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Rotas las filas

El hartazgo de los militantes con la estructura de su partido les empuja a votar a otra formación

Enrique López, militante de IU hasta el 23 de mayo y votante de Podemos, en Navalagamella, la localidad madrileña donde fue alcalde. Ampliar foto
Enrique López, militante de IU hasta el 23 de mayo y votante de Podemos, en Navalagamella, la localidad madrileña donde fue alcalde.

A los seis años colgaba carteles con los rostros de los líderes del PSOE, imbuida por el espíritu de sus padres, "que participaron en la fundación del partido en Cataluña". A los 16 se afilió "muy convencida" a las Juventudes Socialistas: "Eran las ideas que yo defendía". Y hace casi dos meses, tras casi treinta años de militancia, cuando pisó la calle para dirigirse al colegio electoral, Anna ya había asumido que las siglas de "su formación" se caerían de la papeleta que agarraría ese domingo. "Hasta mi hija, de 10 años, se sorprendió. Me dijo: No es la de siempre". El hartazgo pudo con esta mujer de 43 años. El enfado con un PSC "desconectado" de la realidad. Su voto, pese al carné, fue el 25 de mayo para Iniciativa per Catalunya Verds (ICV).

El PSOE afrontó anoche las elecciones a su Secretaría General. Por primera vez, bajo la consigna un militante, un voto. Con este proceso, y con el ganador Pedro Sánchez como líder, pretende renovarse tras el fracaso de las europeas. Porque entonces, incluso entre sus propias filas, hubo disidencias. Como la de Anna, que no ha acudido a las urnas este domingo. Aunque su decisión del 25-M se repitió también entre los afiliados de otros partidos tradicionales del país —como PP e IU—, que decidieron romper la disciplina interna y apoyar a otras formaciones en los comicios europeos. Una decisión, coinciden los consultados por EL PAÍS, que no resultó fácil.

Anna ya la barajaba desde hace meses. "Fue un proceso largo, de casi dos años. En las anteriores elecciones ya voté muy enfadada al PSC", recalca esta mujer, vecina de una localidad de 40.000 habitantes a unos 50 kilómetros de Barcelona. Hace apenas 13 días se dio de baja del partido. Al otro lado del puente aéreo, en Madrid, Celia incide precisamente en la misma idea: "Hace tiempo que voto al PSOE con la nariz tapada. A Rubalcaba lo apoyé desganada".

Llegada a la capital hace casi 20 años, esta funcionaria de 39 cuenta que se alistó en 1996 en las filas socialistas. "Siempre me ha ilusionado el partido. Planteaba un proyecto de sociedad en el que yo creía". Pero, ahora, el vínculo entre ella y Ferraz se ha difuminado. "Se están separando del socialismo. Es como una relación de pareja en la que te vas alejando. Miraba la política del PSOE y sentía rencor, como si me estuviera traicionando". Ella sí ha participado en las primarias de este domingo.

La formación obtuvo en estas últimas elecciones a la Eurocámara el peor resultado en democracia: recabó el 23% de los votos (3,5 millones). En 2009 consiguió el 38,8% (6,1 millones). Un desplome que venía vaticinado por la continua caída de militantes que experimentó en el último lustro. El partido se enfrenta este mes a un congreso extraordinario y, según su censo, para esta cita cuenta con menos de 200.000 fieles. Esa cifra ascendía, apenas dos años antes, a 216.952 militantes, tal y como se recogió en el registro confeccionado para la celebración del 38 Congreso en Sevilla.

Me cansé de golpearme contra una pared

Enrique López, militante de IU de 1986 al 23 de mayo de 2014

Para explicar la bajada, Celia habla del desapego entre la cúpula y las bases, del "descontento"; y relata la "sensación de dolor" que asumió el 25 de mayo cuando depositó en la urna la papeleta de otra candidatura. La militante socialista votó a Izquierda Unida (IU). Una lista que, precisamente, desechó Enrique López tras respaldarla desde que se fundara la coalición en 1986: "Me he cansado de golpearme contra una pared".

