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¿Tiene futuro el nacionalismo?

La globalización y el fin del terrorismo de ETA marcan la adaptación al siglo XXI del independentismo del XX

El lehendakari Urkullu despliega una ikurriña este sábado en un mitin en Getxo (Bizkaia).
El lehendakari Urkullu despliega una ikurriña este sábado en un mitin en Getxo (Bizkaia). EFE

La actitud excluyente de numerosos Estados nacionales europeos ante la recesión y la crisis de los refugiados; el auge del populismo en Europa; el reto secesionista catalán, tras el desafío vasco en la década anterior, unido al terrorismo de ETA, que esgrimió la autodeterminación como justificación de sus asesinatos, han desprestigiado al nacionalismo, al que se vincula con grandes matanzas del siglo XX. Mario Vargas Llosa señalaba hace un año en Barcelona: “El nacionalismo es la forma más perniciosa del populismo”. Y añadía: “Entraña una violencia potencial”.

Sin embargo, la descalificación generalizada del nacionalismo encuentra algunos rechazos. Juanjo Álvarez, catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad del País Vasco (UPV); Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y Social, director de Gobernanza Democrática y candidato de Geroa Bai; e Iñaki Goikoetxeta, responsable de relaciones exteriores del PNV, consideran que “hay varios nacionalismos”.

Los tres señalan que es verdad que por la patria se han hecho barbaridades, pero que su nacionalismo no se identifica con la xenofobia ni con el exclusivismo ni con el populismo ni con las matanzas del siglo XX. “No concebimos la nación vasca contra España ni contra nadie. No nos desentendemos de España ni de Europa” coinciden los tres expertos que asesoran al lehendakari Iñigo Urkullu en la renovación del nacionalismo vasco.

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DANI CORDERO

Convergència Democràtica es la formación nacionalista por antonomasia en Cataluña. Lluís Corominas, uno de los miembros de su dirección, niega que el concepto obedezca a una oposición a otros nacionalismos —“como podría ser el español”— y que se refiere “a un sentimiento de pertenencia y con el objetivo de crear una sociedad más justa e inclusiva”. La mutación que ha sufrido el partido hacia el independentismo, dice, “es instrumental, porque al final lo que intentamos es una transformación social en positivo” que choca con un planteamiento de cómo se hacen las cosas. “Nuestro nacionalismo tiene un punto de inflexión en la última década porque los planteamientos han cambiado y aquel instrumento pactista y de clases medias es ahora insuficiente”, dice.

Goikoetxeta reconoce el carácter xenófobo y exclusivista del nacionalismo vasco en sus orígenes y la identificación de nacionalismo y secesión tras el Tratado de Versalles en el siglo XX. También admite que fue un “error político” la ley de consultas de Juan José Ibarretxe y la “contaminación de su proyecto” por el apoyo de una Batasuna cómplice de ETA. Confiesa que pensaron en sustituir el término “nacionalista” por “nacional” de las siglas del PNV por sus connotaciones negativas.

Innerarity y Álvarez precisan que hoy, con la globalización, “quienes practican el exclusivismo y la xenofobia son numerosos Estados al frenar la ayuda a los refugiados mientras comunidades autónomas en España, algunas nacionalistas, son modelo de solidaridad”. Los tres creen en un nacionalismo moderno e integrador: “Está muy extendido que quien pone el acento en una visión territorial, aunque no esté reñida con el todo, va contra el interés general”. Y coinciden en que hoy existe espacio para un nacionalismo cívico e integrador que rechaza la secesión. “Es inadmisible no reconocer esa evolución”.

Goikoetxeta defiende un nacionalismo moderno que “salvaguarda la cultura, la lengua y un patrimonio histórico que es europeo, unas competencias económicas para contribuir al todo y que nada tiene que ver con el populismo etnicista del Frente Nacional en Francia”.

Álvarez aboga por “un nacionalismo cívico que antepone la persona a la ideología, respeta la singularidad y se desarrolla en una realidad estatal; con una visión europea del mundo en la que la nación vasca ocupa su lugar en el Estado español” a la par que reivindica la historia democrática y europeísta del PNV y su rechazo a la violencia. “Cualquier nacionalismo sin respeto a los derechos humanos es puro fascismo”, cita al nacionalista Manuel Irujo, ministro de Justicia durante la Guerra Civil. Considera que ha fracasado en Euskadi un nacionalismo “basado en la acción-reacción, en la búsqueda de un enemigo exterior, en el agravio; no ha prendido ni en la sociedad vasca ni en sus dirigentes políticos”.

Los tres desvinculan nacionalismo e independencia en el mundo globalizado. Admiten que no son independentistas y que esta no tiene sentido en el mundo del G-7, del G-20. “¿Son España o Portugal independientes de Europa cuando los Estados nacionales han perdido competencias como la moneda y los ejércitos? Vivimos en un mundo federalizado. Somos un país pequeño dentro de España. Queremos que el Estado respete nuestro autogobierno y reconozca la pluralidad de naciones”, señalan Goikoetxeta y Álvarez.

“No demandamos independencia sino bilateralidad”, concluyen. No les sorprende la caída del independentismo con la globalización. “Hubo un tiempo en que el nacionalismo estaba acomplejado con Batasuna por su defensa de la autodeterminación”.

Rechazan que el nuevo modelo sea coyuntural. “Ha venido para quedarse porque la globalización ha cambiado la sociedad”. Su modelo es “solidario” y Baviera una referencia posible. “Nuestro modelo no es el étnico de Kosovo. Es abierto e integrador”, señalan.

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