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“Las cuchillas no frenan a los inmigrantes”

Los subsaharianos vigilan la valla y localizan los puntos sin concertinas para saltar

Llegan a Melilla los 18 agentes antidisturbios que reforzarán el perímetro fronterizo

Cortes en el rostro y en las manos. Decenas de los inmigrantes que consiguen superar la valla de Melilla, y también los que no lo logran, arrastran después las heridas provocadas por las concertinas colocadas en el perímetro fronterizo de la ciudad autónoma. Unas cuchillas reintroducidas por el Ejecutivo de Rajoy en lo alto de la verja exterior, la más próxima a Marruecos, del triple alambrado que cerca el enclave español del norte de África. Pero no en todos los puntos, como explica la delegación del Gobierno, que nunca ha querido revelar en qué zonas exactas se encuentran distribuidas por "motivos de seguridad". "Pero los subsaharianos, que conocen hasta los horarios y turnos de los guardias civiles, saben perfectamente dónde se hallan. ¡Si se tiran años en los montes próximos!", resaltan fuentes del instituto armado.

“Las cuchillas no frenan a los inmigrantes”

De hecho, la entrada masiva del pasado 17 de febrero —cuando accedieron al municipio 150 sin papeles— se produjo por la zona denominada Villapajares, entre los puestos fronterizos de Beni Enzar y Barrio Chino. Ese área, precisamente, carece de concertinas, como subraya el portavoz de la ONG melillense Prodein, José Palazón. Otros de los puntos, añade, sin este tipo de cuchillas son los conocidos como Río Nano y la Subida de los Pinos. Fuentes de Interior también mencionan las proximidades del Río de Oro. "Se instalarán en los lugares en los que se ha estudiado que se producen más saltos", explicó cuando se colocaron el delegado del Gobierno en Melilla, Abdelmalik el Barkani. Pero ahora, los inmigrantes, que ya conocen esas zonas, buscan otras.

"A pesar de ello, a los inmigrantes no les frenan las cuchillas", apostilla fuentes de la Guardia Civil, en referencia a la polémica línea de concertinas reintroducida a finales de 2013 por el Ejecutivo de Mariano Rajoy (PP). Este, que las colocó en un tercio del perímetro fronterizo, las puso a pesar de las reiteradas críticas de las ONG y la oposición. Unos colectivos que recordaban cómo el Gobierno de Zapatero (PSOE) ya las había instalado en 2005; y cómo solo dos años después las retiró debido a las graves heridas que causaban a los subsaharianos.

Aunque, eso sí, según destaca delegación del Gobierno, en la verja se dejó entonces un segundo nivel de concertinas (que sigue ahí), fijado a media altura de la valla exterior de seis metros de alto y en la totalidad de su recorrido —de casi 10 kilómetros de largo—. Estas pretenden disuadir a los inmigrantes. Pero estos, para superarlas sin daños, usan guantes y se ponen hasta tres capas de pantalones y sudaderas. "Además, se suelen dividir en varios grupos, que entran por puntos diferentes, para que mientras se está evitando el acceso de unos, los otros consigan saltar", añaden las mismas fuentes de la Benemérita.

“Las cuchillas no frenan a los inmigrantes”

Por su parte, ya han llegado este lunes a Melilla los 18 agentes antidisturbios de la Guardia Civil enviados por el Ministerio del Interior como refuerzo en la frontera —calificado como "parche" por la AUGC—. Los agentes componen un módulo de intervención rápida (MIR) de los Grupos Rurales de Seguridad (GRS) y, según explica el instituto armado, se encontraban el domingo bloqueados en Almería debido al fuerte temporal que azota el Estrecho. Estos efectivos se suman a otros 40 GRS presentes en el municipio. Entre ellos, un MIR desplazado a la ciudad el 25 de octubre debido a la fuerte presión migratoria que experimenta desde el pasado año la localidad. Porque, según el balance de la Asociación Pro Derechos Humanos, por este enclave español entraron en 2013 el 30% de todos los sin papeles que accedieron al país.

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