A este hombre, de 68 años, le cuesta terminar una historia cuando recorre las calles de Navalagamella (Madrid), una tranquila localidad de 2.400 habitantes y casas bajas, a casi 55 kilómetros de la capital. Allí vive desde hace casi 20 años, cuando aterrizó de la mano de su mujer, natural de este pequeño municipio. Le saludan continuamente. Él, que llegó a ocupar el cargo de alcalde —de 2007 a 2011— bajo las siglas de la coalición de izquierdas, conversa con los vecinos animadamente. Después, continúa el relato.

"Siempre había votado a IU y, antes, al Partido Comunista (PCE). No tenía otra experiencia. Y nunca me he abstenido", subraya tras enseñar el carné de la coalición que aún guarda en la cartera. El 23 de mayo, dos días antes de las elecciones europeas, envío un email a la formación para comunicar su baja. "Llegué a la conclusión de que no era ético militar en un partido y votar otra opción política", remacha este empleado de banca jubilado, muy crítico con la dirección actual de IU en la Comunidad de Madrid: "No han comprendido qué está pasando en la sociedad. Su único objetivo es controlar la organización para colocar en las listas electorales el mayor número de afines".

La política que hace el PSOE deriva de un sistema de cúpulas

Sergio A., 32 años, militante del PSOE desde 2009

López escogió la papeleta de Podemos, la gran sorpresa de los comicios. Una formación que irrumpió en la comunidad madrileña como tercera fuerza política, por delante de la formación liderada por Cayo Lara. El partido de Pablo Iglesias acumuló 249.559 votos, frente a los 232.492 de IU —que mejoró, a pesar de ello, su resultado respecto a 2009, cuando recabó 103.987 apoyos—. "Mi caso es anecdótico. El 90% de la gente que está en los círculos [denominación de las agrupaciones locales de Podemos] proviene de las mareas ciudadanas", matiza el exregidor, que ha encontrado un "soplo de aire fresco" en este partido emergente. "No ha sido una decisión fácil. A mí me ha costado, pero creo que mis argumentos han sido comprendidos por muchos de mis excompañeros", remacha.

"Me han hecho ver que la política se puede hacer de otra manera. La estructura organizativa de IU y Podemos no es comparable", sentencia Enrique López, que insiste en la idea de que "la gente quiere participar siendo la protagonista". A esa tesis también recurre Sergio A., otro militante socialista de 32 años —"La política que hace el actual PSOE deriva de un sistema de cúpulas"— que votó a Equo el 25-M. Este ingeniero informático de Ciudad Real se afilió hace cinco años al partido: "Siempre lo he votado". Ahora ha perdido la confianza en él.

"Me planteo darme de baja. Lo mínimo era convocar primarias abiertas para que los militantes eligiéramos al secretario general", destaca Sergio, que ha votado este domingo y que prefiere que no se publique su apellido para evitar posibles reprimendas en el partido —al igual que Anna y Celia—. Los estatutos del PSOE no prevén, en concreto, sanciones para quienes desvelen públicamente que votaron a otro partido en las elecciones; pero sí que las contempla para quien "exprese públicamente sus opiniones en términos irresponsables o con deslealtad" a la formación. "Partiendo de la base de que no es demostrable, ya que el voto es secreto, podría haber una falta dependiendo de quién fuera", señalan fuentes de los socialistas. "Se estudiaría cada caso", apostillan. Una tesis similar mantienen otras formaciones como IU y PP.

"Llevaba años intentando cambiar, sin éxito, el partido desde dentro", reflexiona Anna, que subraya su disconformidad con la política económica del PSOE en España; y con la postura del PSC respecto al posible referéndum en Cataluña: "Creo que el derecho a decidir debe ser intrínseco de la izquierda". Sergio, como ella, también se plantea abandonar las filas socialistas a corto plazo. Igual que Celia: "Esperaré a las autonómicas. Pero la sensación que tengo es que voy en un tren y el PSOE se ha montado en otro que marcha en la dirección contraria".

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