Editorial
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Ayuso desata un seísmo político

El pésimo resultado del PSOE y la salida de Iglesias son un mensaje para el Gobierno

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, celebran los resultados electorales, el martes por la noche en la sede del partido.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, celebran los resultados electorales, el martes por la noche en la sede del partido.David Mudarra / EFE

El resultado de las elecciones autonómicas en Madrid constituye un auténtico seísmo político lleno de consecuencias, inmediatas —sobre la Comunidad— pero también indirectas, sobre el conjunto de la política nacional. La ciudadanía madrileña ha otorgado un potente respaldo al proyecto que encabeza la representante del PP Isabel Díaz Ayuso, su modelo de gestión de la pandemia, su planteamiento económico ultraliberal, su actitud política polarizadora y con fuertes tintes demagógicos. Su propuesta ha logrado fagocitar a Ciudadanos —quizá irreversiblemente condenado a la irrelevancia— y contener el auge de Vox, el partido ultraderechista, dando un renovado vigor al PP tras años de sufrimiento. En el flanco izquierdo, se registra una derrota catastrófica del PSOE, un mensaje de rechazo que llega hasta La Moncloa y que requerirá una profunda reflexión. Los decepcionantes resultados de la izquierda se completan además con la dimisión de Pablo Iglesias, que anunció anoche su intención de abandonar la política.

Gana el proyecto de profundización del modelo socioeconómico del PP madrileño, que entre acción propia y circunstancias estructurales ha presidido un periodo de notable crecimiento económico, aunque mal repartido. Este modelo se agudizará, con las prometidas bajadas de impuestos —en contra de un creciente consenso internacional— y los consiguientes deterioros de los servicios públicos e incremento de la desigualdad. Gana un planteamiento de gestión de la pandemia. Gana además una actitud de confrontación y de cierta trivialización del discurso político. La victoria no llega a la mayoría absoluta, pero es suficientemente amplia como para limitar la peligrosa influencia de Vox, formación oscurantista, retrógrada y con derivas que desbordan el marco de los valores democráticos.

La victoria arrolladora de Ayuso trasciende, sin embargo, las fronteras de la Comunidad. Los resultados impulsan una reconfiguración del cuadro político nacional. En el centroderecha, sancionan el rumbo a la insignificancia de Ciudadanos. El PP cobra fuerza gracias a ese desplome e inicia la anhelada reagrupación de ese espacio político. Otros dirigentes regionales —especialmente en Andalucía— podrían sentir la tentación de repetir la táctica de Ayuso. El éxito de los planteamientos ultraliberales y demagógicos de Ayuso, la resistencia de Vox y el rumbo a la desaparición de Cs plasman un indudable desplazamiento a la derecha del centro de gravedad del bloque conservador. Pero la cúpula del PP haría bien en considerar que si Madrid influye en España, España no es Madrid. Ojalá la estrategia nacional no siga el rumbo madrileño y se mantenga en la senda de los más nobles referentes de la familia democristiana europea.

Las elecciones madrileñas desatan, por otra parte, un auténtico seísmo en el sector progresista. El PSOE cosecha un fracaso sin paliativos, fruto de errores pasados y presentes. El resultado certifica la incapacidad desde hace lustros de reconstruir una propuesta atractiva en la región capitalina, una campaña errática con una apuesta hacia el centro y un posterior incómodo seguidismo del marco y la retórica antifascista planteado por Podemos y también una fuerte señal para La Moncloa. El voto iba de otra cosa, pero sería ingenuo subestimar el componente de rechazo a la política del Gobierno de Pedro Sánchez como factor movilizador de la arrolladora victoria de Ayuso. El mediocre resultado de Unidas Podemos y el brillante éxito de Más Madrid, que supera al PSOE, configuran un escenario de evolución en este bloque. Una lección de peso para el espacio a la izquierda del PSOE, pero también un aviso a los propios socialistas de que, bajo nuevos liderazgos, ese espacio puede crecer en su detrimento.

En definitiva, el voto impulsa un desplazamiento a la derecha del centro de gravedad conservador y una nueva energía para el choque de polos que sacude España. Un desarrollo poco alentador para los partidarios de una política pragmática y dialogante.

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