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Las kellys se ven con Rajoy

El presidente del Gobierno recibirá este jueves en La Moncloa a representantes de un sector que pide una mayor regulación de su trabajo

Una camarera de piso o 'kelly' trabajando en un establecimiento de Sevilla. En vídeo: Así es una jornada de una camarera de piso.

Cada mañana, a las ocho, durante los meses de verano Rosa Fiteni entra a trabajar en uno de los incontables hoteles de la costa de Mallorca. Tras coger el carro con el material de trabajo comienza a limpiar los pasillos y sube después a las habitaciones con la ropa de cama recién planchada. Tiene que limpiar a fondo 21 habitaciones durante las ocho horas que dura su jornada. Agacharse para meter las sábanas bajo el colchón, ponerse de puntillas para limpiar los espejos, rociar productos químicos en los cristales y en los muebles. Así desde hace 17 años en los que se ha sentido "una privilegiada" por sus condiciones laborales, según relata, en comparación con las que padecen algunas de sus compañeras.

La regulación de las cargas de trabajo —que se dispararon hasta límites insoportables durante la crisis— y el reconocimiento de las enfermedades profesionales son dos de las principales reivindicaciones que este colectivo, que según cálculos del propio sector comprende unas 250.000 personas que se autodesignan como las kellys, una especie de apócope para "las que limpian".

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recibirá este jueves en La Moncloa a una representación de estas trabajadoras, que disponen de plataformas en varias autonomías y han denunciado en los últimos años sus condiciones de trabajo por toda España, adquiriendo visibilidad gracias a las redes sociales.

"El movimiento nació porque no nos veíamos representadas por los sindicatos mayoritarios, que no tenían en cuenta las particularidades de nuestro trabajo", explica Sara García, vicepresidenta de Unión Kelly Balear, la asociación que representa a las camareras de piso en las islas. En los últimos meses han participado activamente en movilizaciones como la organizada el pasado agosto en Palma en la que 500 de ellas se manifestaron. A través de las plataformas también han acudido a reivindicar su labor en las manifestaciones del 8 de marzo, han apoyado las marchas de los pensionistas y han logrado reuniones con representantes de partidos políticos como PSOE y Podemos.

Una de sus principales demandas es la regulación de las cargas de trabajo, que, según aseguran, empeoraron a raíz de la crisis cuando se suprimieron en muchos hoteles los departamentos de limpieza que se encargaban de las zonas comunes como comedores, salones y recepciones, y las camareras de piso asumieron su trabajo. "Ahora en muchos hoteles nos encargamos de subir la ropa sucia, limpiar las zonas comunes, bajar la basura o limpiar el pasillo", dice García, que lleva 20 años trabajando en Palma.

Las cargas de trabajo varían según el establecimiento. García tiene que limpiar 24 habitaciones durante su jornada de trabajo, mientras que Fiteni tiene que cumplir con 21. Denuncian que los módulos de carga de trabajo están "desfasados" y se redactaron hace años, cuando en las habitaciones había menos objetos, los baños no contaban con mamparas y a los balcones no había llegado la moda de poner cristales.

"No tienes tiempo de comer porque tienes 24 habitaciones y diez salidas de clientes inmediatas. Hay que dejarlo todo impecable y necesitas mínimo media hora o cuarenta y cinco minutos por habitación. Si no te da tiempo, tienes que alargar la jornada", relata García. La carga de trabajo es la misma en temporada baja y en los picos de mayor ocupación, cuando en las habitaciones hay camas supletorias, más desorden y se incrementa el trabajo. "El verano pasado hice 182 camas extra y tengo compañeras que incluso llegaron a las 300", dice Fiteni.

Un trabajo físico que en Baleares desarrollan siempre mujeres con una media de antigüedad en el puesto de trabajo que a menudo supera los diez años. Muchas están en edades comprendidas entre los 45 y los 60 años y padecen problemas de salud derivados del gran esfuerzo físico que requiere su tarea. Dolores en las cervicales, lumbago, artrosis, artritis y alteraciones en la piel derivadas del uso de productos químicos para limpiar son los trastornos más frecuentes entre las kellys.

Antonina Ricaurte está operada del hombro, la muñeca y el codo por problemas derivados "de los movimientos repetitivos" que realiza durante su jornada de trabajo. Ha sufrido una serie de patologías que no están reconocidas como enfermedades profesionales y que ellas reclaman que cuenten como tales. El tipo de contrato y los salarios son otros dos asuntos a poner sobre la mesa del presidente.

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