Columna
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Troleando a Wall Street

Necesitamos que los mercados sean más eficientes alineando precio, valor, e información disponible al respecto

Gráfico de acciones de GameStop ante el logotipo de la empresa.
Gráfico de acciones de GameStop ante el logotipo de la empresa.DADO RUVIC (Reuters)

Cuando un puñado de usuarios semianónimos se pusieron a darle la vuelta al mercado de valores en EE UU en un foro online sabían perfectamente lo que estaban haciendo: le estaban robando a los especuladores puros el monopolio de la información sobre la Bolsa.

Los precios sirven a la sociedad porque, en teoría, son un buen resumen de la información sobre el valor de un producto o servicio. Resumen en una cifra cuánto está la gente dispuesta a pagar por ello y cuánto es lo mínimo que quien lo ofrece está dispuesto a aceptar a cambio. En la práctica, sin embargo, sucede a veces que ciertos grupos disponen de un acceso mucho mejor a los determinantes presentes y, sobre todo, futuros del precio de algo, en este caso de una acción de una compañía. Esto no es malo, al contrario: la especialización, si es accesible, redunda en beneficio de todos. Pero cuando este conocimiento se conserva y se manipula exclusivamente para producir ganancias en el margen entre aquellos que disponen de él, se convierte en un proceso autorreferencial que desliga completamente el precio del valor, y convierte la compraventa en una máquina de producción de beneficios hermética, inaccesible para el resto del mundo.

El hackeo real a las acciones de GameStop fue, en esencia, un cortocircuitado de este monopolio informacional. Se creó un conocimiento paralelo al que, en un principio, los insiders de Wall Street no tenían acceso: que el precio iba a subir por la decisión coordinada de varias personas. Claro, en la propia lógica de la intervención residía su eventual fracaso: el conocimiento, frágil y especulativo, pronto sería público. En ese momento, los insiders activaron sus palancas de poder para revertir la situación. Si la información ya no estaba de su lado, sí disponían de acceso privilegiado al regulador y de recursos monetarios para corregir sus posiciones, adaptándolas al nuevo entorno. Mientras, otros pequeños inversores han ido entrando en el juego, con una información que consideraban privilegiada, pero que ya era vieja, exponiéndose con ello a perderlo todo.

El troleo nace y muere así en su propia ironía, sin resolver la cuestión central, aunque sí expone el núcleo del problema: necesitamos que los mercados sean más eficientes alineando precio, valor, e información disponible al respecto. La tecnología puede ayudar, pero necesita de (nueva, e independiente) regulación. @jorgegalindo

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