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Sánchez trata de hacer respetar su liderazgo a 50 días de las elecciones

La desautorización del líder socialista al presidente valenciano, Ximo Puig, para que negocie con Podemos y Compromís supone un golpe de autoridad

La desautorización de Pedro Sánchez al presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig —el secretario general del PSOE ha vetado la negociación con Podemos y Compromís para una candidatura conjunta al Senado—, supone un golpe de autoridad ante posibles intentos de cuestionar su liderazgo. Este episodio, a 40 días de las elecciones, se entiende entre los líderes territoriales como una señal de Sánchez: va a ejercer plenamente su poder.

El presidente valenciano, Ximo Puig, y el alcalde de Alicante, Gabriel Echevarri.
El presidente valenciano, Ximo Puig, y el alcalde de Alicante, Gabriel Echevarri.

No habrá muchos socialistas en España que defiendan una candidatura conjunta al Senado con Podemos. Así lo sabe el secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, que va a intentar “hacer pedagogía” ante la dirección federal, pero que renuncia de antemano a pulsos y órdagos. Mañana se reúne la comisión federal de listas del PSOE y, si llegaran candidaturas acordadas en el PSPV con Podemos y Compromís, serían rechazadas sin la menor duda.

No es el resultado, por tanto, lo que preocupaba a Sánchez, dado que esas listas serían tumbadas e invalidadas. Antes de llegar a ese extremo, el secretario general del PSOE ha querido dar un golpe de autoridad y exigir a la dirección de los socialistas valencianos que desistan de intentar esa negociación. Otros líderes territoriales viven este episodio, que previsiblemente quedará hoy zanjado por desistimiento de Puig y su ejecutiva, con preocupación y con la certeza de que el resquemor de Sánchez a ver cuestionada su autoridad ha movido tan drástica advertencia.

La conversación entre el impulsor de las negociaciones, Puig, y el propio Sánchez avala la tesis de que este quiso dejar claro quién tiene la autoridad y la potestad en un partido federal como es el PSOE: el secretario general. Y el comité federal. “Voy a acatar lo que digas, puedes estar tranquilo, no habrá ninguna rebelión”, le aseguró Puig a Sánchez en una tensa y dura conversación telefónica en la noche del martes.

El líder del PSOE tenía en su mano la resolución que había aprobado la ejecutiva el PSPV, acordando el comienzo de negociaciones con Podemos y Compromís, y comunicó a Puig que no solo no le permitía las conversaciones, sino que esa resolución tenía su desaprobación. En el curso de la conversación, Sánchez invocó su condición de secretario general, señalan fuentes de la dirección socialista valenciana.

Estas invocaciones, a las que aluden algunos líderes territoriales, les sirven para constatar que Sánchez considera cuestionado su liderazgo. En la dirección socialista se afirma que el tono de Sánchez fue “claro y firme”, pero sin “faltar al respeto” a Puig. El presidente valenciano es consciente de que el cuestionamiento interno al secretario general ha perjudicado su iniciativa, como también que Pablo Iglesias el día anterior hubiera lanzado una oferta de listas conjuntas para toda España. No surtió efecto que Puig, en un tono fuerte, explicara a Sánchez que, en solitario, con seguridad el PSOE no obtendrá representación para el Senado en su comunidad. No era no.

Susana Díaz

Este episodio se produce inmediatamente después de que el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, expresara su certeza de que Susana Díaz, presidenta de Andalucía, aspirará a ser la secretaria general del PSOE. Esa afirmación fue acogida con enorme malestar en la sede federal del partido, como le hicieron saber al político extremeño. Aunque la decisión, e incluso la convicción de los barones territoriales de que ahora solo toca la campaña y posponer el debate por el liderazgo era firme, el resquemor mutuo emerge a la primera de cambio. “La herida del PSOE se llama división interna”, les dijo Sánchez a los suyos en el último comité federal. En el equipo de Sánchez se diferencia el sentir de algunos barones de la lealtad de los militantes. A ellos apela constantemente el secretario general de los socialistas.

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