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El ébola, casi 10.000 muertos después

MSF denuncia la escasa implicación de España en el freno de la epidemia: el 0,4% del gasto

Un miembro de Médico Sin Fronteras en Kailahun (Sierra Leona). msf

El último año, en el actual África occidental, se ha traducido en casi 10.000 muertos por ébola. En más de 24.000 infectados. En medio millar de sanitarios fallecidos. En la desestructuración del sistema de salud de tres países: Liberia, Guinea y Sierra Leona. Desbordados. Superados por el brote más virulento de la historia. Y olvidados. Porque a finales de marzo se cumplirá el primer aniversario de la declaración de la epidemia y, este jueves, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha denunciado la lenta y escasa respuesta de la comunidad internacional, su corta visión política y su falta de solidaridad. Entre otros, de las autoridades de España.

"Aquí hay que hablar claramente de la responsabilidad de los Estados, que han pensado que esta epidemia era algo que se producía muy lejos, en zonas rurales... Han tardado mucho tiempo en darse cuenta del impacto humano y de la dimensión del brote. Y, después, la respuesta ha sido tímida", analiza Joan Tubau, director general de MSF. Sus palabras resuenan en el interior de una tienda de la ONG, apostada en mitad de la madrileña plaza de Sánchez Bustillo, frente al Museo Reina Sofía. En este punto de la capital, la organización ha reproducido un centro de tratamiento de pacientes con ébola. Aquí, sus "expatriados", quienes se trasladaron en el último año hasta África occidental, explican cómo combatieron la propagación de la enfermedad. Recuerdan historias como la de Adama, la primera mujer con ébola que ingresó en un centro especializado para embarazadas abierto en Freetown (Sierra Leona) —y que sobrevivió, aunque perdió a su hijo—.

Momentos, muchos de ellos, en los que los voluntarios se sintieron "solos", abandonados por Naciones Unidas y los principales Gobiernos del planeta. Tanto, que pidieron en octubre el "apoyo excepcional de la población, porque la comunidad internacional no respondía". Una campaña a la que se sumaron 270.000 españoles, que donaron a nivel particular más de 3,5 millones de euros; según las cifras difundidas este jueves por MSF.

Datos de la exposición

  • El centro de tratamiento de pacientes de Médicos Sin Fronteras, ubicado en la plaza de Sánchez Bustillo, permanecerá abierto hasta las tres de la tarde del domingo.
  • Madrid acoge la última etapa de la iniciativa de MSF, que ha pasado ya por seis ciudades españolas. Más de 4.000 personas se han adentrado en el campamento de la ONG.
  • La organización ha instalado varias tiendas de campaña en la plaza, donde explican cómo trabajan los médicos (cómo se visten y desviste, cómo atienden a los pacientes), en qué condiciones se encuentran los enfermos, y qué actividades de prevención desarrollan.

El Gobierno español, ha incidido la ONG, aportó un total de 9,5 millones de euros: solo el 0,4% del dinero que se ha requerido hasta ahora para el operativo. "España podía haber jugado un papel fundamental en esta crisis. Podría haber enviado expertos civiles y militares, como se le pidió. Pero no lo hizo", sentencia Tubau, que recuerda la negativa del Ejecutivo de permitir utilizar Las Palmas como centro logístico para coordinar la respuesta a la enfermedad en África Occidental. "Y eso, en un país que ha visto la epidemia muy cerca", remacha el director general de la organización. Los españoles Miguel Pajares y Manuel García Viejo fallecieron por el ébola. Y Teresa Romero la contrajo, aunque logró superarla.

La situación, en los últimos meses, ha cambiado. A mejor. Según ha informado Efe, la Unidad de Tratamiento del Ébola de Monrovia (Liberia), ha dado de alta este jueves a Beatrice Yardolo, la última paciente con la enfermedad que quedaba en el país. Aunque en Guinea y Sierra Leona se ha registrado la semana pasada un repunte de personas diagnosticadas. "Y cualquier complacencia ahora podría poner en peligro los avances logrados", destaca MSF, que insta a la comunidad internacional a no "perder" esta oportunidad.

Lejos queda el verano de 2014. Teresa Sancristóval, de 44 años y coordinadora de emergencias de la ONG, recuerda ese "inhumano" mes de agosto, cuando "tenían a gente muriéndose en la puerta de los centros de tratamiento porque no podían acoger más pacientes". Entonces le recorría la indignación por el cuerpo. "Ahora estamos mejor que hace dos meses", dice. Pero, de inmediato, alerta: "En mayo creíamos que la epidemia se podía acabar en Guinea. Y aquí estamos un año después...".

Sistemas de salud deteriorados

Ramiro García, un enfermero de 37 años de Fuenlabrada (Madrid), pasó cerca de dos meses y medio en Sierra Leona. Participó en la campaña de distribución de medicamentos contra la malaria, que MSF puso en marcha cuando detectó que el tratamiento de esta enfermedad había empezado a deteriorarse a raíz del brote del ébola. Los centros de salud del país no daban a basto. Y quienes contraían la malaria, que presenta al principio síntomas parecidos  al ébola, acudían a los centros especializados en esta segunda enfermedad. Todo un riesgo, pues podían contagiarse. "Nos tuvimos que centrar mucho en concienciar a los ciudadanos de que debían tomar este medicamento —que combate la malaria y, además, tiene un efecto de prevención—". "Llegamos a casi dos millones de personas", sentencia García. 

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