Espionaje

La Fiscalía de Colombia interrogará al exjefe del Ejército por la trama de espionaje militar

El fiscal general asegura que “se investigará hasta las últimas consecuencias” el seguimiento a políticos y periodistas. Nicacio Martínez declina toda responsabilidad

El excomandante del Ejército colombiano, Nicacio Martínez
El excomandante del Ejército colombiano, Nicacio MartínezLuisa González

La Fiscalía General de Colombia interrogará al excomandante del Ejército, Nicacio Martínez Espinel, por la trama de espionaje militar a periodistas, corresponsales, políticos y opositores. El fiscal general, Francisco Barbosa, anunció la noche de este lunes la decisión, que se enmarca una investigación iniciada el pasado enero por “los delitos de violación ilícita de comunicaciones” y “utilización ilícita de equipos transmisores o receptores”. “Debe manifestarse que haber realizado perfilamientos contra personas cercanas al presidente de la República de acuerdo con la información conocida en las últimas horas denota un grave riesgo contra la institucionalidad, la seguridad nacional y el Estado de derecho en Colombia. Este evento se investigará hasta las últimas consecuencias”, afirmó el responsable del ente acusador, en referencia a Jorge Mario Eastman, exsecretario de la Presidencia, y a un asesor del Alto Comisionado para la Paz.

Francisco Barbosa, fiscal general de Colombia, en una foto de archivo. En vídeo, declaraciones de Barbosa este lunes sobre el excomandante Nicacio Martínez.AP | EFE

Los informes de la inteligencia militar conocidos el pasado viernes cuestionan los procedimientos empleados por algunos batallones del Ejército para recabar información a través de seguimientos a más de 130 personas, según reveló la revista Semana. Esas operaciones, realizadas con el apoyo logístico y económico de una agencia estadounidense, de acuerdo con las denuncias de unos implicados, se remontan al período que va de febrero a diciembre del año pasado.

Entonces, el general Martínez Espinel estaba al frente del Ejército. Este militar, que declina toda responsabilidad en este caso, dimitió las Navidades pasadas por “motivos familiares”. Defensa le iba a buscar una salida enviándolo como delegado ante la OTAN, pero este lunes se cayó el nombramiento. Así lo confirmó el propio ministro del ramo, Carlos Holmes Trujillo, a Caracol Radio. “No se va a hacer ese nombramiento”, afirmó escuetamente el titular de la cartera, quien asumió el cargo tras la dimisión, en noviembre, de Guillermo Botero. La continuidad del anterior ministro era ya insostenible tras conocerse que había ocultado la muerte de al menos ocho menores en una operación contra grupos disidentes de la extinta guerrilla de las FARC. En cualquier caso, el Gobierno ha evitado vincular abiertamente la decisión con el escándalo.

Las autoridades tuvieron conocimiento de esa red de espionaje del Ejército a finales del año pasado. Entonces, según Trujillo, comenzaron las investigaciones internas que, dijo, llevaron al retiro del servicio de 11 oficiales. Esa decisión fue anunciada minutos antes de que Semana publicara el contenido de algunas carpetas de las víctimas de esos seguimientos, que llegaron hasta el mismo despacho del presidente de la República. Eastman, hoy embajador ante la Santa Sede, fue uno de los blancos de esos batallones de inteligencia informática. El propio mandatario, el ministro de Defensa y el actual comandante del Ejército, Eduardo Zapateiro, han reiterado que las averiguaciones continuarán y llegarán hasta las últimas consecuencias. “Vamos a tomar medidas contundentes contra ellos [los responsables]. Y esto no para acá”, dijo este último a la misma emisora.

Según los testimonios de los implicados, hace aproximadamente un año aumentó la tensión en las filas del Ejército por algunas filtraciones. Entre ellas, la información publicada por The New York Times que recogía una polémica directiva interna que instaba a mejorar resultados. Este tipo de instrucciones fueron cuestionadas por miembros del Ejército porque multiplican los riesgos para los civiles. Tanto es así, que ese documento fue retirado. Sin embargo, poco después el Senado aprobó el ascenso de Nicacio Martínez, pese a que su idoneidad para el cargo fuera cuestionada duramente por los partidos opositores y organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos como Human Rights Watch (HRW).

El argumento de los defensores del exjefe del Ejército coincidían entonces en la esencia: formular críticas a ese ascenso equivalía a posicionarse en contra de la labor de las Fuerzas Armadas. En un país que acaba de salir de una guerra de más de medio siglo con las FARC y con uno de los Ejércitos más grandes de América, los señalamientos de las malas prácticas siempre han sido una suerte de tabú. Ahora, tras conocerse los detalles de la trama de espionaje, el propio ministro de Defensa afirmó: “Tenemos que ser pulcros, sin tacha, para tener el apoyo de los colombianos, para merecer nuestra legitimidad”. Martínez Espinel mantiene, hoy como en ese momento, que no se han presentado pruebas que lo vinculen con los hechos investigados y por tanto rechaza toda responsabilidad.

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