Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Trump sigue a Sun Tzu

El macho acosador y promiscuo enarbola al final la bandera contra el aborto en el combate definitivo entre derecha e izquierda

El presidente de Estados, Donald Trump, habla durante un mitin de campaña en Newport News, Virginia, EE UU, el pasado 25 de septiembre.
El presidente de Estados, Donald Trump, habla durante un mitin de campaña en Newport News, Virginia, EE UU, el pasado 25 de septiembre.TOM BRENNER (Reuters)

Donald Trump sigue los principios de El arte de la guerra, de Sun Tzu: la victoria precede al combate, hay que vencer al enemigo antes de que empiece la batalla. El miedo es el arma. Un miedo hipnotizador, paralizante, disuasivo. ¿Para qué librar batalla si la derrota ya se ha producido?

Su seguridad es absoluta. Excluye cualquier cosa que no sea la continuidad. Y si el adversario venciera, ya ha adelantado que no tiene intención de reconocerlo, nunca. Solo una derrota excepcional, de maquillaje imposible y gracias a márgenes colosales, indiscutibles, sin litigios en el escrutinio, que no dependiera del voto por correo, conseguiría perturbar los planes de su permanencia en la Casa Blanca. De ahí su esfuerzo desmoralizador para desmovilizar al adversario.

Para el caso probable de un resultado ajustado, exhibe como una victoria anticipada el instrumento de la victoria definitiva: un Tribunal Supremo con seis magistrados conservadores sobre nueve, que paralizarán los escrutinios impugnados antes de que puedan girarse en contra, o dirimirán a su favor en los litigios sobre papeletas disputadas, tal como sucedió en 2000 en la batalla entre George W. Bush y Al Gore.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

La vacante en el alto tribunal ha sido un regalo del cielo, justo en vísperas de la elección. Nada le frenará a partir de ahora. No es una cuestión moral, en la que se exija decencia y coherencia. Es una cuestión de poder, en la que ya ha ganado la partida.

Nadie puede darse por inadvertido. Lo ha dicho desde el primer día. Nada le está vetado. Trump está por encima de las leyes. La república está en los huesos. Lo es solo en el nombre. Este personaje ha vivido siempre de la destrucción y solo a él aprovechan la destrucción y la muerte.

Perdió la inercia automática de una economía boyante. Echó a la calle a las minorías. Tropezó en la gestión de la pandemia. Pero el macho acosador y promiscuo enarbola al final la bandera contra la interrupción del embarazo en el combate definitivo entre derecha e izquierda. Con su victoria, el Supremo terminará con casi 50 años de legalización del aborto. Y no solo: será el final de la reforma sanitaria de Obama, de la discriminación positiva, y la protección al derecho a portar armas.

De nada vale lamentarse. Al contrario, la rabia ofusca la visión. Volcada en la calle, obedece al guion que a Trump más le conviene: ley y orden. “Todo en el arte de la guerra está basado en el engaño”. Si Sun Tzu lleva razón, nadie como Trump, con sus 20.000 mentiras, está tan preparado para la victoria.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Sobre la firma

Lluís Bassets

Escribe en EL PAÍS columnas y análisis sobre política, especialmente internacional. Ha escrito, entre otros, ‘El año de la Revolución' (Taurus), sobre las revueltas árabes, ‘La gran vergüenza. Ascenso y caída del mito de Jordi Pujol’ (Península) y un dietario pandémico y confinado con el título de ‘Les ciutats interiors’ (Galaxia Gutemberg).

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS