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Blanco reabre el debate de las tasas aéreas

El ministro de Fomento defiende ampliar el diferencial entre aeropuertos grandes y pequeños

El ministro de Fomento, José Blanco, profundizó ayer en su mensaje de buscar nuevas fórmulas para pagar el mantenimiento de las infraestructuras españolas. Durante una visita a Girona, abordó el espinoso asunto de las tasas aeroportuarias. Aprovechando que el aeropuerto de esta localidad se enfrenta a una sensible caída de operaciones de su principal cliente, la compañía de bajo coste Ryanair, Blanco defendió un sistema de tasas más racional que permita mantener los grandes aeródromos y también los secundarios. Apostó por aumentar el diferencial de lo que se paga en grandes aeropuertos como Barcelona y los pequeños como Girona.

“Hemos bajado las tasas del aeropuerto de Girona un 17% en cuatro años”, dijo Blanco. “Hoy son un 30% más baratas que las del aeropuerto de Barcelona, y aún lo serán más”, declaró. Lo que no especificó es si el aumento del diferencial se conseguirá bajando las tasas en Girona o aumentándolas en Barcelona.

A pesar de que Blanco venía a satisfacer una vieja exigencia de la Generalitat, que mantiene que Girona debe atraer a las aerolíneas de bajo coste y para eso tiene que ser mucho más barata que El Prat, los representantes del Gobierno catalán salieron del acto con caras largas.

El anuncio del ministro se interpretó como un portazo a las pretensiones de la Generalitat de hacerse con la gestión del aeropuerto. Fomento y Generalitat sí están de acuerdo en la necesidad de instaurar la euroviñeta, una tasa a los camiones que circulen por autovías.

Más allá del debate sobre infraestructuras, el ministro también entró en el de la responsabilidad de los bancos en la crisis económica. Lo hizo para defender las tesis de Alfredo Pérez Rubalcaba sobre el descontrol en la concesión de créditos durante los años de bonanza. En una entrevista en la emisora Onda Cero, aseguró que las entidades financieras han estado alimentando un “endeudamiento masivo” de familias y empresas a las que “en ningún caso” debían haber concedido hipotecas porque, aún sin crisis, no podían pagarlas.