El candidato de Ankara se impone por un estrecho margen como líder de la comunidad turcochipriota

El resultado podría afectar negativamente a las negociaciones de reunificación del último país de la UE dividido por un muro y al conflicto con Turquía en el Mediterráneo Oriental

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (derecha), junto al nuevo presidente de la República Turca del Norte de Chipre, Ersin Tatar, durante una rueda de prensa en Ankara el 6 de octubre de 2020.
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (derecha), junto al nuevo presidente de la República Turca del Norte de Chipre, Ersin Tatar, durante una rueda de prensa en Ankara el 6 de octubre de 2020.PRESIDENTIAL PRESS OFFICE / Reuters

El líder de la derecha nacionalista turcochipriota y candidato apoyado por Ankara, Ersin Tatar, se proclamó este domingo vencedor en la segunda vuelta de las presidenciales del norte de Chipre al obtener el 51,7% de los votos frente al 48,3% de su rival, el hasta ahora presidente, Mustafa Akinci, un izquierdista favorable a la reunificación con los grecochipriotas. Aunque el presidente de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC) carece de poderes ejecutivos, es considerado internacionalmente el representante legal de la comunidad turcochipriota, a la que lidera en las negociaciones de reunificación de la isla, dividida desde la guerra de 1974.

En julio de ese año, el Ejército turco invadió el tercio norte de Chipre para proteger a la comunidad turcochipriota tras un golpe de Estado patrocinado por la Junta Militar de Atenas que pretendía la anexión de la isla a Grecia. Los soldados turcos no se marcharon -aún hay unos 35.000 desplegados- y, en 1983, se proclamó la RTNC, que ningún país del mundo reconoce, excepto el Gobierno de Turquía. Pese las sucesivas rondas de negociación dirigidas por Naciones Unidas, que mantiene un contingente de cascos azules desplegados en Chipre desde 1964, nunca se ha llegado a un acuerdo entre greco y turcochipriotas y, en 2004, Chipre entró en la Unión Europea como país dividido. Aunque toda la isla es formalmente territorio comunitario, la legislación europea solo se aplica en el territorio bajo control de la República de Chipre.

Este octubre estaba previsto que se reanudasen las conversaciones entre ambas comunidades, después de tres años congeladas tras el último intento fracasado en 2017. Pero la elección de Tatar, aunque no sea obstáculo para que se inicie el proceso, sí que enfría las esperanzas de un resultado positivo, dado que el nuevo presidente apuesta por una solución basada en una confederación de dos Estados con amplísima autonomía o, directamente, en que la RTNC sea reconocida como Estado independiente de la República de Chipre, ambas opciones rechazadas por los grecochipriotas.

“Somos luchadores y luchamos por existir. Nuestros vecinos en el sur [de Chipre] y toda la comunidad internacional deberían respetar nuestra voluntad de vivir como República Turca del Norte de Chipre”, dijo Tatar en su discurso de la victoria. El hasta ahora primer ministro y ya nuevo presidente turcochipriota subrayó la importancia de mantener a Turquía como “garante” de los turcochipriotas (la legislación de Chipre reconoce a Turquía, Grecia y Gran Bretaña como garantes de la soberanía de la isla) y dijo que está a favor de un acuerdo para Chipre, pero siempre y cuando “respete la voluntad del pueblo turcochipriota”. También hizo un cálido agradecimiento al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien le ha apoyado sin ambages durante la campaña. Como en otros temas, Erdogan ha dado un viraje de 180 grados en la cuestión de Chipre: si a inicios de la década de los 2000 hablaba de retornar territorio a los grecochipriotas y forzó a las autoridades turcochipriotas de entonces a aceptar un plan de la ONU para la reunificación, ahora se ha acercado a los postulados del nacionalismo turco más recalcitrante.

El resultado de estas elecciones tampoco contribuirá a reducir la tensión en el Mediterráneo Oriental, donde Turquía ha desplegado fragatas y buques de prospección de hidrocarburos en aguas de Grecia y Chipre pese a las amenazas de sanción de la Unión Europea. La continuidad de la división en Chipre sirve a Ankara como excusa de que su presencia en la zona se deriva de las licencias que le ha concedido el Gobierno de la RTNC. Turquía asegura que continuará desplegando sus barcos en aguas de Chipre a menos que los grecochipriotas accedan a compartir con los turcochipriotas los beneficios de la extracción de hidrocarburos submarinos hallados al sur de la isla.

Interferencias

El derrotado Akinci felicitó a su adversario por la victoria pero se quejó de las interferencias externas: “También hay que felicitarles a ellos, porque han conseguido lo que querían”. Una poco velada referencia a Erdogan, del que la campaña de Akinci se ha quejado por sus constantes interferencias en la política turcochipriota. Pocos días antes de la primera vuelta, Erdogan anunció junto a Tatar -y sin notificar al presidente Akinci- la reapertura del barrio fantasma de Varosha: el antiguo distrito turístico de la isla que quedó vacío tras la guerra y fue ocupado por efectivos de las Fuerzas Armadas de Turquía ya que la mayoría de las propiedades de la zona eran grecochipriotas. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, mostró su oposición a esta reapertura ya que varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU prohíben que Varosha tenga otro uso diferente a ser devuelto a sus propietarios originales.

Akinci había recibido el apoyo de otros partidos de la izquierda, cuyos candidatos no pudieron pasar a la segunda ronda, y ganó en votos en la capital, Nicosia, y otros tres distritos. Sin embargo, Tatar arrasó en los dos distritos restantes, entre ellos en Famagusta, donde se encuentra Varosha.


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