vera, portavoz de Podemos, tuvo que esforzarse mucho para convencerla. “Pido perdón porque he votado a un censor”, se disculpaba ella en las redes sociales después de aceptar la disciplina de grupo sobre todo “para evitar el desembarco de PP y Ciudadanos en RTVE”, explicó.

Podemos ya no tendrá la presidencia, pero sí buena parte del control del Consejo y desde allí espera alcanzar una influencia en la televisión y en sus cargos intermedios que no ha tenido jamás. Iglesias y Alberto Garzón, líder de IU, movieron cielo y tierra durante todo el fin de semana con el PNV y ERC para sostener la candidatura de Andrés Gil, pero cuando el PSOE la rechazó definitivamente se concentraron en el consejo y en buscar esa influencia en RTVE que aún no se ha definido con claridad pero sin duda será importante.

Aún quedaba la última sorpresa del diputado de ERC Gabriel Rufián, que votó la lista oficial pero tachó al futuro presidente por lo mismo, por echar de Radio 3 a Carne Cruda. Otro diputado se equivocó y votó solo al presidente, lo que compensó de alguna manera a Rufián. Así se logró el mágico 177, uno por encima de la mayoría absoluta.

El Grupo Socialista, con Lastra y Simancas a la cabeza, celebró con entusiasmo el éxito de la votación. Aunque aún tienen que repetir el truco varias veces, con otros tres plenos en el Congreso por delante la próxima semana. Y sobre todo ya están pensando en las próximas decisiones, en especial el techo de gasto. No es fácil poner de acuerdo en este asunto a Podemos con el PNV y PDeCAT.

Si todo se complica mucho, el Ejecutivo tiene una salida fácil, que ya utilizó Mariano Rajoy: gobernar a través de las transposiciones de directivas europeas que tiene pendientes. Ahí será mucho más fácil lograr apoyos porque el PP no debería rechazarlas. La Moncloa ya ha puesto en marcha un plan para agilizarlas, aunque no implican cambios legislativos revolucionarios.

“Habrá asuntos sencillos como la derogación de la ley mordaza o la sanidad universal, pero el techo de gasto, la reforma laboral o los Presupuestos, van a ser muy complicados. Cada votación será para el Gobierno un vía crucis y siempre tendrá que estar pendiente de Cataluña. Pero esto es lo que hay, peor era tener a Rajoy”, admite un negociador de grupos pequeños. “No va a ser fácil, pero hace unos meses todo esto parecía imposible. Tenemos que lograr que Cataluña no se cruce en todo. En la negociación hemos hablado del modelo de RTVE, de temas concretos”, replican en el PSOE.

El Gobierno está satisfecho porque el acuerdo con Podemos, el más importante —67 diputados— aguanta. Catalanes y vascos han mostrado que quieren seguir adelante con la nueva mayoría. En el PSOE recuerdan además que el PP perdió varias votaciones y nadie pidió que cayera el Gobierno por eso.

Sánchez triunfó con la designación de su Gobierno, que no tuvo que pactar con nadie. Después de estas dos semanas de estrés parlamentario ya sabe que ahora viene lo difícil. En septiembre empezará a legislar y ahí vendrán más pactos a ocho o nueve bandas, como el de RTVE. Lastra, de su máxima confianza, ya sabe que tiene el puesto tal vez más delicado de toda la estructura del nuevo poder. Pero al menos empieza con una victoria, aunque sea por la mínima, en una de las votaciones más trabajadas de los últimos años.