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Bruselas respalda la activación del artículo 155 de la Constitución

Juncker: "No me gusta lo que ocurre en Cataluña"

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, junto a Antonio Tajani, presidente de la Eurocámara y Donald Tusk, del Consejo. Carlos Álvarez Getty Images

Bruselas vuelve a dar la espalda al secesionismo. Si alguien esperaba que la Unión Europea adoptara otra posición, hoy vuelve a darse de bruces con la realidad: la Comisión Europea, a través de un portavoz, ha asegurado que el brazo ejecutivo de la Unión cree que las medidas adoptadas por el Gobierno español al amparo del artículo 155 de la Constitución española (relevo del presidente catalán y de sus consejeros, control financiero, limitaciones para el Parlamento autonómico y nombramientos para garantizar el cumplimiento de esas medidas, incluidos en los Mossos d'Esquadra y en la televisión pública) "respetan el orden constitucional y jurídico de España". La Comisión, en fin, respalda la activación del 155. "Las medidas se inscriben en ese contexto constitucional", ha reiterado el portavoz del presidente Jean-Claude Juncker, Margaritis Schinas.

"La UE nos ha permitido dejar atrás las largas noches de oscuridad y es necesario recordar que esa paz continental es una conquista de todos los días", aseguró Juncker en la entrega de los premios Princesa de Asturias, en Oviedo, el pasado viernes, donde apeló a "la fuerza del derecho" en una alusión inequívoca a lo que sucede en Cataluña. Juncker ha ido hoy aún más lejos en un debate celebrado en Estrasburgo. "No me gusta lo que ocurre en Cataluña; respeto la expresión de la voluntad que hemos podido observar, pero querer oponerla a la de otras regiones es un acto de mala fe", ha dicho, para advertir después "contra todos los separatismos de Europa". El presidente ha reiterado que no le gustaría una UE "con más de 90 Estados", según France Presse. El vicepresidente Frans Timmermans, instó hace unos días en Estrasburgo, ante el Parlamento Europeo, a "respetar el orden constitucional", justificó el uso de la fuerza policial el 1 de octubre, en la jornada del referéndum, y calificó de "populismo nacionalista" el desafío soberanista catalán.

Bruselas rechaza mediar en ese asunto: "Nuestra posición, me refiero a las instituciones de la UE y a los Estados miembros, es clara: No hay espacio para ningún tipo de mediación, iniciativa o acciones internacionales", dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en la cumbre de la semana pasada. La UE reitera una y otra vez que una Cataluña independiente saldría automáticamente del club. Reclama que el Gobierno catalán vuelva al orden constitucional. Y ha criticado con la boca pequeña las cargas policiales y la gestión del presidente Mariano Rajoy, pero el apoyo al Ejecutivo español es prácticamente unánime: solo el primer ministro belga, Charles Michel, se desmarcó del cierre de filas con España en la última cumbre.

La Comisión ha metido incluso una coda final. Bruselas no ha querido evaluar el resultado de los referendos en las regiones italianas de Lombardía y el Véneto. Pero sí ha subrayado que "se celebran dentro del marco de la Constitución alemana", según los portavoces. Esa, que puede que en Cataluña sea una fina línea, se convierte en una gruesa línea roja en las procelosas aguas de la política europea.

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