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¿Quién sucederá a Merkel al frente de la CDU?

El sistema político alemán y la tradición de la democracia cristiana aseguran estabilidad y el centrismo sea quien sea el nuevo líder y probable nuevo canciller

De izquierda a derecha, Friedrich Merz, Norbert Roettgen y Armin Laschet, candidatos a suceder a Angela Merkel al frente de la CDU.
De izquierda a derecha, Friedrich Merz, Norbert Roettgen y Armin Laschet, candidatos a suceder a Angela Merkel al frente de la CDU.Markus Schreiber / AP

La Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller alemana, Angela Merkel, ha gobernado la República Federal de Alemania durante 50 de sus 71 años de existencia. Cuando ella abandone el cargo el próximo otoño, después de 16 años en el poder, cabe esperar que otro demócrata cristiano la suceda. ¿Quién será?

Este fin de semana, la CDU llevará a cabo su 33 congreso de partido y elegirá un nuevo líder. Quienquiera que sea muy probablemente será consagrado como el candidato a canciller cuando Merkel abandone el cargo, y existen pocas dudas de que la CDU saldrá vencedora en la elección general de septiembre próximo, tras lo cual tomará la delantera en la formación del próximo Gobierno.

Los tres hombres que compiten por el primer puesto del partido no son nombres conocidos en el exterior. El primero (por orden alfabético) es Armin Laschet, ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia y, durante mucho tiempo, caballo de batalla del partido cuyo carisma no se corresponde con su competencia. Luego está Friedrich Merz, que lideró el cónclave en el Bundestag hace 20 años, hasta que fue expulsado por Merkel mientras ella preparaba su propio ascenso hasta la cima. Después de escabullirse al sector privado y ganar montones de dinero, está presionando para volver. El tercer contendiente es Norbert Röttgen, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag. Ejerció brevemente como ministro de Medio Ambiente en el Gobierno de Merkel hasta que ella lo despidió.

Laschet es el favorito tácito de Merkel, aunque solo sea porque los otros dos tienen cuentas que saldar con mutti (mamá), cuyo camino al poder está salpicado de cadáveres de rivales no tan de acero como ella. Un interrogante obvio es qué representa cada uno de los candidatos. Pero no es una pregunta fácil de responder en un sistema político tediosamente —y quizás afortunadamente— centrista. Los alemanes de la extrema izquierda y de la extrema derecha en conjunto apenas suponen aproximadamente el 20% en las encuestas. La mayoría de los votantes optan por los partidos principales (sobre todo la CDU), que funcionan como supermercados: ofrecen un poco de todo para todos, sin sorpresas ni alteraciones.

A lo largo de la primera mitad del siglo XX —desde el káiser Guillermo II hasta el führer—, Alemania fue el país más interesante del mundo. Internamente, era un volcán político, y una amenaza mortal para sus vecinos. Hoy, como resultado de dos guerras mundiales catastróficas, es tan agresivo como un perezoso, y su política oscila entre estable y circunspecta.

De manera que el concurso de belleza de la CDU no se parece en nada a la montaña rusa de la primaria presidencial del Partido Demócrata en Estados Unidos este año, donde los senadores Bernie Sanders, de Vermont, y Elizabeth Warren, de Massachusetts, libraron una contienda de extrema izquierda. Alemania tampoco tiene a un Donald Trump en escena. La política del país es “continuidad über alles”.

Y así, Laschet avanza basándose en su experiencia como ministro-presidente del más populoso de los 16 Estados de Alemania —una ventaja con la que no cuentan Merz y Röttgen—. Su mensaje implícito apunta a cuatro años más de merkelismo: ninguna sacudida repentina en la política doméstica o exterior.

Mientras tanto, Merz, que comenzó su campaña encerrado en el extremo derecho de la mesa de la CDU (más atlantismo y economía de libre mercado), ha ido equilibrando cuidadosamente sus cadencias. Él tampoco quiere “ninguna ruptura”, pero también cree que Alemania “se ha desacelerado demasiado”. Entonces, que sea de las dos maneras.

Röttgen, el más joven de los tres, parece el más audaz. Pregonando sus credenciales como experto en política exterior, quiere ser más duro con Rusia y China que los otros dos. Pero en su liderazgo no habría “ni continuidad total ni quiebre” con la era Merkel.

En consecuencia, la estabilidad seguirá siendo la normalidad en Alemania. No hay un caso atípico de derecha como Marine Le Pen en Francia o Matteo Salvini en Italia. Tampoco hay un izquierdista radical como Jeremy Corbyn en Reino Unido, el exlíder del Partido Laborista. Mientras que Estados Unidos y el Reino Unido esencialmente tienen Gobiernos de dos partidos, Alemania, al igual que la mayor parte de Europa continental, gobierna a través de coaliciones multipartitas que no oscilan radicalmente de un lado a otro con cada elección.

En todo caso, quien sea que gane la carrera de la CDU y se convierta en canciller en septiembre tendrá que gobernar en tándem o inclusive en un trío. Impulsada por la pandemia, que ha favorecido a los poderes establecidos, la CDU y su partido hermano de Baviera, la Unión Social Cristiana (CSU), supuestamente se asegurarán alrededor del 35% de los votos. Un poco a la izquierda, los Verdes pueden obtener aproximadamente el 20%, lo que los convierte en un socio natural de coalición para la CDU/CSU.

Este acuerdo de equilibrio de poder promete continuidad, algo que no es particularmente emocionante. Quienes estamos en los medios pronto podríamos mirar con nostalgia a Trump, que a pesar de todos sus defectos exasperantes, fue el líder más entretenido del siglo XXI. Pero en estos tiempos difíciles —con la covid-19 sin haber sido vencida todavía y la economía que sigue achicándose—, el centrismo perezoso no es el peor desenlace para el poder de anclaje de Europa.

Además de los tres contendientes de la CDU declarados, hay dos tapados que, en lugar de ir por la ruta convencional —primero presidente, luego candidato a canciller—, están esperando que llegue el momento oportuno. Tal vez el partido se aburra del trío conformado por Laschet, Merz y Röttgen y quiera a alguien que esté en el ojo público a diario. Uno es el ministro de Salud, Jens Spahn, un político muy trabajador que, gracias a la covid-19, está constantemente en las noticias. El otro es el líder de la CSU, Markus Söder, un hombre de ambición insaciable que recorre incansablemente el circuito de entrevistas y tertulias. Pero ninguno de estos cinco candidatos pergeñaría una revuelta contra mutti y su legado. Una predicción segura es que el próximo canciller alemán será Merkel sin Angela.

Josef Joffe, miembro de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, es miembro del Consejo Editorial del semanario alemán Die Zeit.

© Project Syndicate, 2020.

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