La policía cubana desaloja la sede del Movimiento San Isidro y detiene a varios integrantes durante horas

Los integrantes del colectivo exigen la liberación del rapero Denis Solís. El escritor Carlos Manuel Álvarez, colaborador de EL PAÍS, fue arrestado y liberado antes de medianoche

El escritor cubano Carlos Manuel Álvarez (c), junto a Maykel Castillo (i) y Luis Manuel Otero Alcántara (d), tres de los opositores en huelga de hambre.
El escritor cubano Carlos Manuel Álvarez (c), junto a Maykel Castillo (i) y Luis Manuel Otero Alcántara (d), tres de los opositores en huelga de hambre.Movimiento San Isidro / EFE

La policía cubana irrumpió la noche de este jueves en la sede el Movimiento San Isidro, una red de activistas que lleva diez días de encierro en La Habana para exigir la liberación del rapero Denis Solís, y mantuvo bajo arresto durante horas a una quincena de personas. Entre ellas se encuentran periodistas, artistas y profesores, algunos de los cuales se declararon en huelga de hambre y sed para protestar contra la represión y las políticas del Gobierno, que, denuncian, cada vez más cercenan la libertad de expresión. Varios de los arrestados fueron puestos en libertad horas después.

Entre los desalojados está Carlos Manuel Álvarez, periodista y escritor, director de El Estornudo y colaborador de EL PAÍS. Álvarez llegó el martes a la isla para unirse al grupo de activistas que se había encerrado en la sede del Movimiento San Isidro, en el homónimo barrio de La Habana. Las autoridades justificaron el operativo esgrimiendo el protocolo de salud adoptado por la pandemia de coronavirus. Primero, relata Álvarez por teléfono desde La Habana, llegaron “unos agentes de la Seguridad del Estado disfrazados de médicos”. “Yo no cedí”, continúa. Después se sumó un grupo de uniformados, que tras las advertencias “rompieron la puerta a golpes, la echaron abajo”. “Nosotros estábamos serenos y no ofrecimos resistencia. Eran como fiera repartiéndose la presa. Parecían incluso tener más miedo que nosotros.”, recuerda el reportero.

No hubo golpes, pero sí confusión y empujones para introducir a los detenidos en los furgones policiales. “A los hombres nos llevaron a la estación de Cuba y Chacón [en La Habana Vieja] y ahí estuvimos dos horas en el carro”. Álvarez sintió “un ambiente de mucha camaradería”. De alguna manera, como ocurre en las circunstancias excepcionales, “se puso el cuño a la hermandad que se había creado allá adentro” en el encierro del Movimiento San Isidro. “Es raro, parecía que no estábamos ahí: hacinados, muertos de risa, bromeando”. Sentido del humor para vencer el miedo. Pero en cuanto los separaron todo cambió. “Yo fui la segunda persona a la que llamaron para hacer una prueba PCR y después me trajeron a una casa de una amiga muy cercana, de Mónica [Baró, reportera de El Estornudo]. En cuanto me separaron ese sentimiento comenzó a transformarse sobre todo en soledad, pesar, tristeza, mucha confusión también. Hubiera dicho que rabia, pero es una sensación más seca, no es ira. Eso fue lo que sentí y eso a medida que han ido pasando las horas se está asentando como tristeza, como soledad”.

Álvarez, que por la mañana había denunciado a través de las redes sociales un intento del Gobierno de construir un caso político con el argumento de su llegada del extranjero y los riesgos para la salud pública, deberá permanecer confinado unos días. “Queríamos hacernos compañía ahora, pero me aislaron hasta el domingo”. Asegura que las reivindicaciones del colectivo no se acaban esta noche. Aún no saben qué estrategias seguir, llevan días pensando en posibles variantes, pero Álvarez no tiene dudas: “Eso no se termina”.

El periodista fue liberado antes de las doce de la noche tras permanecer unas horas bajo arresto. Su decisión de sumarse a la protesta del Movimiento San Isidro se produjo después de que las fuerzas de seguridad detuvieran, a principios de mes, a Denis Solís sin orden policial en medio de un altercado que fue difundido en las redes sociales. El rapero fue condenado a ocho meses de prisión con la acusación de desacato a las autoridades.

El Movimiento San Isidro es una red nacida en 2018 precisamente para luchar contra las restricciones a la libertad de expresión impuestas por el Gobierno de Miguel Díaz-Canel. A pesar de las protestas de varios miembros del colectivo, que llegaron a acudir a una comisaría de la ciudad para tener noticias de Solís, conocer los detalles del juicio y saber dónde se encuentra, varios manifestantes fueron detenidos durante horas y entonces la policía redobló el hostigamiento en contra de esta red y su sede.

Entre quienes se declararon en huelga de hambre el pasado 18 de noviembre están el bioquímico Óscar Casanella, antiguo profesor de la Universidad de La Habana y los periodistas Iliana Hernández y Esteban Rodríguez. Días más tarde, se sumó a ellos la poeta Katherine Bisquet. A partir de esa decisión, agentes de las fuerzas de seguridad intensificaron los controles en la calle en la que está ubicada la sede del colectivo. Según denunció el periodista Darío Alemán, los uniformados prohibieron incluso a una vecina llevarles alimentos y productos de aseo.

También Maykel González Vivero, director de la revista Tremenda Nota, relató por Whatsapp las circunstancias del desalojo después de salir de la sede del movimiento. “Un vecino me explicó que se los llevaron violentamente, que rompieron la puerta, que había fuera el típico acto de repudio, gente aliada del Gobierno citada para dar vivas”. Este periodista, que se tuvo que alejar debido al gran despliegue policial y resguardarse en un lugar seguro, fue el primero en informar del operativo, que en un primer momento incluyó la interrupción de las conexiones a Internet en la zona, a través de las redes sociales. “Estuve conversando con Abraham López, un vecino, que conoce perfectamente a los activistas ahí sitiados”, afirmó. Tras conocerse las detenciones, escritores y periodistas de todo América Latina denunciaron el desalojo de la sede y exigieron la liberación de los detenidos, que comenzó a producirse horas más tarde.

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