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Dos estrategias frente al soberanismo

El enfrentamiento con el independentismo gana peso en el discurso del PSE y del PP vasco para movilizar a sus electores y empujar a Urkullu a definirse

Urkullu junto a cargos de su partido en Portugalete. Ampliar foto
Urkullu junto a cargos de su partido en Portugalete. EFE

Nunca una campaña electoral en Euskadi ha mirado tanto fuera de Euskadi. La masiva Diada del 11 de septiembre y el subsiguiente y progresivo deslizamiento al independentismo del discurso y la actuación del presidente catalán, Artur Mas, han introducido un factor de creciente relevancia en el camino de los partidos vascos al 21-O. Mientras el PNV de Iñigo Urkullu mantiene una premeditada indefinición, de la que sus rivales dan por hecho que no va a salir en esta campaña, socialistas y populares han hecho de su confrontación con el soberanismo una de las claves de su discurso. Pero PSE y PP, con sus respectivos líderes al frente, Patxi López y Antonio Basagoiti, han trazado, no obstante, estrategias diferentes para ello.

Dirigentes socialistas y populares reconocen que les resulta crucial movilizar a sus respectivos electorados, dando por hecho que las bases nacionalistas, tanto del PNV como de EH Bildu, ya lo están plenamente, en opinión de un parlamentario del PSE. Y para lograrlo resulta clave advertir de los riesgos políticos y económicos del independentismo. “A nuestra gente le empieza a preocupar más”, abunda la misma fuente socialista.

El PP vasco se embarcó antes en este discurso. Ya en mayo aprobó, en el congreso que reeligió líder a Basagoiti, una ponencia política que apuntaba que el PNV y la izquierda abertzale “confluyen en un proyecto de independencia para Euskadi” que pretenden poner en marcha tras las autonómicas. Desde entonces todo ha sido ahondar en esa idea. El reto de Mas les ha favorecido al llevar a primer término un asunto en el que el PP se siente mucho más cómodo que situado a la defensiva en apoyo de los recortes de Rajoy.

Cada vez gana mayor presencia en el discurso popular la plena identificación entre Urkullu y Mas, entre el plan oculto del primero y la propuesta expresa del segundo. “El PNV y CiU han tenido siempre estrategias paralelas y ahora estamos convencidos de su similitud, aunque uno [Mas] vaya de cabeza y otro [Urkullu] quiera mantener una posición templada como estrategia electoral”, opina un miembro del núcleo duro del PP vasco.

“El nacionalismo vasco y catalán son las dos caras de una misma moneda”, insistía ayer Basagoiti en un desayuno con periodistas en Madrid. No por casualidad, los dos discursos más duros contra el soberanismo que el presidente Rajoy ha planteado en este pulso los ha hecho en Euskadi en sendos actos de partido (el 29 de septiembre en Vitoria y el pasado lunes en San Sebastián).

Basagoiti, quien para remachar esa idea ha contado en esta campaña con la presencia de su homóloga catalana, Alicia Sánchez-Camacho, fue ayer incluso un poco más allá. Tras varias semanas dirigiéndose a “la mayoría de quienes se sienten vascos y españoles” a darle sus votos para frenar a los independentistas, pasó al planteamiento de que España responda “como nación” a un reto del que debe ser “consciente”.

Esa invocación a España, cuya “disolución” buscan el PNV y CiU con su “pacto para ir a la independencia a ritmos diferentes, pero complementándose entre unos y otros”, es uno de los mensajes de Basagoiti desde el primer día de campaña.

Los socialistas evitan conscientemente cualquier comparación de Urkullu y Mas en esta cuestión. “Tranquilidad sin exagerar el tono. Tampoco queremos convertirnos en una máquina de hacer nacionalistas, que es lo que puede provocar ese discurso exagerado del PP, pero sí usarlo”, asume un destacado candidato socialista.

López partió con un discurso de defensa del autogobierno frente a los recortes de Rajoy y ha ido derivando hacia esa misma defensa pero frente al independentismo. El más reciente ejemplo fue el acto del martes, para el que eligió el más que simbólico fondo del árbol de Gernika.

De hecho, el lehendakari lleva tiempo —incluso desde antes de la Diada— equiparando a Urkullu con su “pariente ideológico” Mas, pero siempre con el argumento de que el primero copiará si llega a Ajuria Enea la política de duro ajuste en el gasto social del presidente catalán.

En dos aspectos sí convergen las estrategias de PSE y PP: forzar a Urkullu a que aclare sus planes —y socialistas y populares son conscientes de que no lo piensa hacer— e incidir en el coste de la independencia, resumido en una pregunta: ¿quién pagará las pensiones? El déficit del sistema de pensiones en Euskadi —entendido como la diferencia entre el costo de las contributivas y el monto de las cotizaciones sociales de los trabajadores vascos— ascendió el año pasado a 936,8 millones, según datos ministeriales.

Un tercer elemento se ha sumado estos días a la ecuación: el euskera. Pero esta vez llega de la mano de EH Bildu y su intención de convertirlo en “prioritario en la teoría y en la práctica”. Tras una legislatura en que la polémica lingüística se ha reducido exponencialmente en Euskadi, las intenciones de la coalición abertzale ofrecen renovada munición al constitucionalismo, especialmente aprovechada por el PSE.