Bielorrusia

La UE pacta lanzar una nueva batería de sanciones contra Bielorrusia por la represión de Lukashenko

Los ministros de Exteriores pactan la elaboración de un listado de personalidades del régimen de Lukashenko a las que se pueda sancionar por la violencia de los últimos días

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el 24 de julio en Bruselas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el 24 de julio en Bruselas.DPA vía Europa Press / Europa Press

La tolerancia de la Unión Europea con el régimen de Alexander Lukashenko toca a su fin y el endurecimiento de las sanciones comunitarias contra Bielorrusia parece ya imparable. Los ministros de Exteriores de la Unión han pactado este viernes poner en marcha una nueva batería de sanciones contra el régimen bielorruso, tras haberlas aligerado drásticamente en 2016. El acuerdo se ha alcanzado por unanimidad en una reunión urgente por videoconferencia convocada por Josep Borrell, Alto Representante de Política Exterior de la UE. El objetivo de la cita era analizar, entre otros puntos calientes, los incidentes violentos y de represión ocurridos tras las elecciones generales del domingo pasado en Bielorrusia, en las que Lukashenko se proclamó vencedor con el 80% de los votos. El Consejo es informal y, por tanto, no puede adoptar ninguna decisión oficial. Pero se ha acordado encargar a los órganos competentes de la UE que elaboren un listado de personalidades del régimen de Lukashenko a las que se pueda sancionar (con prohibición de entrada en territorio europeo y congelación de sus bienes en la UE) como responsables de la violencia desatada en los últimos días y del supuesto fraude electoral.

La posición mayoritaria de los ministros era ya de entrada favorable a la adopción de nuevas sanciones contra el régimen bielorruso, al que se suspendió gran parte del castigo en 2016. El progresivo acercamiento de Bruselas y Minsk desde entonces ha terminado de manera abrupta. E incluso los socios más contrarios a la mano dura con Lukashenko, como la Hungría de Viktor Orbán, parecían dispuestos a aceptar las sanciones toda vez que incluso Moscú también está dando la espalda a un líder descrito como el último dictador de Europa.

Poco antes de la reunión de los ministros, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un pronunciamiento previo muy poco habitual del Ejecutivo comunitario, ha dejado clara su posición favorable al endurecimiento de la relación con Minsk. “Necesitamos nuevas sanciones contra aquellos que han violado los valores democráticos o los derechos humanos humanos en Bielorrusia”, ha tuiteado Von der Leyen, con un mensaje que anticipa claramente el objetivo de la reunión de los ministros.

El Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, que ha convocado la reunión de este viernes, ya había advertido el pasado martes que Bruselas revisaría “en profundidad” sus relaciones con Bielorrusia tras la violencia desatada por el régimen de Luksashenko contra las protestas por el presunto pucherazo electoral. El propio Borrell calificó los comicios como “ni libres ni justos”. Y avisó a Minsk de que se podrían tomar “medidas contra los responsables de la violencia, de los arrestos injustificados o de la falsificación de los resultados electorales”.

La posibilidad de las sanciones, que parecía remota por la necesaria unanimidad, ha ido ganando adeptos a lo largo de la semana, a medida que la represión en las ciudades bielorrusas se ha mantenido o acentuado. La UE debe ponderar, sin embargo, la presión sobre Lukashenko con el riesgo de perder contacto con Bielorrusia, país que pasaría definitivamente a la esfera de influencia de Moscú. “Tendremos que encontrar un equilibrio cuidadoso entre la presión y el compromiso con el presidente Lukashenko. Necesitamos creer que la UE puede asumir un papel de mediador lo antes posible”, dice un documento comunitario citado por Reuters.

El statu quo, en todo caso, parece insostenible tras unas elecciones sin presencia de observadores electorales y la violenta represión posterior. El recuento de cargos de Bruselas contra Lukashenko incluye al menos una víctima mortal, la detención arbitraria de miles de personas y la supresión de la libertad de expresión, incluido un apagón general de Internet. Además, la líder de la oposición, Svetlana Tikhanovskaya, se ha visto obligada a huir del país y refugiarse en Lituania, uno de los socios europeos que, junto con Polonia, encabeza desde el domingo la petición de mano dura con Lukashenko.

Dos barajas

El líder bielorruso había logrado durante los últimos años un cierto trato de favor de Bruselas, lo que le permitía jugar con dos barajas dada la creciente inestabilidad de su relación con el presidente ruso, Vladimir Putin.

La UE redujo drásticamente las sanciones en 2016, tras la decisión de Bielorrusia de liberar a todos los presos políticos. En la actualidad, solo mantenía el embargo en la venta de armas y de material de uso susceptible para la represión y la prohibición de entrada en territorio comunitario y congelación de bienes contra cuatro personas del régimen. Con anterioridad, las sanciones, iniciadas en 2004, habían llegado a afectar a 170 personas.

Bruselas también valoró muy positivamente la decisión de Lukashenko de no secundar la actuación de Putin contra Ucrania y la invasión de Crimea. El deterioro de la relación con Putin, de quien Lukashenko sospecha que quiere anexionar Bielorrusia, propició aún más el acercamiento hacia la UE.

A pesar de las dudosos credenciales del régimen de Lukashenko, Bruselas reforzó la relación con Bielorrusia, por considerar al país como una pieza fundamental de su vecindario oriental, particularmente importante para los tres socios de la UE fronterizos (Polonia, Lituania y Letonia). A partir de 2016, la UE dobló la ayuda financiera hacia Minsk, hasta los 30 millones de euros. Y a principios de este año, se firmó un acuerdo con el Gobierno de Lukashenko para facilitar la expedición de visados a los ciudadanos bielorrusos que deseen viajar a territorio europeo.

El extraño idilio de Bruselas y Minsk se hizo trizas el domingo, cuando Lukashenko, tras 26 años de poder absoluto, se enfrentó en las urnas a Tikhanovskaya, una profesora de inglés convertida en cabeza de cartel electoral tras la detención de su marido. El error de cálculo de Lukashenko sobre su poder real parece a punto de dejarle en un terreno de nadie entre Bruselas y Moscú. Una posición tan aislada como difícilmente sostenible.

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