La escasez global de chips amenaza el rebote de la industria automotriz en México

La recuperación en la producción de vehículos tras la pandemia se estanca en julio, con el menor nivel en lo que va de año

Un trabajador de una planta automotriz en México, en una imagen de archivo.
Un trabajador de una planta automotriz en México, en una imagen de archivo.Mireya Novo (Cuartoscuro)

La parte más diminuta del vehículo se ha convertido en un gran dolor de cabeza para la industria automotriz. Desde principios de año, no hay suficientes microchips para atender la demanda del mercado y la situación ha empeorado. Pese a ser uno de los mayores productores de automóviles del mundo, México carece de fábricas propias de chips y depende de las importaciones. Esenciales para varias partes del automóvil, la escasez global de estos productos amenaza la recuperación de un sector muy golpeado por la crisis económica.

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El año pintaba bien comparado con 2020, annus horribilis para una industria clave que representa alrededor del 20% del PIB manufacturero de México. Tras una caída del 34% en la producción durante los primeros siete meses de 2020 respecto a 2019, el país armó 1,8 millones de vehículos entre enero y julio de este año, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La cifra se mantiene por debajo de 2019, pero es un 20% superior a la del mismo periodo de 2020.

Sin embargo, la alarma ha sonado en julio. Junto con una baja capacidad de transporte marítimo, la falta de chips o semiconductores, utilizados en sistemas de control como el velocímetro o los sensores de proximidad, empieza a pesar sobre la recuperación. La producción cayó a algo más de 221.000 vehículos, la menor cifra en lo que va de año y un 26% menor a la de julio de 2020, cuando apenas reabrían las fábricas tras el confinamiento. “Veníamos avanzando mes con mes, pero esta caída nos preocupa. Es una clara muestra de que la falta de semiconductores está afectando”, señala José Zozaya, presidente de AMIA, la asociación del sector. “El problema ha ido creciendo en vez de disminuir”.

Las fábricas mexicanas han respondido con paros técnicos o reducciones de turnos. Volkswagen disminuyó un 52% su producción y General Motors, otro 53%, según AMIA. La planta de la empresa estadounidense en San Luis Potosí paró actividades a mediados de julio y planea reanudar en la última semana de agosto. BMW también ha tenido que hacer ajustes. “Estamos monitoreando de cerca la situación y mantenemos comunicación constante con nuestros proveedores”, señala la empresa. En total, nueve armadoras registraron una menor producción respecto a julio de 2020 y solamente cuatro un incremento.

La escasez de chips es el resultado del cambio de prioridades del consumidor por la pandemia. Con el auge del teletrabajo y las restricciones de movilidad, la venta de vehículos se desplomó en todo el mundo y, con ella, la demanda de chips del sector. En 2019, las armadoras compraron semiconductores por 41.000 millones de dólares, pero la pandemia volteó el panorama. En vez de crecer alrededor del 6% respecto a 2019 como se esperaba, la demanda del sector se contrajo casi un 10%, de acuerdo a un estudio de la consultora McKinsey.

Con la automotriz por los suelos, los fabricantes de chips reforzaron su apuesta por un sector que ahora vive su momento dorado, el de los dispositivos electrónicos. La demanda de semiconductores para computadoras aumentó un 11%, frente al pronóstico de un crecimiento nulo antes de la pandemia, según McKinsey. Para otros dispositivos sin cable como los teléfonos celulares, que ya acaparaban la mayoría de compras antes de la crisis sanitaria, creció un 10%, seis puntos más de lo esperado.

Este giro ha perjudicado a las armadoras. Justo cuando querían acelerar su producción no tienen lo que necesitan. “La industria automotriz no es el principal cliente de los productores de microchips y, por lo tanto, no estamos en su prioridad de atención”, explica Guillermo Rosales, presidente de AMDA, la asociación de distribuidores de vehículos. Además, por cuestiones de eficiencia, los fabricantes no suelen guardar inventario; compran lo necesario para sacar adelante los encargos inmediatos. “Las plantas trabajan en un modelo de just in time [justo a tiempo], que implica no tener grandes almacenamientos de productos”, explica José Zozaya, de AMIA.

Pese a que México ya cuenta con plantas ensambladoras de tecnología punta, el país no produce sus propios chips. “La instalación de una nueva fábrica requiere cuando menos tres años. No es tan fácil tomar la decisión de inversión”, señala Rosales, de AMDA. El país tiene que importarlos, por tanto, de grandes proveedores extranjeros, principalmente estadounidenses y asiáticos. En 2020, Intel, Samsung y la surcoreana SK hynix concentraron el 33% de un mercado que ese año vendió 466.000 millones de dólares en mercancía, según la consultora Gartner.

La industria mexicana esperaba que para estas fechas el suministro ya se hubiese normalizado, pero los problemas continúan y ahora prevén que la solución se retrase hasta inicios de 2022. “Puede incidir en que no cumplamos con la expectativa de ventas”, dice Rosales. Sus esperanzas están puestas en que los fabricantes de chips aumenten la producción y que, al mismo tiempo, la demanda de aparatos electrónicos disminuya con la vuelta a las oficinas y el fin de las restricciones de movilidad. “Quisiéramos superar los números de 2020 y ojalá alcanzar 2019″, señala Zozaya, “se ve difícil”.

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