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Seis años sin visitas al ‘Prestige’

El pecio, aún con fuel, solo lo vigila una agencia europea a través de satélite

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A 250 kilómetros de la costa gallega y 3.500 metros de profundidad reposan desde noviembre de 2002 los restos del Prestige, partido en dos. En su interior aún queda una cantidad no bien determinada de fuel, 700 toneladas según el Gobierno, 30 veces más según algunos investigadores. O eso se supone. Porque nadie ha vuelto a ver el pecio desde hace seis años ni navegado sobre él en tiempo indeterminado. El Gobierno solo sabría de un nuevo vertido allí, un lugar alejado de rutas marítimas y caladeros, si se lo comunica la Agencia Europea de Seguridad Marítima, que fotografía la zona por satélite dos o tres veces por semana.

Pero el caso del Prestige no es el único en que el Gobierno deja en manos de organismos internacionales la vigilancia de la posible contaminación frente a la costa española. Tampoco controla las miles de toneladas de residuos radiactivos vertidas hasta 1982 por varios países en bidones de metal y hormigón. Los científicos alertan de que en cualquier momento podría haber fugas tanto del Prestige como de los bidones, aunque discrepan de su gravedad.

El último descenso al pecio data de septiembre de 2007. Un año y medio antes se había detectado fuel en la superficie, por lo que el Gobierno encargó a Repsol que enviase un submarino a inspeccionar los restos y sellar posibles fugas. Costó siete millones de euros y desde entonces nadie ha vuelto por allí.

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) confirma que hace años que no está “haciendo absolutamente nada” para vigilar el Prestige ya que no ha recibido “ninguna alarma”. Tampoco ha vuelto por la zona el Instituto Hidrográfico de Portugal, que durante la catástrofe ofreció información más fiable sobre las manchas que el Gobierno español. Y la Marina lusa asegura que no le consta “ningún registro relacionado con el Prestige”.

El pasado enero el Gobierno respondía a una pregunta parlamentaria de UPyD explicando que en la inspección de 2007 se comprobó que las grietas y posibles salidas de fuel estaban “en perfecto estado” y que el pecio “contiene únicamente pequeños embolsamientos de fuel cuya extracción resulta imposible y no existe riesgo de que pueda producirse un vertido”. Y argumentaba que no ha recibido “ninguna notificación” sobre manchas de fuel “a pesar de la intensa vigilancia efectuada sobre la zona del hundimiento”.

El Ministerio de Fomento reconoce que esa “intensa vigilancia” es la que realizan los satélites de la Agencia Europea de Seguridad Marítima. Detalla que efectuaron “en los años 2011 y 2012 un total de 165 fotografías” y que “en ninguna de ellas se ha detectado contaminación en un radio de 15 millas en torno a la posición del hundimiento”. Este año las fotografías satelitales de la zona, también sin resultados, son “aproximadamente 120”.

José Luis de Pablos, del Centro de Investigaciones Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat, del Ministerio de Economía), investigó en su momento la corrosión del Prestige. No quiere valorar cómo podría estar ahora porque no tiene datos actualizados. Pero recuerda el estudio que publicó en 2004 con otros miembros del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el que se adelantaba de 2025 a 2006 la estimación del Gobierno para las primeras grietas. Y fue justo en 2006 cuando efectivamente se detectaron las fugas que motivaron la última expedición de 2007 a la zona.

El biólogo y catedrático Victoriano Urgorri, director de una estación de investigación científica en Ferrol, es de los que considera que no es tan peligroso el Prestige (“las bacterias habrán contribuido a descomponer el fuel que quede”, dice) como los bidones radiactivos, por el desconocimiento de su estado. “Si alguien los hubiese investigado en los últimos años, se habría publicado”, dice, “pero no se sabe nada de ellos”.

Fiz Fernández, del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo, fue de los primeros que bajó en 2002 en un submarino a inspeccionar el Prestige y cree que habría que volver a hacerlo, al igual que los bidones. “Pero no tienes que mandar a una persona, hay submarinos no tripulados”. Y en el caso de los bidones considera que, ya que son aguas internacionales, “no tiene por qué vigilarlos España, que lo hagan organismos internacionales, pero de vez en cuando no estaría mal revisarlos”.

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