España dirigirá el Comité de la ONU que vigila las sanciones a Irán

El embajador español presidirá el Consejo de Seguridad en octubre próximo

El Consejo de Seguridad de la ONU, el pasado 30 de diciembre.
El Consejo de Seguridad de la ONU, el pasado 30 de diciembre.PETER FOLEY (EFE)

En octubre de 2015, España vivirá su momento estelar en la escena internacional. Durante ese mes, a solo un mes de las elecciones generales, el representante español presidirá las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU, el máximo órgano decisorio a nivel mundial. Lo normal es que sea el embajador español ante Naciones Unidas, Román Oyarzun, quien ejerza esta función, pero se da por sentado que habrá alguna reunión de cancilleres, presidida por el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, y ni siquiera se descarta una cita al máximo nivel, con Rajoy dando la palabra a Barak Obama, François Hollande y Vladimir Putin. Una imagen improbable, pero no imposible, según fuentes diplomáticas, pues en diciembre se celebra en París la decisiva cumbre sobre cambio climático y habrá mucho trabajo previo que hacer para asegurar un acuerdo.

España aún tendrá una segunda ocasión de presidir el Consejo de Seguridad —al que se ha incorporado este 1 de enero, por un periodo de dos años—: será en diciembre de 2016, justo antes de ceder su silla a otro país occidental. Pero esa despedida corresponderá ya a otro Gobierno.

Además de presidir el Consejo de Seguridad —una tarea en la que se turnan cada mes sus 15 miembros, tanto los permanentes como los rotatorios—, a España le corresponderán otras tareas menos vistosas y más ingratas. Durante los próximos dos años, presidirá dos de los comités más delicados de la ONU: los que vigilan el cumplimiento de las sanciones a Irán y Corea del Norte. En el primer puesto, España ha sustituido a Australia y, en el segundo, a Luxemburgo, siempre con el apoyo de EE UU. También presidirá el Comité de No Proliferación de Armas de Destrucción Masiva.

Primera visita de Kerry

M. G.

La presencia de España en el Consejo de Seguridad de la ONU ha despertado el interés de otras cancillerías por conocer sus puntos de vista. En las últimas semanas han desfilado por Madrid altos cargos de Francia y China y en enero lo harán los rusos. Con todo, la visita más esperada es la del secretario de Estado de EE UU, John Kerry, el 15 de enero. Ya se le esperaba en diciembre, en el marco de la frustrada conferencia internacional sobre Libia que iba a celebrarse en Madrid, pero al final se han desligado ambos hechos y su visita tendrá carácter bilateral.

Una semana después de Kerry se espera en Madrid al enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, quien expondrá su plan de conseguir acuerdos de alto el fuego parciales, limitados a algunas zonas seguras, como forma de superar el empate militar que prolonga indefinidamente el martirio de la población.

Para hacer frente a sus responsabilidades, el Ministerio de Exteriores ha reforzado con tres diplomáticos su representación ante la ONU y ha propuesto la creación, pendiente aún del visto bueno de Hacienda, de una nueva Dirección General de Naciones Unidas y Derechos Humanos.

El de Irán, según las fuentes consultadas, es el más comprometido, ya que las negociaciones entre el régimen de Teherán y el grupo 5+1 (los cinco permanentes del Consejo más Alemania) se han prorrogado hasta julio y entonces habrá que optar entre un acuerdo definitivo o una nueva vuelta de tuerca en las sanciones contra Irán. Pero incluso si hay acuerdo, la situación no será fácil para España, obligada a navegar entre la exigencia iraní de un levantamiento inmediato de las sanciones y la cautela occidental, que aboga por una retirada progresiva y con posible vuelta atrás.

Respecto a Corea del Norte, el punto más espinoso es la propuesta de llevar a su régimen al tribunal de La Haya por crímenes contra la humanidad. Si China no veta la iniciativa, España se vería en la tesitura de votar contra Pyongyang que, al igual que Corea del Sur, le votó para el Consejo de Seguridad.

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Pero el conflicto más caliente es el de Oriente Próximo. El Consejo de Seguridad rechazó el pasado día 30 una propuesta de resolución palestina que fijaba en 2017 la fecha límite para la retirada israelí de Cisjordania. El texto solo obtuvo ocho votos a favor (uno menos de los necesarios), por lo que EE UU ni siquiera tuvo que recurrir al veto. En respuesta, el líder palestino, Mahmud Abbas, ha firmado su adhesión a 22 organismos internacionales, incluida la Corte Penal Internacional.

El fracaso de la iniciativa no significa que el conflicto árabe-israelí salga de Naciones Unidas. Al contrario, fuentes diplomáticas dan por seguro que se volverá a plantear tras las elecciones convocadas en Israel para marzo. Mientras tanto, España —cuya posición es similar a la de Francia, que apoyó la iniciativa palestina— intentará que no se den pasos irreversibles, como la expansión de los asentamientos. La posibilidad de un reconocimiento del Estado palestino, aprobado casi por unanimidad del Congreso en noviembre pasado, ha quedado de momento aparcada.

Antes de decidir los nuevos pasos a dar, García-Margallo ha visitado Egipto en los últimos días de 2014 y, a mediados de enero, hará una gira por Israel, Palestina y Jordania. En Israel no solo quiere verse con el actual Gobierno, sino con los líderes de la oposición.

Bloqueo del conflicto del Sáhara

M. G.

La presencia de España en el Consejo de Seguridad de la ONU ha despertado el interés de otras cancillerías por conocer sus puntos de vista. En las últimas semanas han desfilado por Madrid altos cargos de Francia y China y en enero lo harán los rusos. Con todo, la visita más esperada es la del secretario de Estado de EE UU, John Kerry, el 15 de enero. Ya se le esperaba en diciembre, en el marco de la frustrada conferencia internacional sobre Libia que iba a celebrarse en Madrid, pero al final se han desligado ambos hechos y su visita tendrá carácter bilateral.

Una semana después de Kerry se espera en Madrid al enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, quien expondrá su plan de conseguir acuerdos de alto el fuego parciales, limitados a algunas zonas seguras, como forma de superar el empate militar que prolonga indefinidamente el martirio de la población.

Para hacer frente a sus responsabilidades, el Ministerio de Exteriores ha reforzado con tres diplomáticos su representación ante la ONU y ha propuesto la creación, pendiente aún del visto bueno de Hacienda, de una nueva Dirección General de Naciones Unidas y Derechos Humanos.

Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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