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El malestar con la política supera al del estallido del 15-M

Ocho de cada diez ciudadanos desaprueban a sus representantes, que ahora son también los nuevos partidos nacidos para capitalizar el enfado

El presidente en funciones, Mariano Rajoy. Ampliar foto
El presidente en funciones, Mariano Rajoy. AP

Dos elecciones generales en seis meses y un país con un Gobierno en funciones desde hace nueve. Ese es el contexto de un estado de evidente enfado ciudadano con sus representantes: el 80% de los españoles desaprueba la situación política, según el barómetro del CIS de junio. La cifra es 13 puntos superior a la que había en mayo de 2011 (66,8%), cuando estalló el movimiento 15-M. La paradoja es que el malestar con la política crece a pesar de que ahora forman parte de ella los partidos que en un principio capitalizaron aquel descontento: Podemos y Ciudadanos.

La mayoría de españoles fue a votar el pasado 26-J con una pésima opinión de la situación política. Un 43,6% la calificaba de muy mala y un 36,5% de mala, según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizada entre el 1 y el 11 de junio, cuando faltaban solo quince días —los de la campaña— para las elecciones generales. El sondeo recoge un malestar similar respecto a la economía, con casi siete de cada diez ciudadanos que perciben la situación económica como mala o muy mala.

Evolución de la valoración de la situación política en España

“Un buen predictor de insatisfacción con la situación política es la economía; cuando la percepción económica empeora, suele también empeorar la de la situación política y la preocupación en los barómetros del CIS con la política”, explica Pablo Simón, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra. Pero algo ha cambiado. “Esto no se lleva todo el efecto. La prueba es que hay un nivel de descontento político que se ha instalado en un nivel más alto al margen de la recuperación económica, porque ahora se ha problematizado”, sostiene el politólogo.

El descontento con la política de este mes de junio es ligeramente inferior al del pasado mes de mayo, cuando alcanzó el 82,3%. Esto es, dos puntos menor, influido por el ánimo que suelen generar las citas con las urnas. En los últimos diez años se observa que la celebración de unas elecciones generales ha coincidido con una mejora sustancial de la percepción de la política: sucedió a principios de 2008 y a finales de 2011 y de 2015 (ver gráfico), coincidiendo con las citas electorales. Este 26-J, sin embargo, la ilusión por la convocatoria electoral se ha notado mucho menos que en las otras tres citas electorales: apenas esos dos puntos de mejora.

El auge del descontento con la política en España coincide con la irrupción de la crisis económica, como demuestra el desarrollo histórico del dato en el CIS. A principios de 2008, el malestar con los representantes públicos apenas llegaba al 30% (26,8%, exactamente), pero a partir de ese año no ha dejado de crecer hasta darse la vuelta por completo: ahora solo dos de cada diez ciudadanos aprueban a sus políticos. Desde finales de 2012 el descontento supera el 70% (con la excepción de las generales de diciembre pasado), y fue en diciembre de 2014 cuando se produjo el récord histórico: entonces, casi un 90% calificó de mala o muy mala la situación política (el 87,8%). En ese mes de hace dos años, por ejemplo, el Gobierno del PP aprobó en solitario la llamada ley mordaza y ultimaba la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para limitar las investigaciones judiciales a seis meses. Pablo Iglesias acababa de ser elegido secretario general de Podemos.

¿Qué ha ocurrido para que el enfado se mantenga o incluso crezca a pesar de la irrupción de los nuevos partidos? “España ha sido siempre un país de desafección. Este concepto combina el apoyo a la democracia con una tradicional desconfianza por todo lo que suene a política. Los españoles solemos manifestar bajos niveles de confianza en nuestras instituciones y partidos, escasa percepción de capacidad de influir en ellos y niveles de conocimiento e interés por la política bastante pobres”, indica Simón. “La llegada de nuevos partidos ha ido pareja al incremento del interés por la política; sin embargo, es lógico pensar que esta desafección hacia todo lo que suene a clase política tiene una cierta resistencia sociológica. Aunque es probable que esto varíe generacionalmente, igual que lo hace el voto”, reflexiona el politólogo.

Menos protestas

La comparación con el malestar en los meses previos al estallido del 15-M suscita otra pregunta: si estamos en niveles superiores de descontento a los que provocaron el movimiento de los indignados, ¿cómo se explica que la movilización social actual sea tan baja? Los datos revelan una caída brusca de la protesta social en 2015: tomando el ejemplo de Madrid y Cataluña, las manifestaciones han caído un 27% y un 54% respectivamente en relación con 2014; el año, junto a 2013, con mayor número de protestas sociales.

“Esto puede obedecer a dos factores”, opina Simón. “De un lado, que la situación económica no sea tan crítica como a principios de la legislatura 2011-2015. Del otro, que la emergencia de una nueva oferta política canalice dentro de las instituciones ese descontento. Por lo tanto, la protesta no es el conducto preferente sino, ante el gran número de comicios que hemos tenido desde 2014, el voto”, concluye. La incógnita es, por tanto, si una vez cerrado el ciclo electoral el descontento saldrá de nuevo a las calles.

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