Los palestinos temen la muerte de su futuro Estado tras el acuerdo entre Israel y Emiratos

Los ministros de Exteriores emiratí e israelí estrenan una línea directa de comunicación

El secretario de la Organización para la Liberación de Palestina, Saeb Erekat, en 2018 en Ramala.
El secretario de la Organización para la Liberación de Palestina, Saeb Erekat, en 2018 en Ramala.AHMAD GHARABLI

Ni la Liga Árabe ni la Organización de Cooperación Islámica han contestado aún al requerimiento palestino de respuesta internacional urgente a la normalización de relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, anunciada el jueves. Mientras el secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, expresaba el domingo su temor a que el acuerdo diplomático dé la puntilla a la solución de los dos Estados, los ministros de Exteriores israelí y emiratí estrenaban una línea telefónica directa.

El abatimiento, la soledad y el fracaso planean sobre la diplomacia palestina, que se ha visto sorprendida por la declaración conjunta de normalización completa de lazos del primer ministro Benjamín Netanyahu y el jeque Mohamed Bin Zayed, apadrinada por el presidente Donald Trump, quien espera oficializarla en la Casa Blanca. “Creo sinceramente que este paso va a matar la solución de los dos Estados”, reconocía Erekat en una videoconferencia con la prensa internacional basada en Jerusalén. “Netanyahu ya no tiene interés [en aceptar un Estado palestino] si cree que los países árabes van a hacer cola para hacer la paz con él”, remachó el veterano negociador palestino.

Erekat y Netanyahu se dieron a conocer ante el mundo en la Conferencia de Paz de Madrid de 1991, que sentó dos años más tarde las bases para los Acuerdos de Oslo y el autogobierno palestino tras la ocupación militar vigente desde 1967. En un comunicado oficial, el primer ministro israelí ponía poco después otro clavo en el ataúd de la solución de los dos Estados y el principio de paz por territorios: “Este acuerdo es diferente a los anteriores [con Egipto y Jordania]: se trata de ‘paz por paz’ y ‘paz a través de la fuerza”, enfatizó, “e Israel ya no tiene por qué retirarse de ningún territorio”.

Netanyahu se amparó en la doctrina de que “en Oriente Próximo el fuerte es el que sobrevive y quien hace la paz” para recalcar en que no habrá retirada Israelí de Cisjordania ni de Jerusalén Este a fin de que pueda surgir un Estado palestino. En contra de las reconvenciones de la Casa Blanca, se mantuvo también firme en el plan de no renunciar a la anexión al Estado judío de los asentamientos de colonos judíos y del estratégico valle del Jordán en territorio cisjordano. Resumió así su mensaje, de evidente calado electoral: “El concepto de paz a través de la debilidad y el repliegue ha desaparecido”.

Erekat ya había advertido de que esta política unilateral, sin una negociación justa entre las partes, solo servirá para abonar el terreno al extremismo, tanto entre israelíes como palestinos y el resto de la región. El acuerdo diplomático sellado por Israel y Emiratos “es una daga envenenada” clavada en el corazón de los palestinos, lamentó pesimista el secretario general de la OLP.

En una animada conversación, los jefes de la diplomacia de Israel, Gabi Ashkenazi, y Emiratos Árabes Unidos, Abdalá Bin Zayed al Nahyan, establecían mientras tanto “un canal directo de comunicación” ante la normalización de relaciones entre ambos países. Tras el apresurado estreno de la conexión telefónica, los dos titulares de Exteriores acordaron reunirse próximamente.

El estrechamiento de lazos parece haberse acelerado. La compañía emiratí Apex National Investment y la empresa israelí Tera Group hacían público de madrugada una acuerdo de investigación médica sobre la pandemia de coronavirus, que sigue la línea del suscrito en julio entre la empresa pública aeroespacial israelí IAI y la compañía tecnológica de Abu Dhabi Group 42.

El acercamiento diplomático a Israel pronto será secundado por otros países árabes, auguró en la radio estatal el ministro de Inteligencia, Eli Cohen. “Baréin y Omán, en el Golfo, y Sudán, en África pueden ser los próximos en establecer relaciones”, aseguró Cohen. Pocas horas antes, el exjefe de la policía de Dubái, Dahi Jalfan, era entrevistado en el canal 12 de la televisión israelí, donde tachó a Erekat de “mentalidad anticuada” por su rechazo a la normalización con Emiratos.

Los cambios de percepción geopolítica se están registrando en cadena. Desde Mauritania, un Estado que contó con Embajada israelí tras los Acuerdos de Oslo y hasta el fin de la primera guerra de Gaza (2009), portavoces diplomáticos alabaron “la sabiduría y buen juicio” de los dirigentes emiratíes al oficializar sus lazos con Israel. Incluso un aliado político de Hezbolá como el presidente de Líbano, el cristiano Michel Aoun, se ha limitado a comentar en una emisora francesa que Emiratos es un país “independiente” para fijar sus relaciones.

Ventajas militares y estratégicas

A pesar de que el dirigente palestino Saeb Erekat cuestiona el interés real de los príncipes emiratíes en el acercamiento a Israel, el país del Golfo depende desde hace dos décadas de la industria de defensa israelí para la modernización de su armamento, como los cazas F-16. En su ambición por apuntalar su influencia regional, Emiratos aspira a dotarse también de sistemas de misiles, munición de precisión o aviones no tripulados, según revela el diario Yediot Ahronot. Israel pretende afianzarse frente a las costas de Irán (que ya se ha desplegado militarmente en Siria y Líbano), como ha ocurrido veladamente en suelo de Azerbayán y con mayor sigilo en el Kurdistán iraquí.

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