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ANÁLISIS

Partidos Kodak y ‘selfies’

El sentimiento negativo hacia la “vieja política” afectó menos al partido conservador, que mantenía una base electoral fiel

Mariano Rajoy, el sábado pasado en Barcelona.
Mariano Rajoy, el sábado pasado en Barcelona.

A los partidos que protagonizaron durante décadas la vida política e institucional se les bautizó como “partidos Kodak”. La marca fundada por George Eastman en 1888 había dominado de tal forma el mundo de la fotografía que la instantánea perfecta era conocida popularmente como un momento Kodak. La revolución digital llevó a la quiebra a la empresa y desapareció de la noche a la mañana.

El desencanto provocado por la crisis, apuntaron los expertos, despertó entre la ciudadanía un sentimiento más antisistema que antipolítica. Se reverenciaba la democracia frente a cualquier otra forma de Gobierno, pero se rechazaba a las formaciones políticas que tradicionalmente se habían repartido el poder.

Surgieron nuevas formaciones que tenían tres puntos en común: condenaban el bipartidismo tradicional, adoptaban la pose de disidentes o inconformistas y añadían a su discurso una buena dosis de populismo.

El sentimiento negativo hacia la “vieja política” afectó menos al partido conservador, que mantenía una base electoral fiel aunque avejentada, que al socialdemócrata. Ambos, en cualquier caso, intentaron espantar el antielitismo instalado entre los electores a base de selfies: fue la primera campaña en la que los candidatos aprovechaban cualquier ocasión para fotografiarse entre fervientes seguidores. También decidieron renunciar a la entrevista periodística convencional y acudir masivamente a los programas de entretenimiento, para someterse a los interrogatorios de las estrellas de moda.

El candidato conservador, sin embargo, no lo llevaba tan bien. Se quejaba de que el nuevo modo de hacer política era frustrante, y decidió más bien calificar a los partidos emergentes como una amenaza radical, y de paso asociarlos a su rival socialdemócrata.

¿Les suena todo esto? Era el debate académico que precedió a las elecciones de 2015 en el Reino Unido.

La conclusión más inteligente de los expertos fue que, si aspiraban a sobrevivir en el nuevo entorno, los partidos tradicionales debían encontrar la forma de enlazar el deseo general de que se hiciera política de otro modo con respuestas maduras y realistas. Ofrecer un proyecto coherente de país capaz de compatibilizar una economía globalizada y la lucha contra una desigualdad creciente.