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Tras el tsunami

La desconexión emocional con un amplísimo segmento del electorado, la campaña errática de los socialistas o el personaje de Iglesias explican parte del fracaso de la izquierda en las elecciones de Madrid

Pablo Iglesias durante el anuncio de su retirada de la política.
Pablo Iglesias durante el anuncio de su retirada de la política.Sergio R Moreno/Gtres

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Desaparecido Pablo Iglesias de la primera línea de la política, desaparece un foco de tensión dentro del Gobierno y, en teoría, también fuera. Quienes han construido todo el relato contra el Gobierno de coalición sobre la vocación activista del exvicepresidente y su evidente desajuste institucional empiezan a notar el vacío. El argumento ahora es que, sin Iglesias, la coalición deja de tener sentido, puesto que era fruto de un pacto personalísimo entre el dirigente de Podemos y Pedro Sánchez. La rápida construcción del nuevo enemigo público número uno, sea Díaz, Sánchez o la propia coalición, puede atrincherar al PSOE y UP y llevarles a cometer el error de no analizar en serio el alcance del estrepitoso fracaso de Madrid.

La desconexión emocional con un amplísimo segmento del electorado, la campaña errática de los socialistas o el personaje de Iglesias explican una parte de ese fracaso. Pero no todo. La pandemia se ha tragado toda la acción de gobierno hasta ahora y la expectativa del plan europeo de recuperación atraviesa todos los proyectos de futuro. Y, entre una cosa y la otra, se echa en falta la iniciativa de definir qué deba ser esta España que se ha querido federal en la gestión de la pandemia y ha quedado nítidamente retratada así ante los ojos de los ciudadanos. En Madrid penalizan al Gobierno los pactos con ERC o EH Bildu. Pero en el resto de los territorios puede hacerlo justo lo contrario, la ausencia de un liderazgo claro y explícito de lo que llamaban la España plural.

Desaparecido Iglesias, y con los restos que quedan de Podemos en las manos institucionales de Yolanda Díaz, desaparece también la machacona simetría de los extremos con la que sus comentaristas han amparado la relación del PP con Vox allí donde lo ha necesitado para gobernar. La pulsión autoritaria y nacionalpopulista que recorre Europa explica el interés con el que se han seguido las elecciones madrileñas fuera de España. Si la absorción de Ciudadanos se consuma, al PP le quedará determinar su relación con Vox para presentar sus credenciales como el partido moderado que reclama ser, mientras sus únicos socios posibles criminalizan niños, reclaman a Franco como mejor gobernante que los actuales o consiguen aguar las políticas contra la violencia de género allí donde tienen capacidad de hacerlo. Esto no lo borran las urnas. @PepaBueno

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