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Lecciones aprendidas sobre el VIH para luchar contra la covid-19

Cómo estar a la altura de las circunstancias: para garantizar que la respuesta ante la pandemia sea equitativa debemos desarrollar un pensamiento innovador y aprender del pasado

La gente camina por una recreación de un mural sin título pintado por el artista Keith Haring en Nueva York.
La gente camina por una recreación de un mural sin título pintado por el artista Keith Haring en Nueva York.Mario Tama / EL PAÍS

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La pandemia de la covid-19 sigue arrasando con todo a su paso; ante este agotador panorama, un gran número de personas —entre las que me incluyo— hemos sentido cierto alivio, algo raro en las circunstancias actuales, al observar el júbilo de diferentes trabajadores sanitarios y personas vulnerables de edad a los que se ha administrado una vacuna que podría salvarles la vida. Estas tranquilizadoras imágenes no hacen sino aumentar nuestra esperanza: aunque el fin de la pandemia aún esté lejos, parece que ya se empieza a ver la luz al final del túnel.

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A pesar de esto, me cuesta mantener una actitud optimista cuando en el mundo aún se siguen sucediendo otras situaciones verdaderamente inquietantes: en lugares como Maseru, Ciudad del Cabo y Kampala, los hospitales se están quedando sin oxígeno médico y muchos pacientes están siendo atendidos en aparcamientos debido a la falta de camas. Las cifras que nos llegan de la Organización Mundial de la Salud tampoco son muy halagüeñas: únicamente 10 naciones se han beneficiado del 95% de las dosis de la vacuna que se han administrado hasta la fecha, y tan solo una de ellas es un país de ingreso bajo. La distribución de la esperanza, al igual que sucede con muchos otros productos básicos de gran valor, es desigual.

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No puedo evitar pensar que la situación actual no difiere mucho del desalentador comienzo de la crisis del VIH/sida, en el que el carácter deficiente de las políticas causó un gran número de muertes. Al igual que en la actualidad, los científicos de la época desarrollaron medicamentos que proporcionaban esperanza ante la nueva y letal enfermedad. No obstante, la estrechez de miras de las decisiones normativas adoptadas desembocó en una situación en la que las personas más pobres y vulnerables del planeta no tenían acceso inmediato a estos medicamentos. Conforme la epidemia se fue descontrolando, estas personas cayeron en el olvido. Muchos países africanos, en especial los más pequeños —como el mío, Lesotho—, vieron cómo cientos de jóvenes profesionales con gran potencial perecían debido a la epidemia; a raíz de esto, se perdieron aptitudes de vital necesidad para esferas fundamentales como la educación. También se registraron muchas bajas entre los trabajadores de la salud; el sector sanitario de estos países aún no se ha recuperado por completo.

Estas pérdidas son inconmensurables. En la actualidad, estamos presenciando cómo a causa de la covid-19 se está repitiendo esta horrible situación, cuyas consecuencias —sobre todo en el caso de las naciones más vulnerables— seguirán presentes mucho después del final de la pandemia. ¿Acaso no hemos aprendido nada de nuestros errores pasados?

Necesitamos, de manera urgente, que los encargados de la formulación de políticas, la comunidad sanitaria mundial y el sector privado estén a la altura de las circunstancias. Podemos hacerlo mucho mejor; si los científicos han sido capaces de desarrollar vacunas y medios diagnósticos para una enfermedad que hasta hace un año ni siquiera conocíamos, no cabe duda de que los encargados de la formulación de políticas pueden encontrar la manera de garantizar un acceso equitativo a estas herramientas que salvan vidas.

Desde el Banco de Tecnología de las Naciones Unidas, lanzamos la Alianza para el Acceso a la Tecnología al principio de la pandemia con el objetivo de velar porque los países menos adelantados dispongan de acceso a los medios diagnósticos, dispositivos médicos (como ventiladores, oxígeno y oxímetros de pulsos), equipo de protección personal y otras herramientas de tecnología médica que necesitan para proteger a sus ciudadanos.

Nuestra plataforma constituye una forma de poner en contacto a los fabricantes y empresarios de los países en desarrollo con innovadores mundiales, universidades y otros grupos que ponen sus medios tecnológicos y su propiedad intelectual al servicio del bien común. No solo ayudamos a las personas que quieren producir determinados medios tecnológicos a contactar con aquellas que ya disponen de ellos, sino que también proporcionamos orientaciones de carácter técnico, jurídico y normativo a lo largo del proceso. A fin de luchar contra esta pandemia, nuestro objetivo consiste en hacer llegar la mayor cantidad posible de productos al mayor número posible de personas.

No podemos aceptar una situación en la que la gran mayoría de la población mundial no presenta ningún tipo de esperanza de ser vacunada a corto plazo

No obstante, no debemos olvidar que nuestro trabajo depende de las alianzas, la voluntad política y el desarrollo de un pensamiento innovador. En los países menos adelantados, se observa una necesidad acuciante de acceder a las tecnologías pertinentes para producir, de manera rápida, pruebas, tratamientos y otro equipo médico a escala local.

El Banco de Tecnología cuenta con los mecanismos necesarios para respaldar dicho proceso, pero las empresas farmacéuticas y los gobiernos han de dar un paso al frente. En el marco de la Alianza para el Acceso a la Tecnología, nos hemos puesto en contacto con productores de países en desarrollo que quieren agilizar la producción de medios diagnósticos y dispositivos médicos. Estos agentes están preparados y muestran la voluntad necesaria para brindar apoyo a esta labor de carácter internacional; no obstante, se encuentran con numerosos obstáculos que les impiden acceder a la tecnología que precisan, tecnología de la que disponen otros agentes sanitarios que podrían, sin que les supusiera esfuerzo alguno, compartirla. Esta acción salvaría vidas.

Todos los gobiernos han de instar a las organizaciones del sector privado de sus países a compartir de manera voluntaria las tecnologías que ayudarán a las naciones menos adelantadas a proteger a su población.

No podemos aceptar una situación en la que la gran mayoría de la población mundial no presenta ningún tipo de esperanza de ser vacunada a corto plazo; el acceso al oxígeno, las mascarillas y las pruebas ni siquiera está garantizado; y las naciones más vulnerables se enfrentarán a consecuencias socioeconómicas que tardarán generaciones en desaparecer. Los científicos han desarrollado estos avances tecnológicos de vital importancia en un tiempo récord, lo que ha puesto de relieve su poder de colaboración, solidaridad y pensamiento innovador para resolver problemas a gran escala. Los encargados de la formulación de políticas deben seguir su ejemplo.

Joshua Setipa es director gerente del Banco de Tecnología para países menos adelantados de las Naciones Unidas desde noviembre de 2018.

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