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El terrorista con bigote y cerveza

El atentado de El Descanso, sin resolver pese al retrato robot del sospechoso

Un superviviente ha reconocido a Mustafá Setmarian, pero la policía no le cree

Retrato robot del sospechoso junto a Mustafá Setmarian Nasar.
Retrato robot del sospechoso junto a Mustafá Setmarian Nasar.

¿Quién era el hombre del bigote que tomó una cerveza en la barra del restaurante barbacoa El Descanso a las 22.30 del 12 de abril de 1985? Han pasado 30 años y su imagen sigue presente en la memoria de varios supervivientes de aquel atentado que causó 18 muertos, decenas de heridos, y se convirtió en el primer acto terrorista de la yihad en España. El retrato robot que confeccionó la policía con sus testimonios está, en cambio, sepultado en los legajos de una vieja causa de la que casi nadie se acuerda.

Gregorio Fernández de la Cueva Martínez, de 44 años, el camarero que atendió aquella noche a aquel enigmático hombre, lo señaló como el principal sospechoso y describió así: “Unos 27 años, un metro setenta de estatura, complexión normal, pelo castaño tirando a rubio, pequeño bigote, peinado para atrás y pelo más bien corto; vistiendo cazadora militar de color verde”; Alberto O. de 61 años, que perdió a su novia Mercedes y a su amigo Arturo Cruz, hizo una descripción idéntica; y Cristina Salado, de 59 años, cuyo esposo falleció, ofreció un retrato extraordinariamente parecido y añadió que era un hombre “atractivo”. La única diferencia fue el color y modelo de su ropa. Todos dieron la misma edad: unos 27 años.

La declaración más precisa sobre el sospechoso hombre del bigote la facilitó Gregorio, el camarero: “Me infundió sospechas porque toda la gente que esperaba para cenar estaba en grupos y él, solo, cuando lo normal es que la gente se quede a cenar. Me pidió en perfecto castellano un botellín. Lo observé durante diez minutos porque no me había abonado la consumición. Se sentó durante cinco minutos en las mesas junto a la entrada del local, en la más próxima al cerillero. Se levantó a pedirme otra cerveza y la pagó con una moneda de cien pesetas. No habló con nadie”, señala su testimonio de hace tres décadas.

Cristina Salado añadió otros detalles relevantes. Manifestó que el sospechoso “se mostraba un tanto nervioso y portaba un bolso de bandolera, de color claro, tal vez piel o similar, que depositó en el suelo, pegado a la barra del bar, delante de ellos, no recordando si posteriormente se lo llevó, ni cuándo se marchó, si es que lo hizo”. Alberto Ortega, el otro testigo, describió el mismo bolso de bandolera y coincidió en que lo dejó bajo la barra. El camarero no recuerda si el hombre del bigote llevaba algo consigo.

Con los testimonios de estos y otros supervivientes la policía elaboró un retrato robot (que se reproduce en está página), pero los agentes de la Unidad Central de Información Exterior —la dedicada a investigar el terrorismo islamista—, que dirigía el comisario Miguel Pulido Ruiz, no encontraron ninguna similitud con los islamistas que en aquellas fechas residían en Madrid; tampoco con Mustafá Setmarian, un sirio que a sus 26 años acababa de llegar a Madrid huyendo del Gobierno sirio y al que un superviviente del atentado —hoy testigo protegido— reconoció veinte años después, en 2005, como presunto autor del atentado al ver su fotografía en los periódicos. Para entonces Setmarian, Abu Musab al Asuri, había alcanzado ya la cúpula de Al Qaeda Central y el FBI ofrecía cinco millones de dólares por su captura.

