CRISIS MIGRATORIA
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Coyotes en corbata

Hasta que los políticos no se hagan responsables del éxodo masivo de migrantes, serán cómplices de los traficantes de personas

Un agente de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos a caballo intenta evitar que un migrante haitiano ingrese a un campamento en las orillas del Río Grande cerca del Puente Internacional Acuña, Texas.
Un agente de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos a caballo intenta evitar que un migrante haitiano ingrese a un campamento en las orillas del Río Grande cerca del Puente Internacional Acuña, Texas.PAUL RATJE (AFP)

Si salen de Haití, Irak, Venezuela, África, no importa. O de dónde llegan, si es de Chile o Brasil para entrar por Ecuador y llegar a Necoclí, en Colombia, tampoco. Los lugares de origen y tránsito solo resultan importantes como una manera de entender las rutas del fenómeno migratorio en América y ahondar en las causas de los Estados fallidos que les tocó abandonar.

Lo que realmente debe importar no conmueve a nadie. Es inadmisible que los gobiernos y los ciudadanos vuelvan transparentes a esos a quienes les regalan una limosna en las calles sin tocar sus dedos para no contagiarse de su tragedia, después de que las bandas del tráfico de migrantes los ha dejado sin cinco, si fueron capaces de sobrevivir a la brutalidad.

Lo que está pasando en toda América Latina, aunque no es nuevo, si es cada vez más trágico, inhumano. No logro sacar de mi cabeza las imágenes de la crueldad, tan cercanas a la esclavitud de seres azotados, como decía la congresista Maxine Waters, frente a los migrantes haitianos perseguidos por agentes fronterizos a caballo en Del Río, en el Estado de Texas (Estados Unidos), en la frontera con México. Me imagino perseguida por las redadas durante la noche corriendo junto a mi hija a esconderme de los criminales que puedan violarnos y no entiendo cómo a otros no les pasa, me imagino vivir con el alma en pedazos cada día.

En Chile, donde por años encontraron refugio, al racismo y la xenofobia, al grito de “no más migrantes”, se unió el fuego con el que quemaron en días pasados las pertenecías de los migrantes. Llegaron a Iquique, en el norte de Santiago, les tumbaron las carpas, los agredieron a botellazos, los dejaron reducidos a cenizas.

En Colombia la situación se divide en dos. Los venezolanos que hoy son ya 1.2 millones cobijados por el estatuto de protección temporal, y los que están en Necoclí, que han llegado allí desde múltiples destinos recorriendo la espesa selva del tapón del Darién, ya conocida como el Darién Gap, que se traga literalmente a los humanos más frágiles. Más de 20 mil se encuentran esperando una forma del llegar al Norte, siempre a Estados Unidos, después de haber caído en las redes de la criminalidad organizada del Clan del Golfo, en campamentos precarios. Solo en lo que va de este año 46 mil personas han hecho tránsito por este país.

El gobierno de Joe Biden y los presidentes de las naciones que están recibiendo este éxodo masivo están convertidos en cómplices de coyotes mientras no hagan nada distinto a sus pronunciamientos de rechazo. Amlo incumplió su promesa de una política migratoria sensible, acepta las medidas de control a los migrantes y las devoluciones exprés de la época de Trump que sigue aplicando el gobierno demócrata sin pudor alguno.

Los gobiernos del mundo han sido incapaces de abordar con honestidad y compasión la migración, quedando claro que las agendas políticas de los liderazgos actuales privilegian sus discursos sobre la gente. No es sino ver el absurdo de las declaraciones esta semana cuando la vicepresidenta Delcy Rodríguez desde el régimen de Nicolás Maduro anunció la apertura de los puentes fronterizos con Colombia y la reactivación del comercio binacional, y el presidente Iván Duque le agradeció al líder opositor Juan Guaidó, mientras los pasos siguen cerrados y la gente pasa hambrienta a abastecerse de alimentos por las mismas trochas ilegales.

A los políticos, los migrantes no les importan. Entre la ciudadanía crece el racismo y la xenofobia sin que se vea en el camino un pacto migratorio internacional que atienda la situación con medidas de largo plazo. En el libro Migrantes de Otro Mundo (2021), de María Teresa Ronderos, Alberto Pradilla y José Guarnizo, entre otros, junto al Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, se hacen propuestas para tener en cuenta, entendiendo que cualquier medida efectiva pasa por los Estados Unidos, para crear pasos humanitarios a través de barcos, y quitarles el negocio a los traficantes. Los cupos actuales entre Colombia y Panamá son insuficientes.

El éxodo de los sirios deja por otro lado muchas lecciones, como las que planteó Alemania. Sin embargo, la situación es muy distinta para, por ejemplo, el caso centroamericano y su búsqueda de llegar a los Estados Unidos. Lo que sí es claro es que la salida está en la construcción de un consenso que debe ser presionado desde el Sur para que el Norte no pueda seguir evadiendo su responsabilidad histórica, cuando los migrantes crecerán cada día más luego de la pandemia.

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta ya puedes leer este artículo, es gratis

Gracias por leer EL PAÍS

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS