Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El PP de Rajoy revienta con “el afiliado” Aznar

Las críticas de Aznar y sus seguidores a las traiciones del aún presidente popular llevan la división al límite

Aznar en la presentación de un libro en Madrid.
Aznar en la presentación de un libro en Madrid. WireImage

El enfrentamiento es público, abierto, al máximo nivel y la tensión nunca había llegado a estos límites. José María Aznar y sus seguidores han rebosado con sus últimas críticas el límite de la paciencia del entorno más directo de Mariano Rajoy. El aún presidente popular todavía guarda las formas pero la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, se atrevió este miércoles a despachar al expresidente de honor como un simple “afiliado”, como cuando empezó en Logroño hace 39 años en Alianza Popular. Rajoy optó por negar “la mayor” y rechazar la andanada más profunda de la acusación de su exjefe sobre la desarticulación del centro derecha en España. Rajoy recordó que el PP sigue representando esas esencias, tiene 137 escaños (50 más que el segundo) y “ha ganado todas las últimas elecciones generales”.

Aznar, por supuesto, solo habla en público muy esporádicamente, en contextos muy controlados y sin admitir preguntas, pero en su entorno sigue anidando el malestar y el desengaño total con todo lo que representa ahora el marianismo, al que él seleccionó para su sucesión en 2003. Para conocer lo que piensa Aznar hay que acudir a sus contados oráculos e interpretes que le han escuchado en privado frases tan potentes como: “El Partido Popular está esencialmente muerto, perdurará un tiempo, porque tiene estructura territorial y siempre le votarán en Galicia” o “¡cómo voy a respaldar un Gobierno cuyo único plan para Cataluña era dejar que Oriol Junqueras gobernara con el apoyo de Ada Colau!”.

La histórica María San Gil, expresidenta del PP de Euskadi, y que dio un portazo a Rajoy en el Congreso popular de hace justo 10 años porque ya vislumbraba un giro en los valores tradicionales del partido, ostenta como nadie las ideas que defiende hoy Aznar. San Gil no acepta bien el dilema sobre qué le ha pasado a Aznar con Rajoy: “Habría que preguntarse justo lo contrario, ¿qué le ha pasado a Rajoy con Aznar?, porque de bien nacidos es ser agradecidos. Yo sigo siendo militante del PP, los que no lo son es la actual dirección y Rajoy”. San Gil, como otros muchos decepcionados del PP, se ha refugiado con entusiasmo en una de las fundaciones que han florecido de los brotes del aznarismo. En este caso la Fundación Valores y Sociedad, que preside el exministro Jaime Mayor Oreja. Pero podría haber sido en la Fundación Villacisneros o en la propia FAES de Aznar, de la que es patrona. Son la línea dura de la derecha, persigue objetivos muy similares y en algunos casos, como para montar conferencias de agraviados sobre La reconstrucción de España, trabajan en común.

Muchos miembros de esas fundaciones estaban presentes en la noche del martes en la presentación de Aznar del libro No hay ala oeste de La Moncloa de su jefe de gabinete, Javier Zarzalejos. Anhelaban sus palabras. Y cuando escucharon de su boca “no tengo compromiso partidario ni militante de nada ni me siento representado por nada” fue como una consagración. “Dijo lo que tenía que decir, porque si no lo hubiera hecho yo le habría preguntado: ¿Dónde estás?”, rezuma San Gil sobre la necesidad de hablar claro en estos momentos “dramáticos para España”.

“No le entendemos”

En el equipo de Rajoy no aguantaron más y tras ratificar bien el contenido de las declaraciones de Aznar reaccionaron con indignación, contundencia y ansia de revancha mucho tiempo contenida. Cospedal fue la primera que minimizó la “trascendencia” ahora de Aznar. El número tres del PP, Fernando Martínez Maillo, fue quizá el más despectivo: “Hace tiempo que no le entendemos cuando habla”. Y le reprochó que meta a Ciudadanos entre los partidos necesarios para reconstruir el centro derecha cuando el PP descalifica a la formación de Albert Rivera por su variable orientación.

El presidente actual del PP vasco, Alfonso Alonso, achacó a Aznar estar “alejado mucho de la realidad” del partido y “no actualizado”. Y Borja Semper, presidente popular guipuzcoano, al que Aznar descubrió hace más de 23 años en Irún para la política y que relevó luego a San Gil, lamentó que el expresidente lleve tanto tiempo dedicado “a atizar al PP y a Rajoy”. A San Gil son esos desmarques del pasado y esa “falta de cariño” de sus excompañeros vascos hacia Aznar los que más le duelen, ahora que todos empiezan a poder pasear casi normalmente por Donosti y a coger el autobús ya casi sin temor en sus adentros a ser asesinados por ETA, como entonces, en aquellos tiempos.

Ayudar a confluir con Ciudadanos desde su posición

J. C., Madrid

Cuando José María Aznar remarcó varias veces, el martes, que estaría dispuesto a ayudar “desde mi posición actual” en el proyecto de reconstruir el centro derecha en España saltaron algunas alarmas en el PP. Pocas. Algunos temieron que el expresidente refundador estuviera insinuando su disposición a volver a la vida partidista y fuera del partido del que es aún militante y afiliado, aunque en el último Congreso Nacional ya enfatizase molesto su renuncia al cargo de presidente de honor. En el entorno de Aznar aclaran que se refería a que “si se le necesita, estará”. Nada más. Aznar hace tiempo que mantiene buenas relaciones y contacto con Albert Rivera y ninguno con Rajoy y su equipo actual. Solo el exministro de Rajoy, José Manuel García Margallo, se acerca a defender, en múltiples entrevistas, que el nuevo PP postRajoy debería buscar una “fórmula técnica para confluir con Ciudadanos ante próximas elecciones”. Esa posición es ahora anatema en el PP, que busca aún su sitio.

Pero al expresidente Aznar ya no le gustó, en 2008, que Rajoy prescindiese en aquel congreso de Valencia de dos de sus más estrechos colaboradores, como Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, y se lo hizo saber con su actitud de despecho. En 2013, concedió una entrevista en Antena 3 a Gloria Lomana y le regaló varios titulares jugosos. Rajoy no habla mal ni en público ni en privado del expresidente que le apadrinó para La Moncloa, pero sí hace esos gestos tan suyos de desconcierto cuando escucha estas invectivas. No comprende esa deslealtad de un colega de cargo.

Más información