El 14 de abril de 1985, tres días después de la matanza, la Jihad Islámica reivindicó en Beirut (Líbano) “de forma fehaciente” el atentado. Al día siguiente la Jefatura Superior de Policía de Madrid elaboró un informe que apuntaba al terrorismo yihadista. Y lo argumentó en tres antecedentes: 1) que el explosivo utilizado era de similar características al empleado en un hotel a las afueras de Atenas frecuentado por norteamericanos de la base de EE UU, que fue reivindicado por el grupo Jihad Islámica; 2) en la explosión de un artefacto similar en la Agencia de Viajes Turvisa, de la madrileña calle de San Bernardo, que realizaba “una profusa propaganda acerca de viajes a Israel”; y 3) en que la Jihad Islámica, grupo radical chií proiraní fundado en el Líbano en 1982, había perpetrado un asesinato el verano anterior y los agentes sabían que este grupo proyectaba más atentados. Las investigaciones se centraron en grupos chiíes residentes en España, tanto de origen iraquí como libanés.

Los bomberos trasladan a uno de los cadáveres rescatados del sótano del restaurante El Descanso, en abril de 1985. ampliar foto
Los bomberos trasladan a uno de los cadáveres rescatados del sótano del restaurante El Descanso, en abril de 1985.

Dos semanas después del atentado, la pista de la Jihad Islámica creció con un nuevo comunicado de este grupo terrorista: “El islam está preparado. España e Italia son los primeros objetivos. El atentado de Madrid ha sido el inicio de la guerra santa islámica. Muerte a Estados Unidos. Los apóstoles de la muerte están preparados para reemprender la guerra santa”.

Rafael Vera, entonces subsecretario del Ministerio del Interior que dirigía José Barrionuevo, lo recuerda así: “Las imágenes eran dantescas, algo muy parecido a lo que estamos viendo ahora. Vinieron equipos del FBI y la CIA para ayudarnos, pero entonces no teníamos mucha información sobre estos grupos. Era muy difícil. Creo que todo se hizo desde fuera, que aquí no tuvieron cobertura ni logística. Era un explosivo muy casero que habían traído desde alguna embajada. En los noventa apareció un hilo tras una oleada de secuestros franceses en el Líbano, pero no se llegó a ninguna conclusión. No había nada en lo que engancharse porque no habíamos sufrido nunca nada parecido”.

El reconocimiento de Mustafá Setmarian por parte de un superviviente reabrió el caso que se había archivado provisionalmente en 1987 por falta de autor conocido. El juez Ismael Moreno tomó declaración al testigo y le otorgó la condición de protegido. En su testimonio incidió en el parecido entre la persona que vio sola en la barra del bar el día de la explosión —la bomba explotó allí mismo— y la foto del sirio español que 20 años después había visto en la prensa.

Mustafá Setmarian, en un vídeo de Al Qaeda.
Mustafá Setmarian, en un vídeo de Al Qaeda.

Un informe inédito de la Comisaría General de Información, fechado el 19 de diciembre de 2005 y dirigido al juez, concluye que “hasta el día de la fecha no se ha podido llegar a establecer algún tipo de vinculación directa o indirecta entre Mustafá Setmarian y el atentado del restaurante El Descanso”. El documento repasa la llegada del actual dirigente de Al Qaeda a España, en las mismas fechas del atentado, sus actividades en este país, Reino Unido y Afganistán y su desaparición en Pakistán, pero no analiza ni valora las similitudes entre el retrato robot que hicieron del sospechoso los supervivientes y la fotografía del joven Mustafá de aquella época, aunque sí recoge parte de sus testimonios.

La policía apuntó en ese informe a la autoría de grupos palestinos y lo explicó así: “Servicios de inteligencia occidentales apuntaban la posible autoría del hecho a una persona llamada Hamza Tirawi, militante de la facción Salim Abu Salam del Frente Popular para la Liberación de Palestina”, pero la muestra de su fotografía a los supervivientes no dio resultados. Nadie lo reconoció.

El informe policial resta valor a los relatos de los testigos, pese a su coincidencia en señalar al mismo sospechoso y describirlo con detalle. “En cuanto a los testigos del hecho ha de hacerse constar que los testimonios fueron mínimos y en su mayoría exentos de valor, extremo este que ha dificultado la identificación de los presuntos autores”, afirma el documento.

Ni una sola referencia al misterioso hombre del bigote. Los testigos se preguntan por qué.

investigacion@elpais.es