Tribuna
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El agua mejorada, la piedra filosofal de la sostenibilidad

Las tecnologías de tratamiento de aguas para su reutilización pueden convertir el residuo en recurso, resolviendo un problema medioambiental y logrando incrementar la disponibilidad de un bien tan preciado

El agricultor Noé Vieira do Carmo, de 44 años, muestra la magnitud del daño de las inundaciones a su plantación de maracuyá, el 23 de mayo de 2021, en la comunidad de Vila do Cuinha de Amazonas (Brasil). "
El agricultor Noé Vieira do Carmo, de 44 años, muestra la magnitud del daño de las inundaciones a su plantación de maracuyá, el 23 de mayo de 2021, en la comunidad de Vila do Cuinha de Amazonas (Brasil). "Raphael Alves (EFE)

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El agua es, a menudo, la gran olvidada cuando se piensa y se conciencia sobre reciclaje. Paradójicamente, se trata de uno de los recursos más escasos y necesarios del planeta, que cuenta además con tecnologías que posibilitan su reutilización hasta el punto de que el resultado del proceso mejora incluso la materia original.

Los alquimistas pasaron siglos buscando la piedra filosofal, el misterioso método químico que conseguiría transformar una roca cualquiera en el más noble de los metales: el oro. Con el agua no pretendemos llegar tan lejos, entre otras cosas porque esta ya es en sí el más noble de los elementos, dado que no cabe mayor nobleza que hacer la existencia posible.

El agua es insuperable, infinitamente más valiosa que el oro. Y por ello, no podemos conformarnos con darle las gracias, usarla y tirarla. Desperdiciar aquello que es fundamental es un atentado ecológico, moral y económico. De ahí que los esfuerzos dedicados en darle al agua una segunda oportunidad hayan acabado dando sus frutos.

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Pero remontémonos al contexto planetario en el que nos movemos. Uno de los mayores problemas medioambientales en la actualidad es la contaminación de ríos, lagos, acuíferos y mares debido a los vertidos de aguas no tratadas, procedentes tanto de uso humano como industrial o agrario. Más de 1.000 millones de toneladas de aguas residuales son vertidas anualmente a capas subterráneas, cauces fluviales, aguas interiores y océanos, contaminado estos ecosistemas con patógenos, metales pesados, disolventes, detergentes, ácidos, fertilizantes, pesticidas y otros productos químicos. Esta agresión permanente se ha convertido en una emergencia global.

Las aguas residuales no tratadas provocan epidemias y dañan los ecosistemas. En última instancia, esta contaminación limita las oportunidades de uso y reutilización de las fuentes hídricas, especialmente en las regiones donde hay sequía y donde tales procedimientos son estrictamente necesarios. Según datos del Banco Mundial, el 80% del agua residual del mundo se vierte al medio sin haber recibido un tratamiento adecuado.

Ante este panorama desalentador, Naciones Unidas se ha posicionado claramente con su Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6, que se refiere expresamente a garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible, así como el saneamiento para todos. En concreto, su punto tercero insta a mejorar su calidad reduciendo a la mitad el porcentaje de las residuales sin tratar, al tiempo que exhorta a los países a incrementar su recogida y tratamiento.

En su informe Agua2020, el organismo internacional abunda en la materia, subrayando que cada vez resulta más necesario valorar los recursos hídricos no convencionales, entendidos como tales el agua reutilizada tras su regeneración o su mejora mediante tratamientos de probada eficacia.

El 80% del agua residual del mundo se vierte al medio sin haber recibido un tratamiento adecuado, según el Banco Mundial

El concepto de agua mejorada está en el centro del tablero y marca una línea en la que profundizar en los próximos años. Concretamente, consiste en su reutilización o devolución al medio natural, incluso en mejores condiciones que las de partida. Para lograrlo, hace falta implementar una serie de herramientas de precisión que permiten medir la calidad del recurso en tiempo real.

Por primera vez, nos encontramos en disposición de ser generadores de agua dulce de manera eficiente y cada vez más económica, lo que resulta crucial para dar respuesta a los niveles crecientes de demanda en todo el planeta, pero en particular en las zonas más afectadas por sequías, desertización, agotamiento de recursos o contaminación.

Tal y como afirmaba el Banco Mundial en su campaña de concienciación en América Latina en 2018, las tecnologías de tratamiento de aguas para su reutilización pueden convertir el residuo en recurso, resolviendo un problema medioambiental y logrando al mismo tiempo incrementar la disponibilidad de un bien tan preciado. No es necesario seguir buscando la piedra filosofal, porque ya la tenemos. Contar con la capacidad de generar agua dulce significa poder garantizar la vida de las personas y del planeta. Qué mayor tesoro podemos buscar.

Francisco Lombardo es presidente del Foro de la Economía del Agua.

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