El hombre cuyo semen se halló en la ropa de Asunta: “Nunca la vi”

Testifica el vecino de Madrid que estuvo imputado por culpa de un supuesto error del laboratorio de Criminalística. Los abogados de los acusados intentan desacreditar la coartada de este colombiano

Personal del juzgado sigue el caso desde la sala de prensa.EFE (atlas)

La noche del levantamiento del cadáver, en el cuello de la camiseta de Asunta se vislumbraron unas manchas blancas de tipo biológico cuyo origen la luz forense no pudo determinar. En el informe que se levantó en aquel momento se indicó que podría tratarse de semen entre otras opciones, ya que se trataba de la muerte violenta de una hembra menor de edad, aunque enseguida se comprobó que no había habido agresión sexual. Pero aquel detalle, que hubiera pasado sin pena ni gloria una vez avanzada la instrucción, se transformó en episodio delirante a causa de un error garrafal, injustificable, que tuvo lugar en el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Madrid. Ningún profesional en concreto asumió el fallo, pero allí, según concluyó muchos meses después el juez que investigó la muerte de la cría, José Antonio Vázquez Taín, se había producido la contaminación con semen de un varón investigado por otros hechos cuando se cortaron con las mismas tijeras, supuestamente sin esterilizar, el condón que era prueba de su delito y la camiseta que llevaba puesta la niña compostelana el día del crimen.

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La prenda de Asunta fue enviada a la capital de España para su análisis, precisamente porque presentaba algunas manchas que podrían arrojar luz sobre los hechos. Pero cuando murió por asfixia la pequeña de 12 años, R.C.J., de nacionalidad colombiana y vecino de Arroyomolinos (Madrid), ya había salido de la cárcel en la que entró por causa de una agresión sexual denunciada por una joven tras una fiesta privada. Él mismo rebuscó en la basura, en aquella ocasión, el preservativo usado con el que había perpetrado su supuesto delito y se lo entregó a los agentes que lo detuvieron. Así llegó su esperma a las mesas de trabajo de la Guardia Civil.

El gran fiasco, es decir, cómo luego se transfirió a la ropa de la niña, tiñendo aún de mayor sordidez el caso gallego, nunca quedó suficientemente claro. Finalmente, la investigación sobre este hombre, que había sido imputado en la causa contra Rosario Porto y Alfonso Basterra y fue bautizado por algunos medios de comunicación como “el hombre del semen”, quedó definitivamente archivada. Pero este jueves el bochornoso suceso ha vuelto a ser noticia. Basándose en algunas contradicciones detectadas en sus declaraciones de hoy y de otras fechas, la defensa de Rosario Porto y Alfonso Basterra han intentado esta mañana desacreditar la versión dada por él mismo y personas de su entorno a través de una videoconferencia con los juzgados de Madrid.

A lo largo de este juicio, José Luis Gutiérrez Aranguren, abogado de Porto, se ha referido insistentemente a este chico como “el hombre del semen”. Hasta el punto de que hace dos días el juez presidente del jurado popular, Jorge Cid Carballo, le terminó prohibiendo usar en adelante la expresión, por despectiva, y por la “poca gracia” que le podría hacer al ahora desimputado. Hoy, R.C.J., su hermana, una amiga de la familia y la que entonces era su novia y hoy esposa, todos ellos en calidad de testigos, han rememorado los acontecimientos del día 21 de septiembre de 2013, fecha del supuesto asesinato de Asunta, para demostrar, nuevamente, que habían estado en Madrid. La fortuna, para el hombre que en su momento llegó a estar imputado por un posible error de laboratorio fue que, durante la cena en la Tranquera, un restaurante colombiano de Aluche, se hiciesen fotos con el móvil de su hermana que esta, inmediatamente, subió a Facebook. Si no fuera por esto, quizás no habría podido demostrar eso en lo que hoy se ratificó: que ni conocía a la familia Porto Basterra, ni en septiembre ni en todo el año 2013 había estado en Galicia.

Aquella jornada, su teléfono dio señal en Madrid, pero según él tuvo problemas con la cobertura porque, casualmente, aquellos días cambió de compañía, de Movistar a Orange. Además, cuando durante la investigación le hicieron recordar qué había hecho aquel sábado, dijo que había ido al centro comercial Xanadú, en concreto a El Corte Inglés, para recoger con su hermana el traje de su boda, prevista para enero de 2014. Pero cuando la Guardia Civil se presentó en el establecimiento para hacer acopio de las grabaciones de seguridad se encontró con que ya habían sido borradas. Además, el dependiente que supuestamente le entregó el traje, encargado y abonado días antes, no se acordaba de nada. El único vendedor que sí rememoraba algo era el que lo había atendido cuando dos semanas antes había elegido para la ceremonia nupcial un traje “beige clarito de una marca nueva”. Se le quedó grabada en la mente la compra porque “casi nadie se casa de ese color”. Los dependientes, al igual que el responsable del restaurante en el que había cenado la familia, han testificado también esta mañana. Ninguno puede asegurar lo que hizo R.C.J. aquel sábado 21 de septiembre. Pero la Guardia Civil confirmó que las fotos del restaurante se habían subido a Facebook en aquella fecha.

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