Yihadismo

Houceini, yihadista arrepentido: “Pensé que uniéndome a ellos protegía a mi familia”

Casado y con cuatro hijos, este exmiembro del EIGS vive hoy bajo la protección del Gobierno: “Tengo miedo, pienso que vendrán a por mí”

Djibril Houceini, yihadista acogido a un programa de reinserción del Gobierno nigerino, durante la entrevista en Niamey con El País.
Djibril Houceini, yihadista acogido a un programa de reinserción del Gobierno nigerino, durante la entrevista en Niamey con El País.Juan Luis Rod

Djibril Houceini nunca fue a la escuela, pero le hubiera gustado. A los 10 años comenzó a conducir el ganado de su padre siguiendo el rastro del agua y la hierba recién nacida. En la época de lluvias cultivaba los campos. Entre cabras y campos de sorgo, el joven peul se fue haciendo un hombre. Como todos en Bibi Yorgo, su pueblo natal. Ajeno al mundo. A lo suyo. Hace tres años, sin embargo, Houceini empuñaba un arma y pasaba los días y las noches bajo la bandera del Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS). Sus vecinos murmuraban. Se convirtió en un terrorista.

“Fue por casualidad”, asegura. “Me encontré con esta gente que venían de Malí y empecé a comprarles sus animales para venderlos en el mercado. Luego les llevaba gasolina para sus motos porque ellos no se querían acercar a los pueblos. Ganaba buen dinero. A los tres meses me dijeron que si no estaba con ellos estaba en su contra, así que no pude negarme y me uní. Pensaba que así protegía a mi familia”, explica. Casado y con cuatro hijos, Houceini, de 46 años, vive hoy en una casa de acogida de Niamey dentro de un programa de rendición del Gobierno nigerino para yihadistas arrepentidos. “Sigo teniendo miedo de que vengan a por mí”, asegura.

“No pude negarme”, insiste con la mirada vivaracha bajo su turbante blanco y las manos enormes en constante agitación. Durante dos años deambuló con los radicales. Mil veces trataron de convencerlo con su forma de rezar, con sus costumbres, con su manera de vestir. Tenía que convertirse al verdadero islam, insistían. Pero Houceini nunca quiso. Asegura que nunca participó en un ataque, que no tiene las manos manchadas de sangre y que él solo era su suministrador, su contacto con los mercados semanales. “Vi varias veces a Abu Walid (al Saharaui)”, dice en referencia al líder de EIGS, “y daba miedo, es un gran jefe. Todos estábamos ahí sin familia, pero íbamos a nuestros pueblos de vez en cuando”.

En una de esas idas y venidas, el alcalde de Inates, amigo de la infancia, le recomendó que se saliera, que no valía la pena. Le habló del plan de rendición. Houceini empezaba a estar cansado. “Quería dejarlo, pero ¿a dónde iba a ir? No podía volver a mi comunidad porque me rechazaban. El dinero estaba bien, pero me di cuenta de que con ellos no estaba a salvo ni mi familia tampoco. Al principio estaban bien organizados y atacaban las bases militares, pero luego empezaron con venganzas y a matar por matar. Sentí que no era mi sitio”, recuerda. En marzo de 2020 dio el paso y fue a hablar con el jefe tradicional de su pueblo, que lo llevó ante las autoridades.

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El programa de atención nacional de la rendición del Gobierno nigerino se aprobó en 2017 para los arrepentidos de Boko Haram y comenzó a funcionar en 2018 en Diffa, según explica el comisario Abdoulaye Maman Mijinyawa, de la Policía nigerina. Allí se apuntaron 249 yihadistas que fueron acogidos en un centro. “En Tillabéri estamos empezando, pero ya hay 13 personas que se han apuntado. Están todos en Niamey con sus familias, 58 personas en total. Intentamos ofrecerles alternativas de formación y económicas. Hay muchos que se quieren salir, estamos preparando un centro para recibirlos en condiciones”.

“Le he dado muchas vueltas este tiempo. Ellos son gente que viene de fuera, un día se irán, pero nosotros nos quedaremos en nuestro país y sufriremos las consecuencias. Creo que no debes cortar el árbol que te da sombra”, remata Houceini.

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