Columna
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Melilla tiene una valla

Es incomprensible que la Comisión de Interior siga sin ir allí para conocer la situación

Últimos viajeros procedentes de Melilla dan cuenta de la situación de la ciudad, que es noticia reiterada en las primeras páginas de la prensa y en la apertura de los espacios informativos de las emisoras de radio y de los canales de televisión, a propósito de los intentos de asalto por parte de los africanos que intentan sobrepasar las alambradas que la circundan.

En principio, para un periodista aterrizar en Melilla ofrece la oportunidad de observar la situación sobre el terreno. En la Comandancia General, el recorrido de la galería fotográfica de los predecesores del titular, general Álvaro de la Peña, descubre a Romerales, fusilado en julio de 1936 como reo de rebelión militar, cuando se mantuvo leal en vez de sumarse a la sublevación. Buen momento también para conocer el esquema de las fuerzas militares desplegadas en la plaza con unidades de Regulares, del Tercio y otras.

Pero la primera línea corresponde asegurarla al contingente de 650 efectivos de la Comandancia de la Guardia Civil. El coronel Villaseñor, al mando, explica las funciones del centro de control y acompaña un recorrido por el perímetro fronterizo del uno al otro confín mientras describe cómo atienden la misión de su impermeabilización. Un objetivo que sólo puede ser alcanzado si está bien definido. De ahí que deban precisarse los protocolos de actuación, eso que para los contingentes desplegados por Naciones Unidas, la OTAN o la UE se ha dado en denominar rules of engagement, reglas de enfrentamiento, donde se establece en qué ocasiones y con qué gradación puede hacerse uso de las armas. Sólo así, cuando honren su cumplimiento dejarán de figurar como sospechosos habituales. Porque quienes prestan servicio en una frontera como esa deben saberse respaldados por el conjunto del país al que sirven y por el que se arriesgan. Lo contrario es una forma segura de incentivar la disolución social e impulsar el ¡sálvese quien pueda!

La ronda de primeros contactos incluye el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), que acoge a quienes llegan irregularmente a la ciudad y les da alojamiento, vestido y alimentación. Es de régimen abierto y a pesar de estar sobresaturado funciona de modo ejemplar. Para muchos es la primera experiencia de vida en el soñado paraíso europeo del que tenían noticia como espectadores de los canales de televisión. Un primer golpe de realidad; claro que, como escribe Kundera en La Lentitud, cada nueva posibilidad de la existencia, incluso la menos probable, transforma la existencia entera. De cualquier manera, es incomprensible que la Comisión de Interior del Congreso siga sin viajar a Melilla para conocer en directo la situación y que no tenga programados otros viajes para visitar otros muros como el de México o el de Israel. Atentos.

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