Cuba

Cuba acusa a Donald Trump de entorpecer el posible acercamiento de Joe Biden a la isla

La Cancillería del país caribeño considera la inclusión en la lista de países patrocinadores del terrorismo “un acto soberbio de un Gobierno desprestigiado”

Dos cubanas caminan por una calle de La Habana, el 12 de enero pasado.
Dos cubanas caminan por una calle de La Habana, el 12 de enero pasado.YAMIL LAGE / AFP

La inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, solo días después de que el presidente norteamericano Donald Trump alentara el asalto al Congreso en su propio país, pudiera parecer una broma pesada. Pero no lo es y La Habana se toma muy en serio la medida, pese a considerarla “un acto soberbio de un Gobierno desprestigiado, deshonesto y en bancarrota moral”, según expresó este lunes el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores. Para la Cancillería cubana, la calificación es “fraudulenta”, “cínica”, “oportunista” y “carente de motivación”, y considera que su verdadero objetivo es “imponer obstáculos adicionales a cualquier perspectiva de recuperación en las relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos”.

“Cuba no es un Estado patrocinador del terrorismo, verdad reconocida por todos. La política oficial y conocida, y la conducta intachable de nuestro país, es el rechazo al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, en particular el terrorismo de Estado”, indicó el Gobierno en un comunicado, en el que considera la famosa categoría de países patrocinadores del terrorismo (fue Ronald Reagan en 1982 quien metió a la isla en la lista, y Barack Obama el que la sacó en 2015 durante el proceso de restablecimiento de relaciones) es un simple “instrumento de difamación para aplicar medidas económicas coercitivas contra naciones que se resistan a doblegarse a los caprichos del imperialismo estadounidense”.

La designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo puede desencadenar sanciones que incluyen “restricciones a la ayuda exterior de Estados Unidos; una prohibición de las exportaciones y ventas de defensa; ciertos controles sobre las exportaciones de artículos; y diversas restricciones financieras y de otro tipo”, según el Departamento de Estado.

Durante los cuatro años de la administración Trump, EE UU ha incrementado la persecución financiera y atacado duramente a Cuba con todo tipo de sanciones, recrudeciendo el embargo hasta extremos inéditos. Joe Biden ya ha anunciado que retomará la política de acercamiento a la isla implementada por Obama y por él mismo cuando era vicepresidente, y se espera que levante la maraña de medidas y sanciones impuestas por su antecesor -que van desde la restricción de las remesas, la prohibición de vuelos directos y de los cruceros, el cierre del Consulado o la eliminación del llamado people to people, la categoría que empleaban la mayoría de los norteamericanos para viajar a la isla-. Algunas de estas, aseguran los analistas, pueden desmontarse con relativa rapidez, pero otras son más complejas de desactivar, como lo que implica estar dentro de la famosa lista.

Para Carlos Alzugaray, experto en relaciones Cuba-EE UU y exembajador de Cuba ante la Unión Europea, esta última medida de Trump contra Cuba tiene “objetivos domésticos: complacer a cierto sector del electorado y seguir revirtiendo las políticas del presidente Obama”. “En cuatro años el tema apenas se tocó y ahora, a menos de 10 días del final del mandato, se toma la medida sin correr con los procedimientos reglamentados y sin que previamente se haya hecho ninguna investigación”.

Considera Alzugaray que se trata de “ponerle los mayores obstáculos” a cualquier intento de Biden para retomar el camino de la normalización con Cuba. “Sin el menor recato ni probidad política, Trump y [el secretario de Estado] Pompeo toman una medida que seguramente Biden tendrá que revisar, y que de hecho desprestigia aún más una lista que los más importantes especialistas consideran que se ha usado con fines políticos y que no contribuye en nada a la lucha contra el terrorismo”.

El exsecretario de Energía de la administración Obama, Joe García, que recientemente organizó el envío desde Miami de ayuda sanitaria a la isla para enfrentar la pandemia, considera la medida “el último grito del ahogado”. “Esto no tiene que ver con Cuba, ni con el terrorismo ni siquiera con la seguridad nacional. Esto tiene que ver con el odio visceral de un gobernante que fue arrollado en la elección por Joe Biden”, asegura García, que recuerda que el presidente electo ya “ha dicho que examinará todas estas decisiones tomadas en un acto de desesperación final por un Gobierno que ha perdido toda legitimidad, y que pretende dañar a la nueva administración”.

El excongresista demócrata espera “que el Gobierno de Cuba continúe y profundice su reforma económica en beneficio del pueblo de Cuba: esa es la respuesta apropiada a Donald Trump y los que en Miami lo empoderaron”. Para Alzugaray, lo que ha hecho Trump es tan “irresponsable”, que “Joe Biden y los demócratas, ahora que tienen el control del Ejecutivo y de las dos Cámaras, deberían rectificar esta decisión y poner las relaciones con Cuba en el lugar en que deben estar de acuerdo a los intereses nacionales norteamericanos: camino de la normalización”. Y va más allá: “Para que no se repitan estas situaciones en el futuro, quizás sea necesario hacer una especie de reset y, en ese camino, eliminar también el bloqueo unilateral y extraterritorial, que la comunidad internacional ya viene insistiendo desde 1992 que es ilegal”.

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