Editorial
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Un Gobierno para Cataluña

Un regreso a la urnas sería otro dañino fracaso para una comunidad agotada

Vista general del pleno del Parlamento de Cataluña , el pasado 13 de mayo, en Barcelona.
Vista general del pleno del Parlamento de Cataluña , el pasado 13 de mayo, en Barcelona.DAVID ZORRAKINO - EUROPA PRESS / Europa Press

El próximo día 26 Cataluña se verá forzada a repetir las elecciones del pasado 14 de febrero si antes no hay un acuerdo para formar Gobierno. Las negociaciones, los pulsos entre los partidos y los ultimátums se han sucedido sin tregua los últimos tres meses evidenciando el nefasto bloqueo de la política catalana. Repetir las elecciones para sortear el parón es algo previsto por el ordenamiento legal. Lo que no empece que ello se constituya en un nuevo episodio negativo para una comunidad social y políticamente estresada, que ya ha renovado su Parlamento en cinco ocasiones desde 2010 y sufrido, en este periodo, un doloroso deterioro político y económico.

Volver a tirar los dados es una opción que tienta a más de un partido. Se trata de quienes piensan que regresar a las urnas desgastaría más a sus rivales a que ellos mismos. Pero las encuestas apuntan a un nuevo bloqueo. Pese a la creciente frustración, el 74% de los preguntados por el CIS apuntan a que habrían votado lo mismo si hubieran sabido cómo se han desarrollado las cosas las últimas semanas. El bloque independentista y el no independentista se mantienen con escasas oscilaciones, según otras encuestas. Y los vetos entre partidos persisten intactos pese a algunos tímidos acercamientos. De ahí que los sindicatos, los empresarios y las entidades del sector social coincidan en exigir un acuerdo que evite unas nuevas elecciones.

Cataluña tiene urgencias que deben afrontarse. En lo estrictamente político, resulta inaplazable la búsqueda de consensos que dejen atrás la fractura del procés una vez se ha demostrado la inviabilidad de lo que pretenden sus impulsores. Pero los catalanes, tras una prolongada etapa de parálisis y desgobierno cuyos responsables son los partidos independentistas, tienen otras emergencias que requieren de un gobierno eficaz. Sin ir más lejos, necesitan un plan de reindustrialización para superar cierres como los de la factoría de Nissan. Requieren de unas autoridades que potencien las opciones a la fábrica de baterías eléctricas que necesita la industria de la automoción. Hay que agilizar la generación de energías renovables, de las que Cataluña está en la cola de España. Mejorar servicios educativos y sanitarios, crear un entorno económico atractivo, contribuir a una buena gestión de los fondos europeos.

Cataluña necesita un liderazgo que se ocupe de gestionar estas cuestiones. En esa perspectiva, el regreso a las urnas dista de ser una solución ideal. La opción de un nuevo Govern independentista —la más probable para evitar una repetición, a la vista del tablero— desgraciadamente hace presagiar una prolongación del desgobierno. La historia reciente —que además de las gravísimas iniciativas contrarias a la Constitución y al Estatut exhibe un pésimo balance gestor— lo sugiere; el triste espectáculo negociador de estos meses lo reafirma. Cataluña necesita volar de una vez esta dinámica nefasta que echa a perder sus energías y valores. Necesita un Gobierno que arranque a trabajar, que lo haga sin sectarismos y que se ponga al servicio de la recuperación social, económica y política.

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