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Líderes del PP reclaman a Rajoy caras nuevas en las listas de las generales

Dirigentes territoriales abogan por renovar a los cabezas de lista en las siete provincias prioritarias para los conservadores

Rajoy, rodeado del jóvenes del PP valenciano
Rajoy, rodeado del jóvenes del PP valenciano, el 3 de octubre.

Relevantes dirigentes territoriales y de la cúpula nacional del PP presionan a Mariano Rajoy para que entienda que, de cara a las elecciones generales del 20-D, es necesario aplicar en las listas y en los números uno de las siete provincias prioritarias donde se juega la presidencia una profunda renovación de la vieja guardia. Rajoy comprende la urgencia de los cambios ante el espejo de Ciudadanos pero tiene compromisos para ubicar a todos sus ministros menos dos, y quiere evitar una crisis. No hará nada hasta disolver las Cortes.

Las elecciones a la Presidencia del Gobierno de España se juegan en realidad y desde hace tiempo en siete provincias, las que tienen más de un millón de habitantes y se reparten 127 escaños. Son las circunscripciones prioritarias, en las que los estrategas vuelcan sus campañas y por las que deben pasar, incluso varias veces, las caravanas de todos los candidatos con pretensiones. En el cuartel general del PP las tienen marcadas en un mapa. Esas listas, propuestas en principio por los comités electorales locales y refrendadas luego por el nacional, son miradas con una lupa más grande.

El PP amasó ahí en 2011, en esas siete provincias clave donde se disputan 127 diputados, un total de 62 actas. Ahora serán muchas menos. Una media del 20% menos, como auguran por ahora las encuestas para toda la marca. Y es en esas siete circunscripciones (Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Sevilla, Málaga y Murcia) donde los populares vaticinan además que Ciudadanos puede tener más opciones de entrar en la pugna por los diputados como tercera fuerza política, por detrás suya y del PSOE. En la mayoría de las provincias más pequeñas el número de diputados en liza son tres, cuatro o cinco y se los dividen tradicionalmente PSOE y PP por efecto de la ley D'Hondt.

Las provincias clave

Entre las siete provincias primordiales y las seis siguientes en tamaño (Cádiz, Vizcaya, A Coruña, Baleares, Las Palmas y Asturias) se agrupa el 60% de la población y 175 escaños, la mayoría absoluta. El PP lleva entre 20 y 30 años presentando en muchas de esas circunscripciones al mismo número uno y sin tocar tampoco mucho los puestos más visibles. Madrid aparte, por su peculiar escaparate, los casos más evidentes son los de Barcelona con Dolors Nadal y Jorge Fernández Díaz, de Alicante (Federico Trillo), Málaga (Celia Villalobos), Cádiz (Teófila Martínez) o Murcia (Pilar Barreiro).

Acomodos y comodines a la lista de Madrid

Madrid no es solo la circunscripción por la que se presentan los candidatos a la Presidencia del Gobierno. Es, además, una tarta electoral que reparte 36 escaños y de la que los populares se engulleron 19 en 2011. Mariano Rajoy será el número uno y Soraya Sáenz de Santamaría la dos del PP en Madrid. Eso es seguro. Lo demás es discutible y estará sujeto a todo tipo de pactos y repartos. De la candidatura de 2011, además, se han caído por el camino muchas piezas y esos huecos son muy disputados. No estarán seguro los exministros Alberto Ruiz-Gallardón y Miguel Arias Cañete, ni el exsecretario de Estado Ignacio Astarloa o la dirigente de la FAES Cayetana Álvarez de Toledo (próximos a José María Aznar). Y hay dudas sobre parlamentarias próximas a Esperanza Aguirre como Eva Durán. Otros veteranos como Mario Mingo y Eugenio Nasarre han adelantado su marcha.

En las vacantes de Madrid se da por seguro que Rajoy tomará cartas e incluirá algunos nombres de su máxima confianza. Dos personas de su entorno ahora en La Moncloa, como Jorge Moragas y José Luis Ayllón, que fueron en el pasado por Barcelona, podrían ser trasladados a la lista de la capital, como podría suceder con el ministro Cristóbal Montoro o Javier Arenas, para dejar paso en Sevilla a opciones nuevas, si lo permite el exalcalde Juan Ignacio Zoido.

