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El rechazo de Rivera fuerza al PP a redoblar sus ataques a Ciudadanos

Rajoy y los dirigentes populares intensifican las acusaciones contra el candidato naranja como un político no de fiar, sin palabra y cuyo voto puede resultar una carambola

Albert Rivera juega una partida de dominó con un grupo de jubilados.
Albert Rivera juega una partida de dominó con un grupo de jubilados.

Rajoy ya habla de Rivera y le cita a diario con malestar para denunciar su inquina y que su único candidato a presidente sea Pedro Sánchez. Sus lugartenientes se aprestan a elevar el tono y le acusan de que “su palabra ya no vale nada”. El PP refresca su vídeo electoral de la anterior campaña sobre las bolas de billar para evidenciar que votar a Ciudadanos puede resultar una carambola. El PP intensifica ese ataque porque ha comprobado en sus encuestas internas que Ciudadanos pierde algunos votos a su favor pero los recupera de votantes del PSOE y, sobre todo, que Rivera es bien considerado en su electorado.

Durante mucho tiempo, meses, una gran mayoría de los dirigentes más importantes del PP, incluido Mariano Rajoy, han guardado las formas con respecto a Ciudadanos y sobre todo con Rivera. Algunos, como Cristina Cifuentes y Pablo Casado, se declaraban amigos en público. Valoraban su trabajo, arrojo y valentía durante ocho años en el Parlamento catalán y envidiaban más o menos en secreto su facilidad para conectar en las elecciones autonómicas de septiembre pasado con su en teoría mismo electorado. El propio Rajoy y su equipo recuerdan ahora, para contextualizar el tirón de la marca naranja, que el CIS preelectoral para el 20-D, y otros sondeos, les situaban en calidad de competir por la primera posición, por encima de Podemos y cerca del PSOE. Aquella campaña salió mal y Ciudadanos luego se hundió.

El PP rememora esos datos ahora, y no olvida sobre todo el intento de Rivera en el debate de investidura de Sánchez de dividir sus filas al propugnar otro liderazgo distinto a Rajoy, para justificar su idea de que Ciudadanos y su candidato no son de fiar. El estilo de la campaña de Rajoy se diseñó “en positivo” y sin meterse con nadie para diferenciarse. Fue una declaración rimbombante de intenciones. El rechazo casi visceral que el PP está comprobando a diario de Rivera sobre Rajoy ha trastocado esos planes.

El propio Rajoy subraya ahora a diario, sobre todo en las entrevistas, que Rivera le ataca e increpa porque ha tomado partido por Sánchez como único candidato a la presidencia del Gobierno “y yo en eso no le puedo complacer”, comentó ayer en RNE.

Desconcierta la valoración en sus filas del líder naranja

Javier Casqueiro

Mariano Rajoy lo admitió el miércoles en una entrevista en 13tv: sus encuestas internas le están dando al PP muy parecidos resultados que las de los medios privados o el reciente CIS. El PP sigue ahí en primera posición, con Unidos Podemos segundos y el PSOE tercero. Sus sondeos no le conceden mayoría absoluta (176) ni con la suma de Ciudadanos, escaños con los que además ahora ya no cuentan de partida ante sus actuales pésimas relaciones. El PP aguarda que la larga noche electoral del 26-J, y los que prevén malos datos del PSOE, ablanden a los socialistas y a Ciudadanos y permitan con su abstención que Rajoy siga en minoría. Los populares aprecian un trasvase de votos de vuelta hacia sus filas desde Ciudadanos y explican que esa marca no baje en los sondeos porque también recibe voto del PSOE. Lo que les desconcierta y enoja es que sus propios electores valoren muy alto a Rivera.

Rajoy indicó también ayer que “no le enerva” que Rivera insista en que reflexione sobre su marcha para facilitar un futuro Gobierno tras el 26-J pero en sus gestos, durante el reciente debate a cuatro, y en sus respuestas demuestra que sí le descoloca esa insistencia. El líder popular se vio así obligado a responder de nuevo que no ha tenido ninguna presión interna de su partido para abandonar, abundó en que no ha detectado ninguna petición en ese sentido, confesó sentirse muy querido y respaldado porque nota que los cargos y votantes del PP le están ayudando mucho y avisó: “Estoy bien y fuerte”. Luego suelta el discurso de que su proyecto está a mitad de recorrido, que el cambio ya llegó con él en 2011 y que ahora le queda otro mandato entero para perseverar.

Al mismo tiempo en que Rajoy estaba reforzando ese mensaje el PP lanzó a las redes sociales y a los medios un vídeo electoral de la campaña del 20-D, que encantó en su día a Jorge Moragas, el jefe de campaña, donde se ve una partida de billar y se concluye que votar a Ciudadanos puede suponer cualquier cosa por culpa de Rivera que firmó un acuerdo de Gobierno con Sánchez.

Por si no quedaba clara la idea otros dirigentes populares la recalcaron, como el vicesecretario nacional de Organización, Fernando Martínez Maillo: “Nosotros defendemos que sean los ciudadanos quienes elijan y se respete la lista más votada. Sería bueno que todos firmaran por escrito que respetan la lista más votada, porque de palabra ya no vale. En las pasadas elecciones Rivera dijo que apoyaría a la lista más votada pero no lo hizo. Su palabra ya no vale nada”. Y remachó: “Si alguien quiere que salga Sánchez tiene dos opciones como mínimo: o vota al PSOE o vota a Ciudadanos. Después del debate nos hemos dado cuenta de que el pacto entre PSOE y Ciudadanos sigue vigente”.

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