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Los críticos acusan a la izquierda ‘abertzale’ de rendirse

Una manifestación en Bilbao convocada por el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión (ATA) evidencia de nuevo las diferencias entre los herederos de Batasuna

Pancarta de cabeza de la manifestación en Bilbao a favor de la amnistía de los presos de ETA.
Pancarta de cabeza de la manifestación en Bilbao a favor de la amnistía de los presos de ETA.

Los críticos con Sortu tienen cada vez menos remilgos en sus reproches. La manifestación convocada ayer en Bilbao por el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión (ATA) con el objetivo de reivindicar la amnistía de los presos, sirvió de escenario para mostrar de nuevo las diferencias entre los herederos de Batasuna tras el cese de la violencia etarra.

Unas 600 personas secundaron la convocatoria con el lema Geurea da garaipena (la victoria es nuestra), y se manifestaron por las calles de Bilbao tras una pancarta con el lema Amnistía ta astakatasuna (Amnistía y libertad).

Los convocantes explicaron que la gestión que está haciendo Sortu, el partido que lidera como secretario general el propio Arnaldo Otegi, de los presos supone una “rendición encubierta” que puede agudizar las represalias contra los reclusos que se niegan a acogerse a beneficios penitenciarios.

 Más beligerancia

 ATA sintoniza con Askatasunaren bidean (En el camino de la libertad), una plataforma que se presentó en mayo pasado y que, aunque no plantea volver a las armas, sí respalda una mayor beligerancia política contra el Estado para lograr la amnistía. De hecho, el exboxeador Sendoa Jurado, condenado por violencia callejera, que en mayo participó de forma activa en la presentación de la corriente crítica de Sortu en Bilbao, estuvo ayer en cabeza de la manifestación.

Askatasunaren bidean nació cuando un grupo de militantes de la izquierda abertzale se sintieron “traicionados” por la estrategia política adoptada por la dirección actual de Sortu. Para estos críticos, la llamada de Otegi a los presos para que se acogieran a medidas individuales como una manera de progresar de grado y lograr beneficios penitenciarios, supuso poco menos que una traición.

Sortu hizo la ciaboga en el tratamiento de los presos de ETA primero en marzo con el caso Segura, el pacto de 35 procesados con la fiscalía de la Audiencia Nacional, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y Dignidad y Justicia (DyJ) para reducir su condena a cambio de admitir su pertenencia a ETA.

Dos meses después escenificaron esa vía en Usurbil (Gipuzkoa), con el respaldo de 600 exreclusos de la banda con un impresionante historial delictivo.