A vueltas con la segunda vuelta

Francia creó el balotaje, un sistema que hoy emplean otros 88 países para elegir a sus jefes de Estado

Carteles superpuestos de los los dos candidatos presidenciales en Cambrai.
Carteles superpuestos de los los dos candidatos presidenciales en Cambrai.P. Rossignol (REUTERS)

En la primera vuelta se elige y en la segunda se elimina. Reducido a la esencia, ese es el principio del sistema de doble vuelta con el que Francia designa este domingo a su nuevo presidente (o presidenta). Como tantas cosas, es una creación francesa. Napoleón III lo introdujo tras su golpe de Estado y ya rigió las legislativas galas de 1852. Era el ballotage, palabra que ha permanecido y pasado a otros idiomas —balotaje en castellano—.

Su principio es que las elecciones se realizan en dos etapas separadas por un lapso de tiempo si ningún candidato al cargo en cuestión logra un porcentaje determinado de votos en la primera cita en las urnas. Desde ahí surgen las variantes: la mayoría establecida para la primera vuelta —en algunos países es inferior a la absoluta con un mínimo o se fija una distancia entre primer y segundo clasificado— y cómo se computa, cuántos candidatos pasan a la siguiente ronda, el carácter uninominal o plurinominal de la elección...

El método fue empleado desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta los años treinta en distintos países europeos —fue, por ejemplo, el sistema que legisló la Segunda República en 1931 para designar parlamentarios—, pero su institucionalización real —y punto de origen de su expansión mundial— llegó de la mano de De Gaulle y la creación de la V República Francesa en 1958. El general buscaba una presidencia fuerte y con amplia legitimación ciudadana. Esta es una de las ventajas políticas que ofrece el balotaje, además de favorecer las alianzas.

Ciñéndose a la elección presidencial gala — Francia emplea el sistema con variantes en sus principales comicios—, queda establecido en el artículo 7 de la Constitución de 1958 desde que fuese modificado en referéndum en 1962 para establecer la elección presidencial por sufragio universal. Es un escrutinio uninominal mayoritario a dos vueltas: el presidente de la República es elegido por mayoría absoluta de los votos emitidos. De no lograrse en primera vuelta, se procederá, el decimocuarto día siguiente (el segundo domingo tras la primera) a una segunda. A esta solo podrán presentarse los dos candidatos con más votos en la inicial, “tras la retirada en su caso de candidatos más favorecidos” (esta previsión legal nunca se ha registrado).

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El sistema se estrenó en las presidenciales de diciembre de 1965, en las que De Gaulle batió a Mitterrand (55,2% a 44,8%). Desde entonces ha habido ocho elecciones presidenciales (la actual es la novena) y en todas ellas hubo segunda tanda pues ningún aspirante superó en la primera la mayoría absoluta. El triunfo más amplio fue el de Chirac contra Le Pen padre en 2002 (82,2% a 17,8%), cuando funcionó el frente republicano contra la ultraderecha que ahora se cuartea frente a la hija del fundador del Frente Nacional. El vencedor más apurado fue Giscard d’Estaing contra Mitterrand en 1974 (50,8% a 49,2%).

Inspirados en el modelo francés, otros 88 países eligen a sus jefes de Estado de manera directa por mayoría absoluta estableciendo una segunda vuelta si resulta preciso. Entre ellos figuran otros 11 miembros de la UE y casi toda América Latina (12 Estados). Algunos exigen un mínimo de participación para que las presidenciales sean válidas, normalmente el 50%.

Quien gane el domingo será el octavo presidente de la V República en sus 59 años de historia. Tendrá un mandato de cinco años renovable (eran siete, pero se redujo por referéndum en 2000). Su reto inmediato será asentar una mayoría parlamentaria que dé estabilidad al Gobierno en las legislativas del 11 y 18 de junio. También a dos vueltas.

Sobre la firma

Javier Rivas

Forma parte del equipo de Opinión, tras ser Redactor Jefe de la Unidad de Edición y responsable de Cierre. Ha desarrollado toda su carrera profesional en EL PAÍS, donde ha trabajado en las secciones de Nacional y Mesa de Cierre y en las delegaciones de Andalucía y País Vasco.

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