El hermano pequeño del PT llega como adulto a las municipales en Brasil

Los comicios locales de este domingo, los primeros desde la inesperada victoria de Bolsonaro, servirán también para medir las fuerzas entre los partidos de la asesinada Marielle Franco y de Lula

Guilherme Boulos, candidato del PSOL a alcalde hace campaña este jueves en su barrio de São Paulo.
Guilherme Boulos, candidato del PSOL a alcalde hace campaña este jueves en su barrio de São Paulo.Toni Pires

Los llamamientos constantes en redes sociales de Brasil a la necesidad de forjar una gran alianza política contra la derecha radical bolsonarista se han traducido en más bien poco ante las elecciones municipales de este domingo. Solo en tres de las 27 capitales los partidos de izquierdas han logrado dejar de lado sus diferencias para presentar un único candidato. No será fácil evaluar la fuerza del presidente Jair Bolsonaro porque está sin partido y sus aliados, dispersos por varias siglas. Pero sí servirá para medir el equilibrio de fuerzas en la izquierda, donde gana fuerza el PSOL (el Partido Socialismo e Liberdade), una formación nacida en 2004 de una escisión del Partido de los Trabajadores que ha ido ganando tracción tras los escándalos de corrupción y el odio visceral que la formación de Lula da Silva todavía despierta. Su principal reclamo es un activista y profesor universitario, Guilherme Boulos, de 38 años, que como candidato a alcalde de São Paulo tiene posibilidades de pasar a la segunda vuelta, según las encuestas.

Los brasileños votan para elegir a los alcaldes y concejales de más de 5.000 municipios en los primeros comicios desde la inesperada victoria del nacionalpopulista Bolsonaro en 2018. Los comicios fueron atrasados por la pandemia. La votación ha sido atrasada en estado de Amapá, que se quedó sin luz hace 11 días por un incendio y aún sufre graves estragos. Los sondeos indican que los grandes vencedores serán las siglas que proliferan en el centro, poblado por candidatos a los que unen intereses personales más que cuestiones ideológicas. Mientras, los candidatos apadrinados por Bolsonaro en São Paulo y Río están mal en las encuestas.

Dentro de la izquierda, es evidente el impulso que ha ido cobrando el PSOL -el partido de la concejala asesinada Marielle Franco— frente a un PT en declive al que las encuestas pronostican malos resultados en las principales ciudades. Una de las grandes paradojas políticas es el que, no obstante, el PT sigue siendo la máquina electoral mejor aceitada de Brasil.

Tras un acto de campaña el miércoles en São Paulo, Boulos aseguró en declaraciones a este diario que el PSOL apoya al PT en más ciudades que a la inversa y criticó la escasez de candidaturas unitarias. “Soy una de las personas que más se esforzó para tener unidad en la izquierda porque creo que el mayor desafío de la izquierda en esta elección es derrotar este proyecto del atraso, del odio, que es el proyecto de Bolsonaro. Desgraciadamente a veces algunos intereses locales impidieron esa alianza”. Y añadió: “Pero confío mucho en que en São Paulo iremos a la segunda vuelta y construiremos una gran alianza de la izquierda”. Su lema —"La esperanza va a vencer al odio"— se inspira en un conocido eslogan de Lula y su imagen de campaña, en la de Barack Obama en su exitosa campaña del Yes, We Can.

Muchos de los que votaron al PT en sus años de gloria se han pasado al PSOL. Boulos capitaliza ese trasvase de votos izquierdistas que ocurre más entre las clases medias que entre los pobres. Algunos de los más famosos simpatizantes petistas, como el cantante Chico Buarque o el cineasta Wagner Moura, han dado su apoyo público al candidato del PSOL en São Paulo. Si las encuestas aciertan y pasa a la segunda vuelta, sería una gesta que le daría unos muy preciados minutos diarios de televisión a este vecino de la periferia hijo de médicos.

“Boulos es cautivador, parece que se ha hecho fuerte en redes. Él representa a la izquierda y a parte de los que no quieren saber nada del PT, pero si la izquierda y el centro izquierda quisieran buscar una alternativa a Bolsonaro tienen que contar matemáticamente con los electores del PT”, explica Carolina Botelho, del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Y recuerda que el partido de Lula mantiene casi un tercio del electorado. “El PT es una máquina de hacer política, pero sus líderes están muy dañados”, dice.

Las condenas por corrupción impiden a Lula concurrir. En estas municipales su apuesta en São Paulo es un desconocido miembro del aparato a la cola de las encuestas, y en Río es una exgobernadora octogenaria.

Uno de los grandes problemas de Boulos es que es poco conocido entre el gran público aunque ser el cabeza de lista del PSOL en las presidenciales de 2018 le dio cierta visibilidad. Fue su primer trampolín político tras muchos años de batalla activista en São Paulo como líder del Movimiento de Trabajadores Sin Techo, que batalla contra la desigualdad mediante la ocupación de edificios que incumplen su labor social.

Globo y los grandes canales han renunciado a celebrar debates televisados por la pandemia, y porque solo tiene 17 segundos de publicidad gratuita en televisión. Si hacer campaña en una ciudad de 12 millones de habitantes (sin contar la zona metropolitana) es un desafío, con pandemia es aún más difícil. Por eso, su estrategia combina las redes con la calle, siempre con la mascarilla donde aparece su número, el 50.

La especialista Botelho advierte de que la clave respecto a la lucha en la izquierda será “ver cuánto pierde el PT en las grandes ciudades, que es donde (en unas municipales) hay política de verdad, coaliciones, alianzas”. Aunque añade que “eso no garantiza pleitos nacionales porque son municipales”. La analista dice sobre el presidente que, aunque “Bolsonaro está sin partido, mantiene banderas, pero tampoco está claro cuáles son esas banderas ni sus alianzas porque es muy caótico”.

Si Boulos fuera elegido alcalde, cosa improbable, explica que su primera medida sería implantar una renta para un millón de vecinos que ganan menos de 500 reales al mes. “Porque no acepto que en la ciudad más rica de América Latina haya gente que no tenga qué comer, que rebusca en la basura y no tenga un techo donde vivir”, recalca.

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