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Todo fenomenal

Frío encuentro de los dos últimos líderes del PP, tras las críticas del expresidente

Aznar recibe a Rajoy en la clausura del campus de verano de FAES.

Postizo, correctivo, prefabricado. Tan rígido e incómodo como un corsé ortopédico, por muy ultramoderno y ultraergonómico que sea. Tan justa y medida como una cita de compromiso en la casa de verano de un suegro malencarado y metomentodo pero al que se le debe mucho. Entre otras cosas, el puesto de trabajo. Así fue, o pareció, la visita que rindió ayer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a su padre político, José María Aznar, en la clausura del Campus FAES en Guadarrama. Un idílico y muy popular pueblo de la sierra madrileña que ha acogido durante los últimos siete días al centenar de asistentes al foro de debate del laboratorio de ideas del PP presidido por Aznar.

“Todo fenomenal”, se oyó decir, a modo de resumen, a algún organizador de los que se ocuparon de mantener a los periodistas a no menos de tres metros de los presidentes, cuando estos abandonaron el recinto sin haber dicho ni una palabra de más o de menos de lo que llevaban escrito.

Quienes esperaran malas caras, feos explícitos o dardos envenenados lanzados a las claras entre los dos titulares sucesivos de la joya de la corona del PP, sus vacas sagradas en el partido y el Gobierno, se quedaron con las ganas. Tampoco hubo, para los que quisieran ver indicios de armisticios o pipas de la paz, ningún viso de complicidad, camaradería ni más sonrisas que las estrictamente necesarias para cumplir con la buena educación de cara a la galería que se supone marca de la casa.

Aznar, que a lo que se ve reserva sus invectivas para sus calculadísimas entrevistas en medios afines, invitó todo lo humildemente de que es capaz, que no es demasiado, a Rajoy a que aprovechara sus sugerencias en política fiscal, territorial y antiterrorista.

Rajoy agradeció la invitación al “querido José María Aznar” —nada de presidente—, y dijo de boquilla que tomaba nota. A continuación, hizo lo que había venido a hacer. Aprovechar a conciencia sus buenos 20 minutos de gloria en escenario enemigo para sacar pecho de lo hecho hasta ahora y anunciar las mieles del futuro prometedor que le espera a España, si su Gobierno persevera en las reformas y los españoles comprenden por su bien que tienen que soportarlas.

“Hoy estamos mejor que el 7 de julio del año pasado, pero peor que el 7 de julio de 2015”, dijo, en resumidas cuentas, y se fue por donde había venido, esquivando a la prensa y sin dar muestras de haber oído siquiera a los impertinentes periodistas que le preguntaban a gritos sobre Bárcenas.

El morbo estaba en el aire mucho antes de que Aznar ejerciera de anfitrión y caminara bajo la solanera de mediodía los 100 metros de césped que le separaban del coche oficial del presidente Rajoy. Aznar, solemne, tieso, empaquetado como suele en un terno azul oscuro y corbata a tono. Rajoy, descorbatado y desgarbado como él solo, con su chaqueta clara, sus chinos y su aire de a lo que vengo, vengo. Hablaron poco, se miraron menos. Daba casi risa verles hacer como que charlaban en los veladores que les habían preparado de atrezzo con el logo de FAES de fondo. “Cataluña”, se oyó musitar a Rajoy mientras Aznar asentía interesadísimo cruzando y descruzando las manos.

Luego, cumplieron el guion y se dejaron cumplimentar por sus respectivos. Ana Botella ejercía de alcaldesa y presidenta consorte. Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno, repartía parabienes. Ignacio Astarloa socarroneaba por los corrillos. Y Cayetana Álvarez de Toledo, directiva de FAES, y Carmen Bermúdez de Castro, secretaria de Estado de Comunicación, atendían a sus respectivos jefes. Cuando todo había acabado, un grupo de asistentes al Campus FAES, militantes del PP de décadas, arreglaba aún el partido, el país y el mundo puliéndose un botellín detrás de otro en la terraza. A lo lejos, en los prados de césped del centro Fray Luis de León, se oía a un corro de adolescentes de campamento cantando por Juan Gabriel a la guitarra. “Probablemente estoy, pidiendo demasiado /se me olvidaba que/ habíamos terminado. Que nunca volverá/ Que nunca me quisiste/ se me olvidó otra vez/ que solo yo te quise”.

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