Líbano

La hambruna del Ejército alerta del hundimiento de Líbano

La Fuerzas Armadas, único pilar común de un país fracturado y en crisis, piden ayuda internacional para dar de comer a los soldados

Soldados libaneses, tras la explosión en el puerto de Beirut, el 4 de agosto de 2020.
Soldados libaneses, tras la explosión en el puerto de Beirut, el 4 de agosto de 2020.STR / AFP

Leche, harina, medicinas, combustible, piezas de recambio... Esta es la lista del ejército de Líbano en el llamamiento internacional que ha lanzado para poder alimentar y mantener a sus tropas, después de que la crisis económica y política que se ha abatido sobre el país del Mediterráneo oriental haya extenuado sus presupuestos. Única institución compartida por todos los ciudadanos, las fuerzas armadas constituyen el pilar común que aún sostiene una fracturada sociedad donde conviven 18 grupos religiosos. Más de 3.000 soldados, de los 80.000 que cuenta en sus filas, han abandonado los cuarteles desde principios de año a causa de los recortes salariales derivados de la devaluación de la libra, moneda que se ha depreciado en un 90% respecto al dólar, y de ja inflación del 200% registrada en los dos últimos años.

Los soldados no son los únicos en pasar penalidades en Líbano, donde más de la mitad de la población se sitúa por debajo del umbral de la pobreza, según la ONU. La explosión que en agosto de 2020 arrasó el puerto de la capital, Beirut, “ha acelerado la crisis; y la pandemia ha agravado la situación humanitaria”, precisa un informe presentado por Najat Rochdi, coordinadora de la ayuda humanitaria para Líbano de Naciones Unidas.

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Una veintena de países se ha comprometido a auxiliar al ejército libanés en una conferencia de donantes organizada el jueves por Francia, la antigua potencia colonial, informa la Agencia France Presse (AFP). La ministra francesa de Defensa, Florence Parly, resaltó que el papel de las fuerzas armadas es “esencial para la estabilidad y la seguridad del país”. En la reunión telemática –en la que participaron, entre otros, Estados Unidos, Rusia, China y varios Estados de la UE y del Golfo– no se concretó la cuantía de las aportaciones.

“Los soldados tienen hambre y sus raciones se han recortado, como les pasa a muchos ciudadanos”, ya había anticipado en un mensaje a las autoridades el jefe de las fuerzas armadas de Líbano, el general Joseph Aoun, quien también criticó abiertamente a la clase política, de acuerdo con la información de la cadena británica BBC. “Estoy dispuesto a ir hasta el fin del mundo para que las tropas puedan seguir estando en su puesto”, advirtió la semana pasada el máximo jefe militar antes de hacer el llamamiento a los donantes internacionales. Estados Unidos ya había anunciado su disposición a aportar 120 millones de dólares (unos 100 millones de euros) al sostenimiento del ejército libanés, único contrapoder efectivo ante las bien equipadas milicias proiraníes de Hezbolá.

“Un barco en medio de un temporal precisa un capitán y una tripulación para funcionar; si no, se hunde”
Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea

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La moral de las tropas es cada vez más baja y los militares huyen de los destinos más peligrosos, según conversaciones entre oficiales y soldados recogidas en la prensa libanesa que reflejan la bancarrota del Ejército. El sueldo medio de un soldado ronda los 675 euros al mes, de acuerdo con la tasa de cambio oficial. La devaluación de la libra libanesa ha reducido sin embargo su poder de compra a una décima parte, según los índices del mercado negro de cambio que rigen la cotización real de la moneda. Esta situación afecta también a cientos de miles de refugiados sirios y palestinos asentados en Líbano que reciben ayuda de organismos internacionales.

El Banco Mundial ha señalado que Líbano está atravesando su peor crisis económica y una de las más graves a escala global desde el siglo XIX. El desplome del producto interior bruto (PIB) alcanzó el 20,3% en 2020, acumulado a la caída del 6,7% ya registrada en 2019. La proyección del organismo financiero internacional para este año apunta a otro recorte del 9,5% del PIB. La antaño pujante banca libanesa ha entrado también en una grave crisis y más de 3.000 empleados de las entidades financieras perdieron su puesto de trabajo el año pasado. La banca mantiene las cuentas en divisas de los ciudadanos, pero el Gobierno ha impuesto de hecho un corralito (un control de capitales) que les impide retirar sus fondos en dólares o euros.

En este clima de descomposición económica –con los conductores atascados en kilométricas colas para poder repostar combustible–, el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, visitó durante el pasado fin de semana Beirut, donde responsabilizó a la pugna entre líderes políticos del bloqueo institucional del país. “El país está sumido en una crisis económica y necesita tener un Gobierno que cumpla con las directrices del Fondo Monetario Internacional”, advirtió Borrell, citado por Reuters. “Un barco en medio de un temporal precisa un capitán y una tripulación para funcionar; si no, se hunde”, apostilló.

Sin Gobierno

El líder suní Saad Hariri, designado primer ministro en octubre, aún no ha logrado formar un Gobierno a causa de su enfrentamiento con el presidente del país, el cristiano Michel Aoun. Tras la dimisión del primer ministro Hassan Diab después de la devastadora explosión del puerto de Beirut, Líbano ha seguido sin Ejecutivo durante más de 10 meses. Las disputas sectarias entre las distintas comunidades de base religiosa, entre las que también destacan los chiíes y los drusos, y el complejo modelo de reparto de poder instaurado tras la guerra civil que desangró al país de 1975 a 1990 han hecho inviable ahora la gobernabilidad.

Si no se forma un Gobierno técnico con amplio respaldo parlamentario para aplicar las urgentes reformas políticas y económicas necesarias y atajar el desgobierno y la corrupción, puntualizó Borrell en la capital libanesa, no habrá ayuda internacional. La UE contribuyó el año pasado con más de 330 millones de euros a los programas de asistencia a Líbano. “Las sanciones [a los líderes que bloqueen el proceso] son una posibilidad (...) preferiríamos no tener que recurrir a ellas, pero tampoco podemos seguir así”, concluyó el alto representante de la UE.

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