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La matanza del Caudillo

Hay algo que Gabriel Rufián cree y dice que sabe: Franco ha resucitado y morirá de nuevo el Primero de Octubre

Gabriel Rufian, en el Congreso de los Diputados.
Gabriel Rufian, en el Congreso de los Diputados. EFE

Hay muchas cosas que no sabe Rufián, tal como Joan Coscubiela demostró en su ya célebre discurso ante el Parlament de Catalunya en aquellas sesiones de la vergüenza del 6 y 7 de septiembre en que se aprobaron fraudulentamente y con malas artes las leyes de desconexión. Ahí está el hashtag #noloserufian como símbolo digital de su ignorancia.

Sin embargo, sí hay una cosa que Rufián cree y dice saber: Franco ha resucitado, pero va a morir de nuevo el Primero de Octubre, precisamente el Día del Caudillo, en el que el régimen militar y fascista celebraba "la exaltación De Francisco Franco a la Jefatura del Estado" en tal fecha exacta de 1936. Según Rufián, lo van a matar los votos del plebiscito secesionista y lo harán, como en los sacrificios rituales, a través de un chivo expiatorio que carga los pecados del franquismo, llamado Mariano Rajoy.

Todo cuadra en este cuento en el que España, o el Estado como gustan decir los independentistas, es la bruja mala y los secesionistas y republicanos izquierdistas son Hänsel y Gretel. El último movimiento de los astutos estrategas del procés es un quiebro que convierte el referéndum independentista en movilización contra el PP, el último residuo del franquismo al que hay echar del poder. El fiscal Maza regaló este movimiento estratégico al designar a más de 700 alcaldes como sospechosos y ordenar inútiles registros a imprentas y digitales. Ada Colau no podía quedar impasible ante la resurrección del franquismo esgrimida por los independentistas y sugerida por la miopía gubernamental.

El siguiente paso está servido en bandeja: incluso a los adversarios del independentismo, o a quienes habían quedado vejados por la iniquidad cometida por JxSí y la CUP, se les ofrece el voto negativo, nulo o blanco en una votación que no dilucidará la secesión sino el final de Rajoy como presidente del Gobierno y que simbólicamente resuelve, al parecer, un trauma generacional. Franco murió en la cama y la democracia llegó porque los reformistas del franquismo y la oposición se pusieron de acuerdo. Ahora se trata de repetir la jugada: primero resucitar a Franco, y luego matarle a través de la derrota de Rajoy, y romper a la vez con la democracia constitucional ya que la democracia constitucional no supo romper con el franquismo.

 Así es como encaramos el Día de la Matanza del Caudillo, como una repetición y corrección en diferido del final del franquismo, cuando el mundo entero quedó admirado de que España cambiara de régimen sin armar otra guerra civil y sin secesiones ni cantonalismos. Rufián, que no sabe nada, y sus amigos, que la saben larga, lo proclaman bien alto: aquí está de nuevo Franco, le vamos a matar, proclamaremos la república, jo no tinc por, nada nos asusta, ni la guerra civil que el vanidoso amigo Julian Assange osa convocar en sus provocaciones en Twitter.

Hillary Clinton ha dicho recientemente de Assange que "es en parte nihilista, en parte anarquista, en parte exhibicionista, y en parte oportunista", probablemente "a sueldo del Kremlin o de alguna forma apoyando sus objetivos propagandísticos por resentimiento hacia Estados Unidos y Europa". Seguro que Rufián, tampoco sabe nada de todo esto y si lo supiera tampoco le daría la menor importancia.

La matanza del Caudillo

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