Elecciones EE UU

La pandemia que (también) contagió las decisiones de Trump y Biden

El avance del coronavirus en Estados Unidos cambió radicalmente los temas y la forma de hacer campaña en 2020

Seguidores de Biden en un mitin en automóvil en Philapelphia, el 1 de noviembre.
Seguidores de Biden en un mitin en automóvil en Philapelphia, el 1 de noviembre.Andrew Harnik / AP

El coronavirus lo ha cambiado todo en el mundo y Estados Unidos no ha sido una excepción. El año electoral se vio trastocado por la expansión de la enfermedad a lo largo y ancho de los 50 Estados del país, hasta contagiar también las decisiones de las dos campañas. El virus ha acabado dibujando una línea ideológica y política entre los candidatos, pero que también les polariza. No es un misterio que para acudir a un mitin de Donald Trump hay que hacer filas, sin mantener distancias y nadie exige nunca una mascarilla al entrar; mientras que los actos de Joe Biden son prácticamente secretos, íntimos y en algunos solo se puede acceder al recinto en coche, previa invitación. Mientras transcurre la votación EE UU registra un récord de contagios en el tercer rebrote de la enfermedad, unas nueve millones de personas ya se han infectado del coronavirus y más de 230.000 han fallecido. La primera economía del mundo se encuentra en un momento excepcional en el que, en plena pandemia, tiene la oportunidad de elegir con quién sigue el rumbo de un futuro incierto.

El virus ha sido una ficha novedosa en el juego de los argumentarios políticos. Donald Trump, como comandante en jefe, jugaba un papel crucial en la responsabilidad de frenar el avance del virus, cuando en marzo el mundo entero contuvo la respiración. El presidente minimizó la gravedad de la enfermedad al comienzo. “Es solo una gripe”, comentó entonces. Se ha sabido meses después que la Casa Blanca estaba al tanto de la complejidad del asunto. Los republicanos construyeron un discurso en el que el uso de la mascarilla y el cierre de las ciudades podían entenderse como un acto de represión. La posición de Trump, sin embargo, se puso casi todos los días a prueba con los testimonios de los científicos y expertos. El epidemiólogo Anthony Fauci se convirtió en el objetivo favorito de sus ataques. Tanto que incluso amenazó con despedirle si repetía mandato. La difusión de información falsa –como el uso de la hidroxicloroquina o que la vacuna estaría lista antes del 3 de noviembre– se volvió el discurso recurrente desde uno de los altavoces más poderosos del mundo.

El presidente de EE UU, Donald Trump, en un mitin en Miami. En vídeo, Trump y la pandemia: de la negación a la infección.(FOTO: AFP | VÍDEO: J. MARMISA)

La campaña demócrata vio una oportunidad en la gestión del presidente durante la pandemia. Biden comenzó a compartir, desde el salón de su casa, un mensaje en el que definió una hoja de ruta para enfrentar los próximos meses. “Desastrosa”, se volvió el adjetivo favorito del demócrata para describir la gestión del presidente. La mascarilla se volvió un accesorio fundamental de su campaña y los demócratas demoraron lo más posible su salida a las calles a buscar el voto. Comenzó, entonces, una forma singular de hacer campaña: los automítines. La imagen de Biden manteniendo la distancia con sus seguidores, que respondían con cláxones en lugar de aplausos a sus proclamas, se convirtió en la del puerto seguro; su mayor apuesta, creer en la ciencia.

Pero la campaña dio un giro inesperado en octubre: Donald Trump y la primera dama dieron positivo por coronavirus. Los focos del mundo se dirigieron a Washington para saber el minuto a minuto de la salud del presidente. Su diagnóstico y tratamiento se convirtieron, primero, en una crisis para la Casa Blanca, pero Trump consiguió darle un giro a la narrativa: la población no debía huir del virus y prometió poner a disposición del público el cóctel experimental de la firma Regeneron que le fue suministrado. No fue el único caso en la Casa Blanca, una decena de colaboradores se vio contagiada por el virus y días más tarde hubo otro brote en el entorno del vicepresidente Mike Pence. Caer enfermo para Trump se convirtió “en una bendición de Dios”. El presidente hizo de su experiencia con el virus otro acto de campaña. El seguimiento en directo, a través de todas las cadenas de televisión, de su salida del hospital coronó su oportunidad política.

El coronavirus también cambió la forma de votar de los estadounidenses. Ante las medidas de distanciamiento social, el voto por correo y el voto anticipado en persona se han convertido en las formas más populares de entregar la papeleta. Según los últimos datos, unos 100 millones de estadounidenses han votado por adelantado, eso representa el 73% de todos los votos que se emitieron en 2016. Un récord generado por la necesidad de cambiar los hábitos frente a una pandemia. Los demócratas promovieron desde el verano el voto por correo, enfrentados contra un Trump que acusó al sistema postal –sin pruebas– de propiciar el fraude. El elevado número de votos anticipados pueden complicar el recuento en la noche electoral.

Sea por el coronavirus u otros motivos, las elecciones de este año han despertado un inusitado interés entre la población motivado tanto por la situación social y económica generada por la pandemia, como por la creciente radicalización de las diferentes opciones políticas. Las urnas atraen en esta ocasión a más ciudadanos que en otras convocatorias. Las imágenes de las mascarillas con el lema ‘Vota’ y las largas filas con distanciamiento social en los centros de votación quedarán para la historia.

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