Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Por un ‘New Deal’ cultural europeo

No es demasiado tarde para que el plan de recuperación incorpore la dimensión de la cultura

Guillaume Klossa Isabel Pires de Lime Fernando Savater Carlos Moedas Giuliano de Empoli Sasha Waltz
Cruce de culturas y estilos en la plaza de Pécs, ciudad húngara que fue Capital europea de la Cultura.
Cruce de culturas y estilos en la plaza de Pécs, ciudad húngara que fue Capital europea de la Cultura. joruba (getty images)

Recientemente, el geopolítico estadounidense Joseph Nye recordó que una de las principales fuerzas del proyecto europeo era su cultura transnacional. A los ciudadanos de la Unión nos resulta cada vez más difícil tomar conciencia de ella y también tendemos a descuidarla. Esto socava nuestra capacidad de imaginarnos juntos en un momento en el que la unidad europea es más indispensable que nunca. Una vez hayamos comprendido esto, podremos empezar a moldear nuestro destino y dejar de sufrirlo.

La creación de ministerios de Cultura después de la Segunda Guerra Mundial ha tendido a favorecer las características específicas de cada una de nuestras culturas, sin tener en cuenta nuestro patrimonio cultural común. Toda nueva institución quiere demostrar su utilidad, pero esta dinámica de ceguera puso de manifiesto lo que nos dividía en lugar de lo que nos unía. Es esta dinámica la que tenemos que romper. Otro enfoque podría haber sido valorar nuestras diversidades, así como nuestros puntos en común, y trabajar para poner cada una de nuestras particularidades en una perspectiva europea.

Durante su discurso sobre el estado de la Unión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, abrió una nueva perspectiva al esbozar el proyecto de una nueva Bauhaus europea. El gran reto es crear un nuevo espacio urbano público, fruto de una colaboración transdisciplinar en la encrucijada de la arquitectura, la cultura, las nuevas tecnologías y la ciudadanía, que también sea un acelerador de la transición ecológica y digital de nuestras ciudades. La Bauhaus europea refleja una primera conciencia de las autoridades europeas de que el plan de recuperación no puede limitarse a una serie de inversiones por valor de decenas de miles de millones de euros presentadas durante presentaciones de diapositivas por consultores en traje. Al contrario, el plan europeo de recuperación debe formar parte de un verdadero movimiento social y cultural, capaz de ganarse los corazones y las mentes.

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Eleanor Roosevelt entendió esta capacidad de pasar de la razón a los sentimientos para unificar y luchar contra el populismo desenfrenado como una condición fundamental de apropiación del New Deal del presidente Roosevelt por parte de los ciudadanos estadounidenses. Gracias a la primera dama, el New Deal incluyó un poderoso componente cultural: el proyecto Federal Number One promovió la cohesión de la nación y creó las condiciones para hacer de EE UU una potencia cultural extraordinaria, mientras que, hasta entonces, la cultura europea era la que servía como referencia. Así, EE UU ha sido capaz de desarrollar un soft power que, nueve décadas después, sigue teniendo una dimensión fundamental de su poder.

Hoy, mientras los Parlamentos nacionales debaten el plan de recuperación europeo, todavía hay tiempo para que incorpore una verdadera dimensión cultural, un New Deal cultural europeo que forma parte de las tradiciones renacentistas europeas que vinculan el arte, la técnica y la tecnología. Más allá del tabú de un verdadero presupuesto europeo administrado por un Gobierno federal, ha llegado el momento de romper un tabú aún más grande: la neutralidad identitaria. Esto último ha llevado a las instituciones europeas a descuidar las políticas culturales y a rechazar sistemáticamente cualquier dimensión simbólica, en favor de un pragmatismo carente de alma y emoción.

Hay tres condiciones para situar la cultura en el centro del proyecto europeo sin demora. En primer lugar, los agentes culturales deberían hacerse cargo de las iniciativas de la Comisión, como la nueva Bauhaus europea, los planes de acción para los medios de comunicación y la democracia, que tienen una fuerte dimensión cultural, así como del nuevo programa Europa Creativa, y ser una fuerza para proponer proyectos transnacionales. En segundo lugar, los Estados miembros deben dar un lugar real a la cultura en su plan de recuperación y convertirla en una prioridad de inversión efectiva a largo plazo, con el objetivo mínimo de destinar el 2% de los recursos totales a la cultura, como propone el Parlamento Europeo. Finalmente, una dinámica más amplia inspirada en el Federal Number One que permitió emerger una cultura americana moderna basada en la diversidad de relatos, se está desarrollando a escala europea. Desde esta perspectiva, nos parece que se está creando rápidamente una amplia asociación continental entre los sectores público y privado que reúne a las autoridades públicas, las universidades, las fundaciones, los medios de comunicación de servicio público y, en primer lugar, la UE de radiodifusión y la sociedad civil. Este proyecto, que podría llamarse Odiseo para indicar su ambición, devolvería el arte y las personas al centro del proyecto europeo y daría a la Unión el aliento que le falta.

Guillaume Klossa es exdirector de la Unión Europea de Radiotelevisión, fundador del centro de reflexión EuropaNova y del movimiento Civico Europa; Isabel Pires de Lima es exministra de Cultura de Portugal y vicepresidenta de la Fundación Serralves, y Fernando Savater es filósofo y escritor. Firman también este artículo Giuliano da Empoli, escritor, exalcalde adjunto de la cultura en Florencia y presidente de centro de reflexión Volta; Carlos Moedas, excomisario europeo de Investigación, Ciencia e Innovación; Sasha Waltz, coreógrafa y bailarina, y André Wilkens, director de la Fundación Cultural Europea.

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