Otros de los grandes escollos por resolver es el de María Dolores de Cospedal, secretaria general y en teoría número dos del PP. La mayoría de los dirigentes y ministros consultados la sitúan fuera del Congreso, como jefe de la oposición en Castilla-La Mancha y a la espera de destino tras el próximo congreso nacional del partido en 2016.

Varios barones territoriales del PP le han hecho llegar a Rajoy y su equipo hace meses su preocupación e inquietud por el tipo de listas que el partido se plantea de entrada para muchas de esas provincias. Sobre todo para una gran parte de sus números uno, que representan otra época de la historia del partido. Rajoy ha tenido esa conversación, entre otros, con dirigentes del PP en Galicia, Andalucía, Comunidad Valenciana, Murcia y Cataluña. Varios de los actuales nuevos y jóvenes vicesecretarios generales, nombrados en junio pasado, también han escuchado la misma queja y han entendido el mensaje pero se han mostrado un tanto escépticos sobre que Rajoy vaya a “dejar en la estacada justo ahora a algunos veteranos que le han acompañado durante toda su trayectoria”.

Un líder regional del PP, sin embargo, ha concluido, tras escuchar directamente a Rajoy, que al final podría aplicar una renovación mayor de la que el mismo presidente hubiera deseado de entrada. Cambiar las listas, y sus números uno sobre todo, es una de esas tareas ingratas que preferiría delegar a otras personas de su equipo. Rajoy, que lleva más de 30 años en el PP y en todo tipo de cargos, tiene además un sinfín de compromisos personales y políticos. El primero, ahora, con su actual gabinete en La Moncloa.

Todos los ministros de su Gobierno menos Luis de Guindos y Pedro Morenés han expresado de distintas maneras sus deseos de estar en la siguiente legislatura en el Congreso. Y no es fácil encajarlos a todos. Algunos de sus exministros también, como es el caso de Ana Mato, a la que se ubica seguro en la candidatura de Madrid, o de Javier Arenas, que podría ir por Almería o también por Madrid.

En el PP sospechan que al final se producirá lo que denominan como “una renovación al estilo Rajoy”. Es decir, por supuesto que no habrá tabla rasa de los más veteranos, pero sí algunos cambios importantes.

El presidente del partido lo que sí ha trasladado, en cualquier caso, es que no quiere enfrentarse a este problema hasta que convoque oficialmente las elecciones, el 19 de octubre, entre otras razones para no convertir el Congreso “en una jaula de grillos” entre los diputados salientes y los que querrían entrar.

Los populares están pendientes ahora de constatar hasta dónde llega su caída electoral en el próximo sondeo del CIS de este mes de octubre, porque según el último barómetro de antes del verano, seguían en primera posición por delante del PSOE, Podemos y Ciudadanos. En este tiempo ha habido muchas encuestas, con resultados bastante peores para el PP, pero que en el partido justifican por la influencia de las peculiares elecciones catalanas.

En la cúpula del PP se descarta totalmente la posibilidad de un sorpasso y se limita el auge de Ciudadanos a los entre 25 y 30 escaños que podrían arañarles precisamente en Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía.

Los directores de la Policía y la Guardia Civil

La confección de las listas electorales es un rompecabezas para los responsables de los aparatos de los partidos y así será ahora de nuevo en el PP. Todos los ministros han anticipado su deseo de ir al Congreso menos dos y luego habrá que buscar acomodo a varios secretarios de Estado y a algunos directores generales. En el caso de los ministros y secretarios de Estado pueden compatibilizar hasta el final su tarea en el Ejecutivo con las labores de campaña en la circunscripción donde les hayan acogido. Los directores generales como el actual responsable de la Policía, Ignacio Cosidó, y el de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, tendrán que dimitir para poder ir en las listas, después de que hayan expresado su deseo.

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